CEAR Costa Rica: retos y compromisos con los más vulnerables de la sociedad

El último proyecto social del Centro de Espiritualidad Agustino-Recoleta de Costa Rica lleva por nombre Calle Esperanza. Aborda la problemática de las personas que se ven obligadas a hacer de la calle su hogar y su sala de espera, en una mezcla de incertidumbre y de impotencia, de riesgos e incertezas, con una vulnerabilidad extrema.
noticias | 26 sep 2018

Cada veinte días, el grupo de voluntariado del Centro de Espiritualidad Agustino-Recoleta de Costa Rica se prepara desde una semana antes de la intervención que van a realizar buscando ropa de abrigo, impermeables, alimentos y todo lo que ayude a mitigar el frío de una noche lluviosa en las calles de San José, la capital de Costa Rica.

Alrededor de 60 personas conforman este voluntariado, entre adultos y jóvenes. No pocas familias han descubierto en este tipo de voluntariado un lugar idóneo para la educación de sus hijos adolescentes, que así se abren a la realidad de los más vulnerables y viven en primera persona la felicidad de la acción solidaria. Toda una plataforma de aprendizaje de ida y vuelta, de retorno inmediato.

Esta reciprocidad es vibrante: de la calle se aprende un tipo de sabiduría que no se logra comprender en las aulas ni en los libros, una sabiduría que hace enmudecer los propios problemas, que empequeñecen rápidamente, que hiela y congela los sentidos porque calienta los sentimientos.

A solo unos meses de haber empezado esta acción solidaria, se reparte en cada salida alimentos calientes y ropas de abrigo a más de 150 personas. Pero sobre todo se abre un espacio de compañía, escucha y cariño, que se agradece tanto o más que el apoyo material para quien se siente desprotegido, en una sociedad que no es la suya pero en la que hay condiciones de paz y seguridad.

Los fondos para subsidiar cada salida son donados por los mismos integrantes del grupo, ya directamente, ya indirectamente, puesto que se encargan de buscar ayudas de diferente índole en instituciones, empresas, grupos humanos, círculo de amigos… En caso de faltar recursos, los fondos sociales del Centro de Espiritualidad Agustino-Recoleta cubren lo faltante para ofrecer un servicio solidario de calidad.

Las rutas por el centro de San José, la capital costarricense, incluyen tres o cuatro estaciones según los recursos con los que se cuenta para ese día. En todas ellas encontramos grupos humanos que viven en situación de calle, ya de modo permanente, ya obligados por las circunstancias por la espera, en grandes colas, hasta que abran las oficinas gubernamentales de inmigración.

El número de personas sin techo tiene una tendencia ascendente y alarmante ante la realidad actual del país vecino, Nicaragua, de donde una oleada de seres humanos van dejando atrás su terruño, su familia, su hogar y sus pertenencias; huyen de las balas perdidas y la violencia generalizada; muchos son jóvenes amenazados por la represión del poder en un país que va perdiendo a pasos agigantados su dignidad, su libertad. Para muchos la única opción es buscar refugio.

Costa Rica ha sido siempre un país de puertas abiertas. Ante esta nueva catástrofe social, las inmediaciones y calles adyacentes a las oficinas de migración y extranjería del Gobierno de Costa Rica se han convertido en un improvisado campo de refugiados. Cada fin de semana alrededor de 1.000 personas, desde el viernes por la tarde, empiezan a hacer filas para el lunes, a primera hora, conseguir una ficha que les permita ser atendidos.

La situación parece interminable y es incontrolable a veces. La calle no tiene las condiciones necesarias para suplir las necesidades de tantas personas durante casi tres días. En un pequeño restaurante aledaño cobran por el uso de uno de sus dos servicios sanitarios 200 colones (0,30€) por cada vez que alguien entra. Para una familia completa se convierte en una fortuna.

Las fuertes lluvias arrecian y complican la ya de por sí difícil situación de estas familias con niños, ancianos, jóvenes. Completamente mojados y con el frío nocturno aparecen las gripes, fiebres, dolores musculares. Las ONGs del país y grupos de solidaridad ayudan con lo que pueden: carpas para refugio del agua, alimentos…

El CEAR Costa Rica y la Familia Agustino-Recoleta en el país se han hecho presentes en esta situación mediante Calle Esperanza. Se han “especializado” en la entrega de ropa, comida caliente y agua potable, esto último gracias a un acuerdo con AYA, la empresa pública que gestiona el agua potable y el saneamiento en la ciudad. Por medio de este convenio, AYA entrega bolsas de agua potable que, a su vez, son distribuidas por Calle Esperanza a las familias.

Aunque se ha creado una plataforma telefónica para pedir cita en estas oficinas gubernamentales, muchos no tienen acceso a las comunicaciones telefónicas por falta de medios. Son los que se ponen en estas colas durante horas interminables con la esperanza de que su presencia física será más efectiva. En la calle y sin trabajo, los recursos que se han traído se acaban rápido.

La Familia Agustino-Recoleta ha respondido con generosidad. El CEAR dedica todo su apoyo a sus voluntarios, y también recursos. La Fraternidad Seglar Agustino-Recoleta se ha volcado ofreciendo ayuda material y contactos de apoyo. El Postulantado San Ezequiel Moreno de Pozos de Santa Ana se ha convertido en un centro de acopio, almacenamiento y distribución. La Parroquia de la Inmaculada Concepción de esa misma localidad no falta en su tarea de recoger bienes para esta acción solidaria.

Calle Esperanza nació para servir a las personas sin techo. En un primer momento el perfil común era el de personas indigentes, dependientes de diversas adicciones, parados de larga duración… Pero la situación del país vecino ha cambiado por completo el panorama, trayendo a las calles familias completas. Las calles de San José han cambiado de paisaje y hoy hasta el indigente comparte su manta y sus cartones al ver el sufrimiento y la incertidumbre de sus nuevos vecinos.

La Familia Agustino-Recoleta, al modo de Agustín y con los valores de la Recolección, también busca crear comunión y crear esperanza.

Nicaragua y Costa Rica

En las últimas semanas han aparecido en los medios de comunicación nacionales de Costa Rica e internacionales las nuevas tensiones generadas en el país por la afluencia masiva de nicaragüenses que huyen en masa tras haberse deteriorado gravemente la convivencia social. La misma Iglesia ha salido a rebatir comentarios insolidarios o xenófobos, mientras la mayor parte de la sociedad ha apoyado a los huidos.

El conflicto en Nicaragua comenzó a raíz de las nuevas propuestas del Gobierno sobre el régimen de pensiones. Las protestas desencadenaron violencia por parte de las autoridades hacia la población, en especial los estudiantes y habitantes de zonas rurales.

En los primeros tres meses de conflicto murieron al menos 400 personas. La misma Iglesia Católica nicaragüense fue una de las principales dianas para el Gobierno y el partido que lo sustenta.

Costa Rica ha recibido a los huidos por un triple motivo: primero, que es fronterizo con Nicaragua; segundo, porque goza de relativa estabilidad económica y política, servicios de protección social y promoción de derechos humanos; y tercero porque es uno de los trampolines y puente migratorio hacia Estados Unidos y Canadá, países con los que mantiene un nivel de relaciones mucho mayor que sus vecinos.

El Director General de la Organización Internacional para las Migraciones, William Lacy Swing, dice que “la migración no es un problema que hay que resolver, sino una realidad que hay que gestionar. La migración o movilidad humana a gran escala es inevitable, necesaria y deseable”.

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