El Papa Francisco y los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible proporcionan un marco para enfrentar los problemas globales, de los que podemos mencionar algunos: pobreza, hambre, educación para todos, destrucción del medio ambiente e injusticia social. El Papa Francisco pide que sepamos leer entre las líneas de esos objetivos y soluciones sostenibles; solo haciéndolo no fallaremos a la humanidad.
Jose Jaazeal Jakosalem, OAR pastoral | 02 dic 2018

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) adoptó oficialmente los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en la Cumbre para el Desarrollo Sostenible que tuvo lugar del 25 al 27 de septiembre de 2015 en Nueva York, Estados Unidos.

Conocido oficialmente el documento que los especifica como Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, son un conjunto de 17 objetivos globales con 169 acciones específicas. Se trata de un nuevo conjunto universal de objetivos, metas e indicadores para el desarrollo que deberían guiar a los estados miembros de la ONU a la hora de abordar los problemas globales. Se trata de un marco “mejorado” de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) de 2001.

La plataforma de los Objetivos de Desarrollo del Milenio se centró en prioridades de desarrollo social con el objetivo de ayudar a los países pobres; Los Objetivos de Desarrollo Sostenible, por su parte, quieren crear una plataforma con objetivos "alcanzables" para el cambio en todos los países: acabar con la pobreza, proteger el planeta y garantizar la prosperidad para todos.

Estos son los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible:

1. Erradicar la pobreza en todas sus formas a nivel global.
2. Poner fin al hambre, conseguir la seguridad alimentaria y una mejor nutrición.
3. Garantizar una vida saludable y promover el bienestar para todos.
4. Garantizar una educación de calidad inclusiva y equitativa, asimismo, promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos.
5. Alcanzar la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y niñas.
6. Garantizar el acceso del agua y saneamiento para todos.
7. Asegurar el acceso a energías asequibles, fiables, sostenibles y no contaminante para todos.
8. Fomentar el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo, y el trabajo decente para todos.
9. Desarrollar infraestructuras resilientes, promover la industrialización inclusiva y sostenible fomentando la innovación.
10. Reducir las desigualdades entre países y dentro de ellas.
11. Conseguir que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles.
12. Garantizar las pautas de consumo y producción sostenible.
13. Tomar las medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos.
14. Conservar y utilizar de forma sostenible los océanos, mares y recursos marinos para lograr el desarrollo sostenible.
15. Proteger, restaurar y promover la utilización sostenible de los ecosistemas terrestres, gestionando de manera sostenible los bosques, combatiendo la desertificación y frenando la pérdida de diversidad biológica.
16. Promover sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible, facilitando el acceso a la justicia para todos y creando instituciones eficaces, responsables e inclusivas a todos los niveles.
17. Fortalecer los medios de ejecución y reavivar la alianza mundial para el desarrollo sostenible.

El “espíritu social” del Papa Francisco

Sí, la Iglesia abre sus ventanas a las realidades globales (signo de los tiempos); para ello, durante la Historia, ha apostado proféticamente por las “encíclicas sociales”, documentos magisteriales que guían los mejores enfoques para confrontar las realidades sociales a través de los ojos de la fe, de la acción y de la convicción. Pero, por ciertas dinámicas, no ha podido siempre posicionarse completamente como institución. Sí hay personas, organizaciones y personalidades de la iglesia que consideran mucho más seriamente esta “llamada social del espíritu”.

Tras la elección del Papa Francisco, se han re-enmarcado esas “dinámicas distantes” de la Curia romana en particular y de la Iglesia Católica en general. El Papa produjo ondas de “nueva reforma” en el espíritu, la actitud y la acción entre los creyentes.

El Papa Francisco hizo de todo esto algo personal, desde abrir las puertas del Vaticano para las personas sin hogar de Roma hasta la creación del Dicasterio para la promoción del desarrollo humano integral, todo con el objetivo de lograr una respuesta integral de la Iglesia en temas relacionados con “sobre la justicia y la paz, el progreso de los pueblos, la promoción y la tutela de la dignidad y de los derechos humanos, especialmente, por ejemplo, aquellos relacionados con el trabajo, incluido el de menores, el fenómeno de las migraciones y la explotación de los emigrantes, el comercio de vidas humanas, la constricción a la esclavitud, la encarcelación, la tortura y la pena de muerte, el desarme o la cuestión del armamento además de los conflictos armados y sus consecuencias sobre la población civil y el ambiente natural”.

