La agustina Esther Paniagua Alonso será beatificada el día 8 del próximo diciembre en el santuario de Nuestra Señora de Santa Cruz de Orán

“Creo que mi Tere me está empujando”, afirma Gloria, hermana de Esther Paniagua, mártir en Argel, que será beatificada en Orán junto con la agustina Caridad Álvarez, los siete monjes trapenses del monasterio argelino de Tibhirine, el obispo de Orán, monseñor Pierre Claverie, y otros diez mártires asesinados por extremistas islámicos entre 1994 y 1996.
Marciano Santervás testimonios | 17 sep 2018

Gloria Paniagua Alonso, hermana de Esther, es la mayor de tres hermanas, que se dedicó de por vida a la educación, primero en un colegio de las Agustinas Misioneras; después en diversas poblaciones, sobre todo en Amorebieta (Vizcaya) donde reside actualmente. Está muy implicada en Caritas Amorebieta y en el voluntariado. Ante la pronta beatificación de Esther, entramos en contacto con ella y mantenemos el siguiente diálogo.

Gloria, ¿podrías ofrecernos unos datos biográficos de tu hermana Esther para que el visitante de esta página web se sitúe?

MI hermana Esther –familiarmente la llamábamos Tere– nació en Izagre (León, España) el 7 de junio de 1949. Mis padres se llamaban Nicasio y Dolores, que tuvieron tres hijas: Gloria, Esther y Julia.

Tere aprendió las primeras letras en la escuela de Izagre. A los catorce años ingresó en el colegio de las Agustinas Misioneras, en Logroño (La Rioja, España), donde permaneció por dos cursos. En 1967 entra en el noviciado de las Agustinas e hizo la profesión de votos temporales el 13 de junio de 1970. Una vez que profesó, estudió la carrera de enfermería en León, en el centro hospitalario Nuestra Señora de Regla, donde obtuvo el título expedido por la universidad de Oviedo. La profesión perpetua la realizó el 15 de agosto de 1975.

Después de la profesión perpetua estuvo un año más o menos en Madrid estudiando francés antes de ir a Argelia, a Blida, donde trabajó como enfermera en pediatría, atendiendo a niños con minusvalías. Entre 1981 y 1983 va a Roma a estudiar árabe literal e Islamología porque tenía un sentido muy claro de lo que conllevaba vivir en un país de distinta lengua, costumbres y religión. Regresó a Argelia y, por razones de seguridad, la trasladaron Argel, a un barrio, si bien los tres últimos años trabajó, también por seguridad, en un hospital. Fue asesinada un domingo cuando iba a misa, el 23 de octubre de 1994. Tenía 45 años.

Bueno, estos datos son los que podría contarnos cualquier historiador. Pero tú, ¿cómo veías a Esther?

Mi hermana era seria, tímida y tenaz; muy recta y siempre muy amante de la Congregación en que profesó y con una fuerte vocación misionera. Muy cariñosa. Sentía pasión por sus sobrinitas Esther y Mónica. En el verano disfrutaba mucho con ellas.

Aunque era un tanto coqueta y le gustaba comprar, era muy generosa y dadivosa. Yo le decía algunas veces: “como te hagan ecónoma, arruinas a la comunidad”.

¿Cómo encajaron tus padres su decisión de ser religiosa?

De forma natural. Ciertamente ella manifestó decididamente su vocación misionera, por lo que mis padres -sobre todo mi padre que era profundamente religioso-, en el fondo la respetaban y deseaban que siguiera el camino que el Señor la señalaba.

Y tú, ¿cómo veías entonces a tu hermana?

La veía muy ilusionada y decidida. Le decía algunas veces: “¿Por qué no estudias Magisterio?” Y ella me respondía: “Yo hago enfermería porque cuando vaya a misiones lo voy a necesitar”.

¿Con qué edad fue a Argelia?

En torno a los 25 años. Primeramente, estuvo en una ciudad cercana a Árgel, en Blida, unos seis años; el resto del tiempo hasta su muerte, salvo dos años estudiando árabe e Islamología en Roma, en Argel.

¿Cómo vieron tus padres su ida a Argelia, lugar muy arriesgado para los no musulmanes?

Como un destino normal; no previeron los riesgos. Mi madre le decía a Esther: “¿Por qué no te vienes?” Ella tenía claro que no iba a dejar nunca Argel. Cuando se le decía: “Vosotras, ¿qué hacéis en Argel?” La respuesta inmediata era: “Estamos ayudando al que necesita y dando testimonio”.

