“Vamos despacio, que esto es Cuba”

El 17 de febrero de 2018 cuatro agustinos recoletos fundaron una comunidad en Antilla, desde donde atienden la parroquia local y las de Tacajó y Baguanos. Integrarse en una nueva cultura y costumbres y lidiar con las particularidades de la vida de la isla caribeña han sido sus primeras tareas.
noticias | 09 oct 2018

Los Agustinos Recoletos llegaron a Cuba el 17 de febrero, hace ya algo más de siete meses. De los 32 religiosos agustinos recoletos que se ofrecieron voluntarios para la apertura, cuatro han sido los fundadores de esta comunidad, la primera en el país caribeño en toda la historia de la Orden, y segunda de la Familia Agustino-Recoleta, puesto que ya hace años trabajan en el país las Misioneras Agustinas Recoletas.

Desde su llegada, no han sido fáciles las comunicaciones. Durante este mes de septiembre, sin embargo, la Orden ha recibido un informe más amplio que cuenta los pormenores de la vida cotidiana de la comunidad recoleta cubana.

La entrada en el país se hizo desde Panamá, donde se reunieron los cuatro religiosos con el prior general días antes de iniciar su nueva misión. Ese 17 de febrero tomaron el avión desde Ciudad de Panamá hasta el aeropuerto de Holguín, ciudad de unos 350.000 habitantes, capital de la provincia y sede de la Diócesis a la que sirven ya los Recoletos.

La Diócesis de Holguín cuenta con doce sacerdotes diocesanos propios y seis más misioneros procedentes de Diócesis foráneas; trece religiosos del Verbo Divino, Hermanitos de Jesús, Agustinos y Agustinos Recoletos de los que once son sacerdotes; cuatro diáconos permanentes; 50 religiosas de 17 congregaciones diferentes y tres miembros de un Instituto Secular. Hay 24 parroquias y 60 templos.

En el aeropuerto les esperaba Emilio Aranguren (Santa Clara, Cuba, 1950), obispo diocesano que además ha sido elegido hace casi un año presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC). Ya antes había servido en la Comisión Permanente de la COCC durante 26 años, desde su ordenación episcopal, y fue su secretario durante 14 años.

El vuelo duró en total una hora y 45 minutos, pero desde el primer momento hubieron de recordar algunas de las expresiones que más se escuchan en la isla: “todo en Cuba es lento”, “vamos despacio que esto es Cuba”. Llegaron tres vuelos al mismo tiempo, pero solo existe en el aeropuerto de Holguín un escáner de maletas, así que la demora desde que aterrizaron hasta que saludaron al obispo fue de tres horas.

El calor era sofocante. El obispo les trasladó hasta su residencia, donde almorzaron, y luego les trasladó hasta la parroquia de Nuestra Señora del Carmen de Antilla, su nuevo hogar, a 80 kilómetros de la sede episcopal y capital provincial.

El nuevo hogar de la comunidad recoleta es sencillo, de ladrillo, con cinco habitaciones, dos baños, una sala, un comedor y dos garajes. Uno de ellos fue convertido en capilla de la comunidad.

La comunidad parroquial recibió cálidamente a los Agustinos Recoletos, que fueron presentados por el párroco saliente, de 32 años de edad, tras organizar un encuentro con los principales representantes de las pastorales y ministerios. Este primer encuentro terminó con un tentempié.

La comunidad agustino-recoleta de Antilla servirá en tres parroquias distintas, situadas en las localidades de Antilla, Tacajó y Baguanos.

Antilla tiene 13.000 habitantes y es ciudad portuaria. El templo parroquial es relativamente moderno y puede acoger hasta a 180 personas.

Tacajó está a 30 kilómetros de distancia desde Antilla y tiene alrededor de 15.000 habitantes, mientras que Baguanos está a 50 kilómetros de la casa de la comunidad religiosa y tiene unos 19.000 habitantes. Las tres parroquias cuentan con multitud de comunidades rurales, en algunas de las cuales jamás se ha celebrado una eucaristía.

Los cuatro religiosos recoletos son naturales, respectivamente, de Filipinas, Colombia, Guatemala y México. Adentrarse en la sociedad cubana les ha supuesto algo así como un viaje atrás en el tiempo. Las calles, construcciones, vehículos, todo parece de los años 60, anticuado y con poco mantenimiento. Entre la gente la idea común es que el nivel de vida empeora y no mejora.

