Papa Francisco: “La buena política al servicio de la paz”

El papa Francisco en un twitter dice a los políticos: «Recordad dos cosas, dignidad humana y bien común»; esto es una doctrina eclesial antigua, recogida y repetida con acentos diferentes en todos los documentos de temática social de los Papas, cuando menos a partir de la encíclica Pacem in terris de san Juan XXIII.
pastoral | 01 ene 2019

Sin duda, el Concilio Vaticano II en la “Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual” ofrece una visión de la Economía y de la Política netamente humana, con vistas a que se organicen y gestionen estos dos grandes campos de la realidad, tan estrechamente imbricados, para que la comunidad de los pueblos y cada persona vivan en libertad, dignidad y fraternidad. Sostiene este documento magisterial que el bien común y la práctica de la justicia son los fundamentos de la paz social; que los poderes públicos ante todo deben buscar el bien común y actuar según el orden jurídico legítimamente estatuido o por establecer.

Cuando san Pablo VI inaugura la I Jornada Mundial de la Paz el 1 de enero de 1968 dirige un mensaje no sólo a los cristianos, sino a todos los hombres de buena voluntad y comprometidos en la consecución de la paz, y deja en claro en qué consiste la paz: en mantener vivos y activos los “más altos y universales valores de la vida: la verdad, la justicia, la libertad, el amor”.

Los mensajes de las subsiguientes Jornadas Mundiales de la Paz han seguido haciendo hincapié de una forma u otra en estos mismos valores, aunque con matices distintos según las circunstancias variantes de los pueblos y de la misma Iglesia.

La actual 52 Jornada Mundial de la Paz (2019), que lleva por título “La buena política está al servicio de la paz”, se mantiene en línea con los mensajes de la paz que le han precedido, pero el papa Francisco ha oteado acertadamente la situación actual de la Política mundial y consigna una serie de medidas que, puestas en práctica, contribuirían a lograr la paz, por cuyo logro ha de desvivirse especialmente y anunciar el discípulo de Jesús.

La buena Política

La Política, escribe el Papa, “es un vehículo fundamental para edificar la ciudadanía y la actividad del hombre”, pero advierte que los llamados políticos, si no la toman como un servicio a la comunidad, pueden convertirse en instrumentos de opresión e incluso de destrucción. “La Política, si se lleva a cabo en el respeto fundamental de la vida, la libertad y la dignidad de las personas, puede convertirse verdaderamente en una forma eminente de la caridad”.

A la luz de esta afirmación del papa Francisco, todo cristiano está llamado a practicar la caridad, por lo que también está llamado a incidir en la vida política desde su puesto en la sociedad, cuando, además, motivado por la caridad, el creyente contribuye con su acción a construir la ciudad de Dios universal en este mundo. Y es que hay unos valores comunes a la buena política en la que pueden y deben estar de acuerdo creyentes y no creyentes, como son “la justicia, la equidad, el respeto mutuo, la sinceridad, la honestidad, la fidelidad”.

“La buena política, añade el Obispo de Roma, está al servicio de la paz; respeta y promueve los derechos humanos fundamentales, que son igualmente deberes recíprocos, de modo que se cree entre las generaciones presentes y las futuras un vínculo de confianza y gratitud”.

Vicios de la Política

El elenco de vicios que refiere el papa Francisco es un fiel calco de la realidad mundial que tanta desazón e injusticias, sufrimiento y muertes está provocando a lo largo y ancho de la geografía mundial, con el consiguiente desprestigio de los mandatarios políticos de cualquier grado. El santo Padre hace referencia a la “ineptitud personal para el cargo, la corrupción, la negación del derecho, el incumplimiento de la normativa comunitaria, el enriquecimiento ilegal, la justificación del poder mediante la fuerza o el pretexto arbitrario de la «razón de Estado», la tendencia a perpetuarse en el poder, la xenofobia y el racismo, el rechazo del cuidado de la Tierra, la explotación ilimitada de los recursos naturales por un beneficio inmediato, el desprecio de los que se han visto obligados a ir al exilio”.

Hacer sitio a las generaciones jóvenes

La tendencia a perpetuarse en el poder de ciertas personas o grupos la ve el Papa como una peligrosa actitud, por el riesgo de proteger únicamente los intereses de grupos privilegiados y por no dar paso a las jóvenes generaciones que también pueden contribuir a la edificación de una sociedad justa y solidaria; “cada uno puede aportar su propia piedra para la construcción de la casa común”.

La buena política se construye sobre el derecho, la confianza y el diálogo, por lo que a ninguno hay que descartar del horizonte político ni generar desconfianzas en otros grupos, generaciones e incluso países.

La buena política cuida especialmente de los desfavorecidos

“La paz jamás puede reducirse al simple equilibrio de la fuerza y el miedo”, por lo que ha de gritarse un “no” a la proliferación de las armas y a todo lo que intimide a la persona en su ritmo normal de vida.

No puede el papa Francisco olvidarse del gravísimo fenómeno de la emigración y escribe: “El terror ejercido sobre las personas más vulnerables contribuye al exilio de poblaciones enteras en busca de una tierra de paz. No son aceptables los discursos políticos que tienden a culpabilizar a los migrantes de todos los males y a privar a los pobres de la esperanza”. La paz se basa en el respeto de cada persona, del derecho, del bien común, de la creación que nos ha sido confiada y de la riqueza moral transmitida por las generaciones pasadas.

Recuerda el Papa el terrible drama de los niños que viven en zonas de conflictos armados, que incluso son reclutados para convertirse en soldados o rehenes de grupos armados y alienta a todos los organismos comprometidos en la defensa de la dignidad y respeto de los niños.

Un gran proyecto político: la paz en todos los ámbitos

El papa Francisco dice que la paz es fruto de “un gran proyecto político que se funda en la responsabilidad recíproca y la interdependencia de los seres humanos, pero es también un desafío que exige ser acogido día tras día”, que exige la conversión del corazón y del alma, y afecta a la triple dimensión de la persona:

  • “la paz con nosotros mismos, rechazando la intransigencia, la impaciencia y teniendo un poco de dulzura conmigo mismo para tenerla con los demás;
  • la paz con el otro: el familiar, el amigo, el extranjero, el pobre, el que sufre…; atreviéndose al encuentro y escuchando el mensaje que lleva consigo;
  • la paz con la creación, redescubriendo la grandeza del don de Dios y la parte de responsabilidad que corresponde a cada uno de nosotros, como habitantes del mundo, ciudadanos y artífices del futuro”.

Concluye el Papa con una mirada a María, madre de Cristo y reina de la paz.

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