La Palabra en la Eucaristía dominical: Domingo 2 del tiempo ordinario

Is 62,1-5: El marido se alegrará con su esposa. Sal 95,1-2a.2b-3.7-8a.9-10a.c: Contad a todos los pueblos las maravillas del Señor. 1Cor 12,4-11: El mismo y único espíritu reparte a cada uno, como a él le parece. Jn 2,1-12: En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos. Comentario: La Boda en la boda
pastoral | 16 ene 2019 | José Antonio Ciordia, New Jersey

Con el recuerdo, todavía vibrante, de las fiestas navideñas –infancia de Jesús– y con la resonancia, aún palpitante, de la Fiesta de su Bautismo –comienzo de su vida pública–, nos disponemos ahora a levantar el vuelo y a seguir los pasos del Maestro, camino de Jerusalén. Somos unos bautizados y nos sentimos dentro de su misteriosa realidad divino-humana: lo que Él es por naturaleza, lo somos nosotros por adopción; y la misión que Él ha de cumplir, se nos imparte a nosotros. Imprescindibles en este proceso, la celebración de su presencia salvadora entre nosotros –Eucaristía – y la atención a sus palabras para el seguimiento de sus pasos, – lecturas bíblicas especialmente. Contando con el recorte humano de mi persona, vayan las reflexiones que siguen.

Sobresale, por naturaleza, la lectura evangélica, y por su contenido y atractivo, Bodas de Caná, el mensaje que nos trasmite Juan. Sobresaliente, por sí misma, la figura de Jesús, y, junto a ella, la de su santa Madre, María. Sean ambas, pues, el objeto de nuestra consideración

La actuación de Jesús tiene lugar dentro de la celebración de unas bodas. ¿Quiénes son los novios-esposos? ¿Cuál es el joven que contrae matrimonio? ¿Y la joven que lo acepta como tal, su “señor”? No aparecen; con todo, se celebra y se nos invitar a celebrar una boda. Al fondo, pues es una boda, se perfilan los contrayentes; inevitable. Dejemos la imaginación suelta y demos espacio amplio a su dinamismo para poder respirar abiertamente auras celestiales.

La primera lecturacanta emocionada los destinos del pueblo de Dios, Jerusalén, bajo la acción providente y amorosa de Dios. La imagen es diáfanamente del ámbito matrimonial. Los profetas, evidente Isaíasen este caso, trataron de describir los tiempos “mesiánicos”, encuentro salvador de Dios con su pueblo, como una gran fiesta; en concreto, como una gran fiesta de bodas. ¿Cómo no pensar en esa disposición de Dios a propósito del relato evangélico? Ahí está Cristo, el Esposo; ahí, su pueblo en relación esponsalicia con él. Prácticamente el texto presenta la primera aparición de Jesús en medio de su pueblo, como iniciador de los tiempos mesiánicos, la gran Fiesta de Bodas. Juan Bautista se denominará a sí mismo como “amigo” del Novio. ¿Quién otro que Jesús como Mesías puede estar al fondo de todo esto?

Escuchemos a Agustín: “Toda celebración es una celebración de bodas. Allí esta el novio, allí, a su lado, está la Iglesia, la novia. Nosotros somos los invitados, con la particularidad de que si nos portamos debidamente como tales, dejamos de ser invitados y nos convertimos en novia”. Esposo, pues, y Esposa. La primera aparición pública de Jesús – con su signo primario más que primero -, es, pues, de tenor esponsalicio. ¡Han llegado los tiempos de Dios y nosotros estamos dentro! Iremos viendo, como los apóstoles en aquel momento, su gloria, y crecerá nuestra fe en él. Celebremos con él la Boda.

En esta boda acontece algo extraordinario:el agua es convertida en vino. Y no en cualquier vino, sino en vino de bodas, abundante, excelente y de última hora, el definitivo por decirlo así. Pensemos que es el regalo de Novio. Sin este regalo no hay celebración nupcial gozosa, entrañable y vibrante. El vino, viene a decir Agustín, es el don del Espíritu Santo. En el capítulo anterior del evangelio (Jn. 1, 32-34), el evangelista presenta como meollo del anuncio-testimonio del Bautista acerca de Jesús como dispensador del Espíritu Santo: “…Ese es el que ha de bautizar con Espíritu Santo”. ¿No apunta todo esto a Jesús, el divino Esposo, y a su obra salvadora? En este sentido, no es de extrañar tampoco, que la liturgia del día haya colocado como segunda lectura el texto de Pablo, primera Corintios, donde aparece, ¡siete veces¡, como don de Dios, el Espíritu Santo. Sin él, imposible la fiesta de Dios como la Fiesta de Bodas de Dios en Cristo con su pueblo. Notemos la presencia bien medida de la Virgen María en esta Fiesta; su papel de intercesora: ”No tienen vino”; y su papel de maternal solicitud por los invitados: “Haced lo que él os diga”. En las Bodas de Jesús se encuentra su Madre y siempre se encontrará. Sea Dios bendito.

En esa Fiesta estás tú, hermano. Trata de vivirla. Admira y sigue a tu Señor, muévete en el ámbito del don del Espíritu y no dejes de atender a las palabras de María Madre de Diosy Madre nuestra.

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