“En la Ciudad de los Niños se ha modificado mi modo de presentarme al mundo, tengo un nuevo rostro de geografía tan compleja que lo hace especialmente único”

María, estudiante de Bellas Artes en Salamanca y residente de la Residencia Universitaria de los Agustinos Recoletos en esta ciudad, ha dedicado sus vacaciones a acompañar desde el voluntariado a los alumnos de la Ciudad de los Niños. Así cuenta su experiencia.
noticias | 12 oct 2018

María García-Saguar (Cantabria, España, 1996) es estudiante de cuarto curso de Bellas Artes en la Universidad de Salamanca. Le gusta el grabado, la acuarela, el dibujo, la monotipia, la serigrafía, la forja y la escultura con pasta de papel. En 2016 ganó el II Certamen de Creación Artística Agustiniana. También ha hecho cursos de primeros auxilios y colaborado con la Cruz Roja.

María es buena conocedora de las actividades de voluntariado. Ha colaborado en el proyecto Pándano de los Sagrados Corazones en Salamanca durante tres años; en la casa de acogida Padre Damián de Cáritas en esa misma ciudad; en diversas actividades de la Residencia Universitaria Agustiniana, en campañas de recogida del Banco de Alimentos y en comedores sociales y con personas sin hogar.

María también ama la música (toca la flauta travesera) y el teatro amador. Y además de ese compromiso con el arte, tiene un importante compromiso social, que explica de este modo:

“Respeto las religiones y culturas del mundo y deseo aportar mi grano de arena para mantener una convivencia social agradable y tolerante. Por ello, intento ayudar en todo lo que pueda, y creo fundamentales los valores del amor, el respeto y la libertad.
Tras haber realizado varios voluntariados a nivel local, sentía que era el momento de ampliar horizontes y realizar una labor mayor. Por ello he querido realizar un voluntariado internacional, con el objetivo de poder ayudar más allá de mi círculo más cercano realizando cualquier tarea que hiciese falta. Mi principal expectativa era aportar aquello de lo que fuera capaz, de forma que tras irme mi labor haya servido positivamente a alguien”.

María explica mejor este acercamiento al voluntariado:

“A lo largo de mi vida he llevado a cabo diversas actividades y experiencias de voluntariado, pero todas ellas a nivel local. Comencé en el Colegio San Agustín de Santander, donde llevábamos a cabo recogidas de alimentos y montábams mercadillos solidarios.
Fue a mi llegada a Salamanca cuando entré en contacto con grupos de voluntariado más comprometidos. Vine a estudiar Bellas Artes hace cuatro años, y gracias a la Residencia Universitaria Agustiniana entré en contacto con organizaciones y grupos de voluntariado como Cáritas y el grupo de voluntariado Molokai de los Sagrados Corazones”.

El siguiente paso ha sido el voluntariado internacional, de la mano de la Comisión de Apostolado Social de la Provincia de San Nicolás de Tolentino de la Orden de Agustinos Recoletos. María decidió pasar sus vacaciones de verano en la Ciudad de los Niños, centro socioeducativo de esta Orden en las cercanías de Cartago, Costa Rica. ¿Por qué en la Ciudad de los Niños concretamente?

“En la Residencia en la que vivo durante el año lectivo, en Salamanca, he podido percibir que la Orden de los Agustinos Recoletos está muy comprometida con la ayuda social. Las acciones de voluntariado que proponen me parecen muy enriquecedoras tanto para quien recibe la ayuda como para quien la presta, desde un punto de vista espiritual y personal.
La Familia Agustino-Recoleta se ha mostrado conmigo muy cercana, ha favorecido las relaciones sociales y les otorga de gran importancia, y esto se refleja en los proyectos de voluntariado que ofrecen.
La Ciudad de los Niños es un proyecto muy completo, lleno de actividades donde poder ayudar como voluntaria. Además, el tratar con niños y enseñar me apasiona, pues hay que tener en cuenta que quiero dedicarme a la enseñanza.
Hace ya casi un año desde que hicimos la primera reunión para hablar del voluntariado internacional, y recuerdo que teníamos que presentarnos a través de una fotografía. Yo, tras pensar qué fotografía podría identificarme, decidí crear un collage formado por trozos de las caras de aquellas personas que han tenido influencia en mi vida, y formaban así un nuevo rostro, mi rostro.
Esta forma de presentarme se debe a que pienso que, como persona, no sería quien soy si no fuese gracias a todas y cada una de las personas que han pasado por mi vida, incluyendo a mi familia, mis amigos, mis profesores…
Tras mi estancia en la Ciudad de los Niños debo modificar este collage, puesto que son muchas las personas que he conocido y de las que he aprendido grandes valores. He compartido muy buenos momentos, desde las charlas en las comidas con el personal de cocina hasta los increíbles descubrimientos de obras de arte en el museo.
Cada persona de la Ciudad de los Niños, de toda la comunidad educativa, es única e imprescindible para el funcionamiento del centro, desde los frailes, pasando por los educadores, monitores de taller, madres sociales, trabajadores y llegando hasta los alumnos.
Todas estas personas forman, a través de su amabilidad y su constancia, una familia única, acogedora con todo aquel que se una a ella. Y es esta familia la que, haciéndome sentir parte de ella, forma ahora también parte de mí.
Desde mi vuelta a la vida cotidiana en Salamanca, ese collage con el que me presenté aquel día, tras el voluntariado, se ha modificado por completo, volviéndose un rostro con una geografía tan compleja que lo hace especialmente único".
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