El Papa Francisco habla de la acción ecológica y del amor por los migrantes, denuncia el exclusivismo en la Iglesia, los males de la economía, las ideologías del beneficio económico por encima de las personas, el hambre, todo ello arraigado en la codicia de la humanidad y las instituciones.

En un artículo en la revista TIME, Elizabeth Dias lo resumió así:

“La visión de Francisco sobre el cambio es integral. Aborda los desafíos de la producción de alimentos o de la pesca incontrolada. Recuerda a los lectores que los migrantes se ven obligados a huir de la pobreza inducida por la degradación ambiental, pero luego no son reconocidos internacionalmente como refugiados. Ofrece una corrección de las interpretaciones teológicas del pasado, que dicen que Dios le dio a la humanidad el dominio sobre la tierra y desafía la idea de que la humanidad debería ser el centro de preocupación cuando se trata del futuro de la Tierra. Él avisa y denuncia los fracasos de las grandes empresas, los políticos y las cumbres internacionales”.

La propuesta crítica del Papa Francisco

Laudato Si’: Sobre el cuidado de la casa comúnes una encíclica social del Papa Francisco lanzada oficialmente el 18 de junio de 2015 y que proporciona no solo la hoja de ruta ambiental de la Iglesia, sino en general muchas líneas de acción desde una ecología integral, es decir, ecología no solo ambiental sino también política, social, cultural. Desde esta encíclica, vincula la destrucción del medio ambiente (el grito de la tierra) con la destrucción de las vidas de los pobres (el grito de los pobres).

En un discurso que pronunció ante la Asamblea General de la ONU en Nueva York el 25 de septiembre de 2015, el Papa dijo audazmente:

“Esta necesidad de una mayor equidad, vale especialmente para los cuerpos con efectiva capacidad ejecutiva, como es el caso del Consejo de Seguridad, los organismos financieros y los grupos o mecanismos especialmente creados para afrontar las crisis económicas. Esto ayudará a limitar todo tipo de abuso o usura sobre todo con los países en vías de desarrollo. Los organismos financieros internacionales han de velar por el desarrollo sostenible de los países y la no sumisión asfixiante de éstos a sistemas crediticios que, lejos de promover el progreso, someten a las poblaciones a mecanismos de mayor pobreza, exclusión y dependencia”.

Desde el comienzo, el Papa Francisco fue consciente de las muchas lagunas en la implementación de los “objetivos de desarrollo”, por lo que habla constante e insistentemente de la respuesta auténtica e integral a los problemas de la humanidad; y así, alienta a las instituciones, países y líderes a rendir “siempre un servicio eficaz a la humanidad, un servicio respetuoso de la diversidad y que sepa potenciar, para el bien común, lo mejor de cada pueblo y de cada ciudadano”.

Propuesta 1: el principio de Calidad de Vida

Esta encíclica social habla desde una posición crítica sobre el desarrollo. El Papa Francisco propone un concepto más amplio de calidad de vida:

“Un camino de desarrollo productivo más creativo y mejor orientado podría corregir el hecho de que haya una inversión tecnológica excesiva para el consumo y poca para resolver problemas pendientes de la humanidad; podría generar formas inteligentes y rentables de reutilización, refuncionalización y reciclado; podría mejorar la eficiencia energética de las ciudades. La diversificación productiva da amplísimas posibilidades a la inteligencia humana para crear e innovar, a la vez que protege el ambiente y crea más fuentes de trabajo. Esta sería una creatividad capaz de hacer florecer nuevamente la nobleza del ser humano, porque es más digno usar la inteligencia, con audacia y responsabilidad, para encontrar formas de desarrollo sostenible y equitativo, en el marco de una noción más amplia de lo que es la calidad de vida. En cambio, es más indigno, superficial y menos creativo insistir en crear formas de expolio de la naturaleza sólo para ofrecer nuevas posibilidades de consumo y de rédito inmediato” (Laudato Si’, 192).

