La Palabra en la Eucaristía dominical: El tiempo de Cuaresma

El tiempo cuaresmal prepara a los fieles, entregados más intensamente a oír la palabra de Dios y a la oración, para que celebren el misterio pascual, sobre todo mediante el recuerdo o la preparación del bautismo y mediante la penitencia, Dese particular relieve en la Liturgia y en la catequesis litúrgica al doble carácter de dicho tiempo (Vaticano II, Sacrosanctum Concilium 109)
pastoral | 06 mar 2019 | José Antonio Ciordia, New Jersey

Cuaresma. Tiempo de reflexión y de penitencia. Recapacitar serenamente sobre la vida personal y eclesial; detenerse en las lagunas, fallos, faltas y mal proceder; mirar al cielo y, como primer paso, desdecirse uno de lo dicho, deshacerse de lo hecho y arrancar con decisión y brío hacia una mejora personal y comunitaria. Pero este proceso no sería viable sin la presencia vital y señera de Cristo Jesús. Por eso, como elemento imprescindible de conversión, Cristo en su misión salvadora, proclamada y celebrada eficientemente en el acontecimiento de su Muerte y Resurrección, que acoge el concepto de Triduo Pascual; sustancialmente, morir con Cristo y resucitar con Cristo.

Los descansillos de esta escalada son múltiples, aunque en estrecha conexión entre sí. El pecado, primeramente; con referencia a la fatal pérdida de comunión con aquel que es Todo por parte de quien colinda con la nada; ofensa de la criatura hacia el Creador; malevolencia y maldad respecto a los amados por Dios, nuestros hermanos: polvo y ceniza. La conciencia de lo que somos y, todavía más, la conciencia de haber injuriado a Dios ha de hacernos comprender la horrorosa y desesperante situación en que nos encontramos. Hemos de detenernos en ello, pero no para siempre. Atendiendo a lo que somos en relación con lo que perdimos, vendrá el arrepentimiento. Recordemos al “hijo pródigo”, en su reflexión de volver al padre.

Dios es misericordioso y nos invita a volver a él. Nos alarga sus manos paternales y las extiende para abrazarnos apasionadamente en Cristo Jesús. De ahí: “Arrepiéntete y cree en el evangelio”. Es otro descansillo sostenido por la confianza en él. Él mismo viene a nuestra búsqueda y sale a nuestro encuentro: parábolas de “la oveja extraviada”, de “la dracma perdida” y del “hijo pródigo”. Hemos de dar tiempo y espacio a la consideración del amor de Dios hacia nosotros, para motivar de raíz una vuelta a él. Con el “Volveré a mi Padre”, entra un proceso de corrección del mal camino: aparecerán elementos de ascesis y de purificación: limosna, oración, ayuno, meditación de su palabra … Y el sacramento de la reconciliación. Como permanente punto de mira, la Pasión y Muerte de Jesús, con su consiguiente Resurrección. El camino no es estrictamente rectilíneo, va y viene de un motivo a otro. Tratemos de vivirlo. Cristo al principio, Cristo durante el camino, Cristo al final. Volver a merecer el santo nombre de “cristianos”.

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