¿Qué contaba Esther de su estancia en Argel cuando venía de vacaciones? ¿A qué se dedicaba, cómo vivía allí?

Era muy reservada; no era explícita. Explicaba poco, contaba lo mínimo; algunas anécdotas.

Al parecer, Tere se dedicaba a atender a gente con deficiencias físicas y psíquicas; la profesión médica le gustaba, aparte el espíritu religioso que la podía animar y fortalecer. En Blida parece que trabajó con ancianos.

Permíteme una anécdota: A un musulmán gravemente herido le cuidó con esmero y le regaló una biblia y este a ella un Corán.

De sus palabras sí podía concluirse que la convivencia con las otras religiosas era estupenda y que mantenía unas buenas relaciones con los médicos.

Solía venir todos los años por el verano de vacaciones; ¿cómo se pasaba las vacaciones en Izagre?

Llevaba una vida normal, muy casera. Todos los días iba a misa a la Parroquia, pero salía muy poco de casa; estaba con mis padres fundamentalmente. El año último, el 1994, como algo extraordinario, que yo interpreto como una despedida por su parte, dijo: voy a ir tres días a Amorebieta y tres a Garnica, poblaciones vizcaínas en las que vivimos una servidora y mi hermana Juli, respectivamente.

¿Regresaba a Argelia con ilusión? ¿La veíais nerviosa cuando se acercaba el momento de tener que emprender el viaje de regreso?

Regresaba con normalidad, contenta, aunque barruntaba los peligros en que se iba a ver envuelta. Con don Justino Bajo, el párroco del pueblo por aquellos años, mantuvo unas relaciones de confianza. Dos o tres tardes pasó con él y le debió de comunicar el grave riesgo que corría.

Esther conocía perfectamente los graves peligros que acechaban a los católicos desde hacía unos cinco años por lo menos; incluso el arzobispo de Argel, monseñor Henri Tessier dirigió una carta a todas las Congregaciones en que les indicaba que regresaran a sus países, discernieran y decidieran regresar o no volver. ¿Qué valoración te merece la actuación de Esther y Caridad y de otros religiosos que permanecieron en Argel?

Ciertamente que Esther ya había escuchado alguna frase más que intimidatoria de un grupo de chicos: “Vete a tu tierra”. “Mi tierra es ésta”, les replicó mi hermana. Pero no se quedaron allí por gusto ni porque la vida no les importara, sino que el 6 y el 7 de julio de 1994, unos cuatro meses antes de su asesinato, las Agustinas Misioneras de la comunidad de mi hermana, en presencia de la superiora provincial y general, reunidas en León, los dedicaron a discernir qué decisión tomar, y cada una, personalmente, decidió quedarse y seguir ejerciendo su misión humanitaria y eclesial.

El fruto de esta decisión, no deseado, pero sí asumido, fue…

Fue su muerte, su martirio. El domingo 23 de octubre, cuando iban a misa Cari y Tere, dos jóvenes se acercaron a ellas pistola en mano bajo la chilaba y un tiro a cada una bastó para que cayeran muertas.

¿Qué impacto produjo en vuestros padres, en Juli y en ti misma la noticia de su asesinato? ¿Cómo reaccionasteis?

El impacto fue terrible; a mis padres se lo comunicaron el párroco Justino Bajo, quien había oído la noticia por la radio, y una familiar. Llamaron también del colegio de las Agustinas Misioneras de León y comunicaron que había habido un atentado en Argel, sin más; pero pronto llegaron dos religiosas a casa de mis padres y su presencia y compañía fueron reconfortantes.

Mis padres quedaron deshechos, aunque la continua compañía de los familiares y de las religiosas Agustinas y de todo el pueblo, junto con algún fármaco apropiado, les alivió en su dolor. Mis padres no tomaron conciencia clara de la situación hasta pasados algunos días.

MI padre, de convicciones religiosas profundas, ante la muerte de Esther, en un gesto de confianza expresó su estado anímico con la frase: “Ay, N., mi vida ha terminado”. Y, ciertamente, yo desde entonces creía verle siempre con “una pena en los ojos”. Su vida cambió mucho y se volvió más retraído.

¿Cómo reaccionó el pueblo de Izagre ante este asesinato?

El Consistorio declaró un día de luto oficial. Pero, aparte esto, todo el pueblo se volcó en apoyo nuestro con su presencia e intentando llevar consuelo a mis padres, aparte la asistencia a la misa funeral y a otras que se celebraron por el eterno descanso de Tere.