La Diócesis ha entregado a la comunidad un Peugeot con unos 20 años de antigüedad para su servicio a las tres parroquias que administrarán, algo que en Cuba es un verdadero lujo. El vehículo privado está al alcance de muy pocos y casi todo el transporte se hace por medios públicos.

Antiguos camiones de carga con la parte de atrás modificada sirven hoy para el transporte de personas. Los autobuses suelen estar más restringidos para turistas y trabajadores de la industria hotelera. El transporte más local se lleva a cabo con carros de caballos para entre 8 y 10 personas, motocicletas e incluso muchos bici-taxis.

La alimentación en la región tiene como base el frijol negro, patatas y carne de cerdo y pollo. La carne vacuna solo se distribuye a niños pequeños y personas enfermas con su correspondiente cartilla de racionamiento. Lo mismo ocurre para la leche, solo disponible para menores de siete años. Las frutas y verduras son escasas y caras.

Hay un amplio mercado negro para los productos más difíciles de encontrar por canales oficiales, pero solo accesible a personas con más poder adquisitivo. El salario promedio en Cuba es de unos 25 euros mensuales.

El Gobierno distribuye una libreta de abastecimiento que establece la ración por familia y mes de determinados alimentos. La libreta se regula por zona. A cada isleño, dependiendo de su localidad, le corresponde una tienda única que es el almacén destinado a la distribución de productos racionados. A quien lleva esta libreta a otra bodega no le despachan la mercancía. En ella se anota con tinta cuando el usuario recibe un determinado producto y deberá esperar al mes siguiente para volver a adquirirlo.

La libreta de abastecimiento en Antilla contiene:

— Siete libras de arroz (mensual).
— Una libra de azúcar blanco (mensual).
— Una libra de azúcar moreno (mensual).
— Cuatro onzas de café (mensual).
— Cinco huevos (mensual).
— Media libra de aceite (mensual).
— Once onzas de frijol negro (mensual).
— Una libra de carne de pollo (mensual).
— Una caja de fósforos (mensual).
— Un paquete de sal (trimestral)
— 80 gramos de pan (diario)

A la mayor parte de las familias, estos productos les duran una semana. El resto del mes se alimentan o con remesas familiares (cuba tiene 11,5 millones de habitantes, y 2,5 millones de cubanos viven fuera de la isla) o con componendas sobre los productos oficiales gubernamentales mediante el mercado negro.

Es lo que se llama en la isla “por la izquierda”: los trabajadores de las empresas (todas son propiedad del Estado) toman productos (harina el panadero; carne el carnicero; etc.) para situarlos en el mercado paralelo. Todo el mundo lo conoce y lo practica, dado que es la forma de supervivencia encontrada por la gente.

El 4 de abril los cuatro recoletos tuvieron que trasladarse hasta la capital del país, La Habana, para firmar y recoger su tarjeta de residencia en el país, tener acceso a la libreta de abastecimiento y al sistema de salud.

En el país no es fácil acceder a materiales tan simples como gasas o aspirinas. Cuentan el detalle de que, dado que la sanidad es universal y gratuita, muchos médicos dan prioridad de atención a quienes les ofrecen determinados regalos y retrasan las citas de quienes no les llevan nada.

También debe tenerse en cuenta que los salarios de los médicos son bajos: los recoletos conocieron a un médico especialista en La Habana que trabaja como taxista en sus horas libres. Afirma que gana más como taxista que como médico, pero al haber estudiado medicina por obligación debe dedicarse a ello profesionalmente.

Muchas personas se han lanzado a pequeños emprendimientos para llegar a fin de mes. Todos los días frente a la casa de la comunidad pasan vendedores ofreciendo pan, banana, ajo, helado artesanal, tomates… Cuando los religiosos les saludan, siempre dicen que están bien, “sobreviviendo en la lucha diaria”.

Los problemas de comunicación han sido constantes para la nueva comunidad recoleta. El control gubernamental es absoluto. Etecsa es la única compañía de telecomunicaciones del país. Hay conexión pública a internet vía wifi en algunas plazas y parques, de muy mala calidad y baja velocidad. El acceso a Internet en viviendas está completamente regulado y solo unos pocos lo consiguen. En la residencia episcopal de Holguín hay una conexión, que los religiosos aprovechan cuando van a la sede episcopal. Aunque la mayor parte de las parroquias tienen teléfono, la casa de la comunidad recoleta todavía no tiene. Sí hay telefonía móvil pero con frecuencia hay muy poca señal.

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