La Palabra en la Eucaristía festiva: El tiempo de Navidad

Misa vespertina de Navidad: Is 62,1-5: El Señor te prefiere a ti. Sal 88,4-5.16-17.27.29: Cantaré eternamente las misericordias del Señor. Hch 13,16-17.22-25: Testimonio de Pablo sobre Cristo, hijo de David. Mt 1,1-25: Genealogía de Jesucristo, hijo de David.
pastoral | 21 dic 2018 | José Antonio Ciordia, New Jersey

El mundo cristiano y la Iglesia Católica, en especial, celebran gozosamente el nacimiento del Jesús, nuestro Salvador. Para poder acercarnos a apreciar el alcance de tal acontecimiento es menester que nos detengamos a considerar los elementos, de mayor o menor densidad significativa, que lo acompañan y moldean.

Ha precedido un tiempo, Tiempo de Adviento, para prepararnos a esta celebración: cuatro domingos; puede que la última semana quede alguna vez incompleta. Conviene notar que los ocho días más próximos a la celebración gozan de un favor especial; son los llamados días de la “O”,porque las antífonas que acompañan en “vísperas” al “magníficat” comienzan por un solemne “Oh” laudatorio, dirigido al Mesías, que, con sonoridad y devoción popular, se acerca a compartir su existencia divina con nosotros; y lo hacen con María, su Madre, en el canto del llamado Magníficat. Títulos de Jesúsdesprendidos de las Sagradas Escrituras, eficaz palabra de Dios.

Celebramos el nacimiento de Jesús. Acontecimiento en manera alguna trivial o irrelevante, pues conmociona, a partir de su palabra y obra, el entero cosmos y la celestial esfera. Y lo hace en profundidad y altura: haciéndose “miserable” – “se anonadó a sí mismo” – hizo humana su condición divinaen toda su extensión y profundidad. Y la hizo divina su condición humana, divinizando su pobreza, su necesidad, su debilidad, su penuria, dolor y muerte; pues aun el dolor y la muerte desprenden luminosidad y salvación en Cristo Jesús. Y, comunicando en su divina persona los mismísimos cielos, hizo que toda creatura participara de su esplendor - “Gloria a Dios en los cielos y paz en la tierra a los hombres que ama el Señor”. Se vislumbra la cruz, salvadora, por cierto, y se derrama recreadora la luz de la resurrección. El hombre se encuentra hombre en el nacimiento de Jesús, Imagen perfecta del Dios invisible.

Conviene, por tanto, que nos detengamos a considerar el impacto, múltiple y duradero, producido en el hombre y en su historia, historia divino-humana, por la venida del salvador. Las figuras que acompañan su venida dan pie para una meditación de largo y conmovedor alcance: La figura de la Virgen María, Madre de Jesús, Dios y hombre; la figura de José, acogedor y salvaguarda humano de María y de Jesús; la de Herodes, desconcertante ceguedad humana ante la revelación del amor de Dios; la apatía del pueblo y sus representantes ante tal acontecimiento; la maravillosa sencillez de los pastores; la inesperada y sorprendente llamada de los Magos… Sol y sombra; luz y tinieblas; acogida y rechazo … El hombre, en su misterio, sacudido enteramente por la inesperada encarnación de Dios.

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