“Dios transforma aquí vidas destrozadas en nuevas vidas. Un auténtico milagro de Dios que se da tras el sí de muchas personas a su Amor”.

Un equipo de la RadioTelevisión Italiana (RAI1) visita el Condominio Espiritual Uirapurú de Fortaleza (Ceará, Brasil), donde la Familia Agustino-Recoleta participa junto con otras 23 órdenes, congregaciones y movimientos de proyectos eclesiales de apoyo a los más desfavorecidos.
noticias | 10 oct 2018

El centro geográfico de Fortaleza está rodeado de favelas donde hay un modo de vida violento. Aquí ha nacido el CEU (Condominio Espiritual Uirapurú), una pequeña ciudad que viene a ser una respuesta a este problema, donde se unen varios movimientos y comunidades pertenecientes a carismas antiguos y nuevos.

Acompañados de varios voluntarios, el programa visita el CEU (acrónimo del Condominio que, a su vez, significa en portugués “cielo”), donde 23 comunidades religiosas y movimientos conviven en una serie conjunta de terrenos donados a este fin y donde los proyectos están muy diversificados, pero en un solo espacio geográfico.

Es un ejemplo único en todo el mundo, esta realidad de 23 proyectos unidos, de la unidad en la diversidad, antiguos y nuevos carismas, órdenes, congregaciones y movimientos; hay una comunidad contemplativa que reza continuamente por todos; hay servicios de educación básica para menores desfavorecidos; de acogida de niños de la calle, de enfermos terminales, casi un hospital con enfermos terminales de SIDA para ofrecer una atención y, en el momento en que llega, una muerte con dignidad.

Se trata de un centro comunitario que responde a la situación de verdadero infierno que se vive en los barrios de la ciudad de Fortaleza. El CEU está rodeado de favelas, de barrios en condiciones desastrosas, donde en algunos casos los comandantes del tráfico de estupefacientes gobiernan toda la vida de la comunidad, una tasa de homicidios desatada especialmente de jóvenes, que están dentro del mundo de narcotráfico y las bandas organizadas. El CEU se convierte en este ambiente como una verdadera luz, un faro en medio de la oscuridad.

En el CEU hay varios organismos centrados en la situación de los menores de edad. En el caso del Hogar Santa Mónica lo específico es acoger a niñas que han sufrido o corren grave riesgo de sufrir violencia sexual. Aquí hay Agustinos Recoletos, Misioneras Agustinas Recoletas, profesionales multidisciplinares y voluntarios para ayudar a estas víctimas.

“Hoy en el Hogar Santa Mónica acogemos a 38 niñas; a lo largo de nuestra historia ya hemos acogido hasta 200 de 5 a 20 años. La mayor parte han sufrido abusos dentro de la propia familia, padres y padrastros, hermanos y primos, parientes próximos en todo caso. Nosotros trabajamos con ellas tanto las heridas sufridas en el cuerpo como en el espíritu”, dice Luiza Aparecida Dias, la psicóloga del Hogar Santa Mónica.

La violencia sexual contornea problemas graves que afectan a la integridad de la vida. Dado que muchas de estas niñas no tienen ningún apoyo de la propia familia, es la Familia Agustino-Recoleta la que brinda este acompañamiento, cariño y apoyo. Se trata de una Familia dentro de la gran Familia del CEU, que permite que estas niñas tengan una nueva vida.

“Ahora les invito a conocer la casa donde viven las niñas más pequeñas. Cruzamos un muro que no es para encerrar a nadie, sino por seguridad, dada la situación de inseguridad en que han vivido muchas de estas niñas y que transpira por toda la ciudad. Con el muro se consigue proteger a las niñas residentes de ser nuevamente violentadas o raptadas”, continúa Luiza.

El problema de la violencia sexual de menores en Brasil, del abuso o de su explotación sexual comercial aumenta cada año. El proyecto comenzó con una casa de acogida y ha ido creciendo hasta tener actualmente varias más, donde se distribuye a las niñas según determinados arcos de edad.

“Los Juzgados de Infancia y las autoridades competentes que envían aquí las niñas, cada año solicitan más y más nuevas acogidas porque el problema aumenta constantemente. Fortaleza es la ciudad brasileña que más sufre este tipo de violencia. Y en todo el mundo, tenemos el cuarto puesto”, indica Luiza.

“¿Qué significa Jesús y su mensaje evangélico frente a este problema de estas niñas?”, pregunta el presentador, sacerdote italiano, a la psicóloga. “Creo que Jesús nos pide que seamos luz para estas niñas que vienen de una experiencia vital de gran oscuridad. Todos los que vivimos en el CEU queremos dar ese abrazo y ese afecto que espera cualquier niño o niña en el mundo. Una luz que viene de Jesús para todos los que trabajamos aquí”.

El programa también visita el monasterio de clausura del Carmelo situado dentro del mismo CEU. Las monjas dicen que se sienten en las raíces del CEU, y que la savia de su oración se transmite a toda la planta, el resto de todas las congregaciones y movimientos que trabajan por dar dignidad, desde el Evangelio, a las vidas más vulnerables. “Estamos dentro de la clausura, pero no nos sentimos separadas o aisladas de los demás”, dice la madre priora.

El programa entrevista a la habitante del monasterio más joven, novicia que tiene 22 años; y presenta a la más anciana, que lleva 69 años en el monasterio y tiene 91 de edad.

El programa visita finalmente la Fazenda da Esperança (Hacienda de la Esperanza), una de las primeras comunidades fundadoras del CEU. Acoge mujeres jóvenes tóxico-dependientes. Actualmente viven nueve en proceso de desintoxicación, con sus hijos.

Una de ellas cuenta su experiencia, tras la muerte de su madre, siendo adolescente, entrando en el ámbito de las drogas y de las bandas juveniles. Vivió durante mucho tiempo en la calle, se prostituyó para sobrevivir, quedó embarazada. Su última dosis de crack la tomó quince minutos antes de nacer su hijo. Pasó toda la gravidez sin ningún cuidado prenatal, médico o alimenticio.

El niño nació completamente sano y entonces se dio cuenta de que había sido un regalo de Dios, después de todo lo que había hecho. Y pidió a Dios una oportunidad para cambiar. Entró en la Fazenda da Esperança el mismo día de Nuestra Señora de Fátima con su recién nacido. Acostumbrarse a un nuevo estilo de vida fue muy duro, pero hoy tiene conciencia de que Dios le salvó.

“Dios transforma en el CEU vidas destrozadas y perdidas en nuevas vidas. Un auténtico milagro de Dios que se da tras el sí de muchas personas a su Amor”, resume el presentador.

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