La Palabra en la Eucaristía dominical: Domingo 1 de Cuaresma

Dt 26,4-10: Profesión de fe del pueblo escogido. Sal 90,1-2.10-11.12-13.14-15: Está conmigo, Señor, en la tribulación. Rm 10,8-13: Profesión de fe del que cree en Jesucristo. Lc 4,1-13: El Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado.
pastoral | 08 mar 2019 | José Antonio Ciordia, New Jersey

Nuestro caminar se inicia en el desierto. Con Jesús de guía y compañero. ¿O somos nosotros los que hemos de ser compañeros suyos, atentos a su hacer y decir, para encontrarnos en él a nosotros mismos, camino de Dios? La acción del Espíritu Santo en esas andadas por el desierto pone de relieve esa misteriosa e insondable comunicación de Jesús con el Padre. Porque ¿dónde y hacia quién, va a dirigir el Espíritu a Jesús si no es al Padre? Jesús va a comenzar la gran Obra de Dios, y ahí está el Espíritu que la anima; pues es Espíritu del Padre y del Hijo. La escena del bautismo lo puso de relieve. ¿No nos encontramos nosotros en el mismo paraje? Vayamos al desierto: recogimiento, ausencia de voces extrañas, oración … ¡Al encuentro con el Padre!

No han de faltar dificultades. El tentador hace acto de presencia. Como al principio, ha de intentar separar al hombre de su Hacedor, desquiciarlo y aplastarlo, arruinarlo por completo. Ya que no puede en manera alguna enturbiar la Luz, intentará anular su reflejo, desbaratar su imagen. Y Cristo, Hijo de Dios, hombre verdadero, es en este momento, el objeto de sus malvadas intenciones. El diablo no niega a Dios, su intención es romper la relación que con él guarda el hombre. Y el Hombre por excelencia es Jesús: “Si eres el Hijo de Dios …” Y Jesús, Hombre de Dios, tiene la respuesta: “La Escritura dice”. Como si dijera: “Mi Padre dice …” Y esa es la norma, porque Jesús y el Padre son una misma cosa: “El Padre y Yo somos uno”, oiremos en san Juan. El tentador salió vencido, pero volverá: “El demonio se marchó hasta otra ocasión”. Momento de la pasión del Señor.

Tanto la primera lectura, un tanto de lejos, como de forma más insistente, la segunda, señalan ese camino. Detengámonos en Pablo: “La Escritura dice …” que viene a ser: “Dios dice …” Y lo que dice en concreto es: “La palabra está cerca de ti: la tienes en los labios y en el corazón”, “Nadie que cree en él quedará defraudado” ; “Todo el que invoca el nombre del Señor se salvará”. La cuaresma nos acerca a Dios y a nosotros mismos en Cristo Jesús, especialmente a través de su palabra. Hemos de escucharla, hemos de meditarla, hemos de seguirla, hemos de hacer alimento de nuestra vida, pues: “No solo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

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