También la familia agustiniana celebró en Izagre una misa funeral en la que concelebró un alto número de frailes. Allí estuvimos todos y gran parte del pueblo y de los pueblos vecinos. En la catedral de León monseñor Antonio Vilaplana celebró una misa en la que concelebraron en torno a 100 sacerdotes.

En la prensa fue noticia su muerte durante algunos días. ¿Crees que la prensa y otros medios de comunicación fueron buenos comunicadores de los hechos y trataron correctamente el asunto?

Al coincidir su asesinato con el día del DOMUND, 23 de octubre de 1994, el hecho adquirió sin duda una resonancia y difusión especial. Yo no pude leer cuanto apareció en la prensa, pero sí puedo decir que recibimos el pésame de muchas comunidades religiosas de casi todas las regiones de España y de otros países; incluso los mismos Reyes de España y otras altas autoridades nos enviaron sus mensajes de condolencia y apoyo.

¿Os sorprendió la noticia de que la Iglesia iba a beatificar a las dos monjas agustinas, a tu hermana y a sor Caridad Álvarez?

El 7 de mayo del 2000 Juan Pablo II ya las había proclamado mártires. Mi padre estaba entusiasmado en ir a Roma, pero tuvo graves problemas de salud y no le fue posible viajar a la Ciudad Eterna. De hecho, murió en el mismo 2000.

Para la Iglesia, beatificar a una persona significa que está con seguridad en el cielo y puede acudirse a ella como intercesora. ¿No te causa emoción una cosa así?

Desde mi fe no me veo en la tesitura de implorar a mi hermana nada, sino que para mí “Tere es Tere”, de carne y hueso. Quizá, cuando se tenga la ceremonia con la declaración oficial de su “santidad”, tenga que cambiar de chip, de forma de ver las cosas.

Seguro que, si vivieran tus padres, Dolores y Nicasio, no cabrían de contento ante esta noticia. ¿Qué te parece?

Todos los años en Casia, Italia celebran un acto de reconocimiento de alguna persona por sus méritos especiales en un orden u otro. En mayo de 1995 este acto de reconocimiento se lo hicieron a mi hermana y allí estuvieron mis padres conmigo. Por esto, sin pensar en la beatificación, todos estos actos de alguna manera te preparan para encajar la gran noticia de la beatificación. Quiero pensar que mis padres se emocionarían y no sabrían cómo reaccionar ni qué decir, sino volverían a revivir mil y una peripecia de la vida de Tere.

¿Cuáles son las últimas noticias que tenéis sobre el acto de la beatificación de Esther?

Al ser todos los mártires de origen francés salvo Tere y Cari, y coincidir en que monseñor Claverie, dominico, también mártir, fue obispo de Orán, la ceremonia de la beatificación va a ser, como ya ha aparecido en los medios de comunicación, en Orán, y los obispos de Argelia quieren transmitir el mensaje de que esta beatificación no es ningún ataque al Islam, sino una invitación a la paz y a la concordia, a construir un mundo de paz y unidad.

Sin duda, acudiréis las dos hermanas a la ceremonia de la beatificcación.

Sin duda; las dos y otros familiares próximos, aparte que de las Agustinas Misioneras irán muchas.

El tener una hermana mártir de la fe y, por esto, beata, sin duda lo consideras como un gran don de Dios, pero también, tal vez, como un revulsivo para la propia vida.

Aunque estoy jubilada soy voluntaria en Caritas Amorebieta y en otras actividades de la parroquia con gusto. Creo que mi Tere me está empujando. Dejo de verla en el patio de la casa de mis padres y creo que tengo una fuerza que me viene de ella. Algunas veces me toca atender a personas que son del mismo país y tipología de los que tirotearon a mi hermana, y me asalta la tentación de “¿a éstos también?” Pues sí, con la fuerza de la fe y el empuje de Tere, “a estos también”.

De aquí a poco podremos decir: ¡Beata Esther, ruega por nosotros! Bueno, tú dirás: ¡Hermana, ruega por…! ¿Cómo te suena esta expresión?

Cuando recemos las letanías de los santos ciertamente me va a asaltar el recuerdo, hecho oración, de Tere. Ciertamente la ceremonia va a ser un revulsivo importante para mí, como el Encuentro interreligioso en Lyon lo fue para mi hermana Juli en su vida de fe. Se le removieron muchas cosas.

Gloria, muchas gracias por tu comunicación que, sin duda, puede remover también a más de un lector.

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