Una ética de la vida verdaderamente coherente fundamenta su llamada al cuidado de la humanidad y del planeta poniendo en práctica lo que continuamente pedía san Juan Pablo II sobre la defensa de la dignidad humana, la protección de la vida y el cuidado de la Creación.

Junto a los Objetivos de Desarrollo Sostenible se nos proporcionan metas concretas que permitirían alcanzarlos; y, sin embargo, todavía estamos enganchados al concepto de desarrollo económico, una vía mucho más conveniente para los países ricos, las multinacionales y los magnates de la economía mundial.

Los intereses económicos de estos países y empresas prosperan en muchas naciones en el ámbito de la “búsqueda del desarrollo”; y, sin embargo, no tienen en cuenta la prestación de servicios sociales, como la educación y la salud, o la protección del medio ambiente. Se quedan, sin más, en la economía como factor único de desarrollo.

Propuesta 2: el principio de Ecología Integral

La ecología integral es una preocupación general y común para toda la Creación. Engloba la calidad de vida en todos los elementos de la ecología: ambiental, económico, social, cultural, de comportamiento y estructural. Al respecto, el Papa Francisco examinó creativamente las zonas oscuras de nuestros modelos de desarrollo, incluso los que se autocalifican como sostenibles. A cambio, propuso un crecimiento que busca “soluciones integrales que consideren las interacciones de los sistemas naturales entre sí y con los sistemas sociales” (Laudato Si’ 139).

El Papa subraya esta ecología humana centrándose en “la necesaria relación de la vida del ser humano con la ley moral escrita en su propia naturaleza, necesaria para poder crear un ambiente más digno” (Laudato Si’ 155).

Ante un análisis de las realidades destructivas, se observa que aún existen en cualquier parte del mundo; incluso muchas veces se ven producidas por el mismo “desarrollo”. El Papa Francisco exige una reflexión que permita una acción decisiva y la rendición de cuentas:

“Las predicciones catastróficas ya no pueden ser miradas con desprecio e ironía. A las próximas generaciones podríamos dejarles demasiados escombros, desiertos y suciedad. El ritmo de consumo, de desperdicio y de alteración del medio ambiente ha superado las posibilidades del planeta, de tal manera que el estilo de vida actual, por ser insostenible, sólo puede terminar en catástrofes, como de hecho ya está ocurriendo periódicamente en diversas regiones. La atenuación de los efectos del actual desequilibrio depende de lo que hagamos ahora mismo, sobre todo si pensamos en la responsabilidad que nos atribuirán los que deberán soportar las peores consecuencias” (Laudato Si’ 161).

Antes de la adopción oficial por parte de la ONU de los 17 ODS, el Papa Francisco ya había exigido la necesidad de un acuerdo global:

“Es indispensable un consenso mundial que lleve, por ejemplo, a programar una agricultura sostenible y diversificada, a desarrollar formas renovables y poco contaminantes de energía, a fomentar una mayor eficiencia energética, a promover una gestión más adecuada de los recursos forestales y marinos, a asegurar a todos el acceso al agua potable” (Laudato Si’ 164).

Propuesta 3: el principio del Desarrollo Humano Integral

Según Francisco, para lograr la implementación de la Agenda 2030, se necesita una mejor y más profunda comprensión del significado de un “desarrollo humano integral", más cercano a la realidad de lo que ya está sucediendo en las periferias: permitir que hombres y mujeres sean agentes dignos de su propio destino. En resumen, así sería un desarrollo humano integral para el Papa Francisco:

  1. Desarrollo centrado en la persona, en la familia, en comunión con los demás y entre las comunidades humanas (amigos, comunidades, pueblos y ciudades, escuelas, empresas y sindicatos, provincias, naciones, etc.)
  2. Derecho a la educación, con igualdad para los niños y las niñas.
  3. Apoyo y protección del desarrollo humano integral por parte de los Gobiernos. La familia debe ser la unidad básica de desarrollo social, atendiendo sus necesidades prácticas (vivienda, trabajo y tierra) y espirituales (libertad espiritual, derecho a la educación y derechos civiles).
  4. El más simple y mejor indicador de este desarrollo será un acceso efectivo, práctico e inmediato, por parte de todos, a bienes materiales y espirituales esenciales: vivienda, empleo digno y debidamente remunerado, alimentación adecuada y agua potable, libertad religiosa, libertad espiritual y libertad de educación.
  5. El desarrollo humano integral está comúnmente anclado en el derecho a la vida, o simplemente el derecho a la existencia de la naturaleza humana.

