Domingo XXXI del tiempo ordinario: El examen del espejo

«Esta semana, delante del espejo, tenemos tarea para descubrir, a la luz del Evangelio, lo que verdaderamente somos, nuestra raíz y nuestra esencia, aquello que nos impulsa, nuestra fuerza, lo que a veces nos hunde, pero otras nos sube al cielo».
Roberto Sayalero Sanz pastoral | 04 nov 2018

Un día cualquiera delante de un espejo podemos quedarnos mirando fijamente nuestra imagen y ver qué transmiten nuestro gesto y nuestra mirada. Sería bueno hacerlo dos veces al día: una al levantarnos y otra antes de acostarnos. Más allá de la pereza del despertar y del cansancio del fin de la jornada, veo que estoy cansado, o feliz, o herido, o bien jorobado, o ilusionado, o agobiado, o inquieto, o perdido, o seguro, o... Cierto es que, según el día, según el tiempo, o el humor, o la salud o la cantidad de trabajo, le doy un codazo al sol y me pongo en el centro del universo y todo lo mido y coloreo en función de su relación conmigo. Así, los que me rodean en todos los ámbitos, pueden ser santos o demonios, super-comprensivos o intransigentes, audaces o mediocres…

Entonces, ¿qué mandamiento es el primero?, pregunta el escriba. Esta pregunta estira sobremanera la medida de sorpresa y novedad que pretende producir el mensaje de Jesús. Sería semejante a si un doctor pregunta al paciente cómo se mide el pulso. Amar a Dios y al prójimo condensan y articulan toda la ley. El escriba que debía saber de cabo a rabo todo el Pentateuco y sus interpretaciones está de acuerdo con Jesús, es decir, que el acento que pone en el prójimo supone la mejor aplicación y clave interpretativa de los más de seiscientos preceptos de la ley judía.

Vivir en segunda persona es bastante complicado. Como suele suceder, fácilmente entendible pero difícil de hacer realidad. Ponerse en la piel del otro, empezando por el más cercano, por el que directamente me afecta “al mirarme en el espejo”, aquel que llena mi horizonte vital. A veces, creo, habría que hacer el esfuerzo por pensar en , de ese otro a quien no entiendo, o a quien critico, a quien no puedo ver por ser de tal o cual manera. De ese otro, ese 'vosotros', que llenan todas las vidas, pues triste vida la de quien vive sólo una vida en clave de yo, asfixiado en el sulfuroso yodoxido de sí mismo.

Aunque suene a cursi este domingo, a la luz del evangelio, voy a escribir de amor. Se nos llena la boca y se nos atascan la pluma y el teclado al hablar y escribir sobre el amor. Es la señal de que estamos vivos y de que por nuestras venas no fluye agua templada. Como canta Melendi, «el amor no se puede medir en tiempo, porque es un arte, no se rige por un calendario, es lo invisible que mantiene este mundo girando». Tiene muchos nombres, muchos rostros, muchas formas. Alberga todo tipo de historias, unas tristes, otras alegres y otras, ni tristes ni alegres. El amor es amistad o pasión o enamoramiento o fe en Dios todo-ternura; une padre, hijos, hermanos, familias; es compasión por los que llevan su vida cuesta arriba y también deseo por lo que está por venir y por vivir. Si escuchamos a Jesús, entonces, además de todo lo anterior, es aceptación incondicional y esperanza confiada en las posibilidades del otro. Supone saber darnos sin medida y reconocer nuestras limitaciones para pedir perdón con absoluta sinceridad y también saber pedir ayuda a aquellos en quienes confiamos. Amar es también disfrutar de la presencia y echar de menos para acortar al máximo la distancia. Amar permite celebrar juntos la vida y llorar juntos los golpes.

Esta semana, delante del espejo, tenemos tarea para descubrir, a la luz del Evangelio, lo que verdaderamente somos, nuestra raíz y nuestra esencia, aquello que nos impulsa, nuestra fuerza, lo que a veces nos hunde, pero otras nos sube al cielo. A no ser que seamos estatuas de mármol piadoso, todos podemos amar y ser amados. Jesús nos enseñó a decir que Dios es amor y nos confió la tarea de vivir en segunda persona de tal manera que los brazos se estrechen, los ojos se comprendan y las manos se enlacen. Entonces el Reino habrá llegado por fin.

Síguenos en facebook twitter youtube Español | Portugués | English Política de privacidad | Webmail

Agustinos Recoletos. Provincia de San Nicolás de Tolentino.

Paseo de la Habana, 167. 28036 - Madrid, España. Teléfono: 913 453 460. CIF: R-2800087-E. Inscrita en el Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia, número 1398-a-SE/B. Desarrollado por JustMónica para OAR Agustinos Recoletos. Provincia de San Nicolás de Tolentino. © 2018.