Propuesta 4: Principio de Solidaridad

El mensaje central del Papa Francisco siempre es “ir a las periferias”. Puede sonar como una petición de tipo pastoral para que los líderes católicos salgan de su distancia “institucional”; pero también se puede aplicar a los líderes del gobierno, instándolos a sentir el sufrimiento presente en las periferias de la sociedad, donde el hambre, la pobreza y la degradación moral contribuyen a ensombrecer la realidad del mundo.

La realidad de este sufrimiento en el mundo llevó al Papa Francisco a poner todos sus esfuerzos en pedir la “solidaridad” desde una triple comprensión: humana, natural y socioeconómica. Él llama a una “solidaridad nueva y universal”, donde personas, instituciones, organizaciones e incluso países deben trabajar juntos para detener la destrucción de la humanidad y el medio ambiente.

En medio de tanta desesperanza, el Papa Francisco ofrece una solución alternativa basada en la preocupación auténtica y la acción real desde el principio de solidaridad:

“El principio de solidaridad, palabra unas veces olvidada, otras veces usada impropiamente de manera estéril. Sabemos que las personas más vulnerables a causa de la degradación ambiental son los pobres, que sufren las consecuencias más graves. Solidaridad quiere decir, entonces, usar instrumentos eficaces, capaces de unir la lucha contra la degradación ambiental con la lucha contra la pobreza. Existen numerosas experiencias positivas en dicho sentido. Se trata, por ejemplo, de desarrollo y transferencia de tecnologías apropiadas, capaces de utilizar del mejor modo recursos humanos, naturales, socioeconómicos, mayormente accesibles a nivel local, para garantizar su sostenibilidad incluso a largo plazo”.

Conclusión: Algunas cuestiones más allá de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Desde la enunciación de estos objetivos hasta la más pura realidad: ¿Estamos logrando los objetivos que están a nuestro alcance o ni siquiera llegamos a ellos? ¿Son los procesos para alcanzar los objetivos lo suficientemente fuertes como para abordar los problemas más graves y los problemas de la pobreza?

Desde estos objetivos, ¿estamos corrigiendo los estándares de implementación que ya se han visto fallidos y avanzamos hacia un desarrollo impulsado por y para las personas?

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio no consiguieron llegar hasta los países pobres, dado que la financiación fluía mediante mecanismos gubernamentales. ¿Hemos aprendido algo de estos enfoques fallidos? ¿Sabremos hacer una transición a metodologías integrales que lleven a programas dirigidos por la propia comunidad, con la participación de la sociedad civil, de las Organizaciones No Gubernamentales, de los agentes sociales de cambio, etc.?

Al poner en marcha los objetivos de desarrollo del Milenio se perdieron recursos por valor de miles de millones que no lograron efectividad ante la disparidad de culturas y fronteras; aún tenemos guerras, pobreza creciente, regímenes despóticos, cambios ambientales inducidos por el afán económico, mercados elitistas. ¿Pueden los Objetivos de Desarrollo del Milenio corregir el error y no olvidarla injusticia social y la degradación ambiental?

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible pretenden ser “soluciones efectivas”. ¿También para las periferias? ¿Sus recursos, seguirán en manos de los países ricos y los financiadores capitalistas?

Síguenos en facebook twitter youtube Español | Portugués | English Política de privacidad | Webmail

Agustinos Recoletos. Provincia de San Nicolás de Tolentino.

Paseo de la Habana, 167. 28036 - Madrid, España. Teléfono: 913 453 460. CIF: R-2800087-E. Inscrita en el Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia, número 1398-a-SE/B. Desarrollado por Shunet para OAR Agustinos Recoletos. Provincia de San Nicolás de Tolentino. © 2018.