“Es la hora de ponerse manos a la obra para construir una Iglesia más sinodal, inclusiva y abierta al diálogo con el mundo, pobre, servidora y testigo del Evangelio”

Con motivo de la celebración de sus bodas de oro sacerdotales y de una reciente visita al Papa Francisco, el agustino recoleto Eusebio Hernández, obispo de Tarazona (Zaragoza, España), ha ofrecido una entrevista al medio Iglesia en Aragón, que reproducimos a continuación.
testimonios | 16 jul 2018

Con 11 años, al entrar en el seminario, el agustino recoleto Eusebio Hernández (Cárcar, 1944) tenía claro que quería entregar su vida a los demás. Sin embargo, no imaginaba un plan de Dios tan polifacético: religioso, sacerdote, miembro de la Curia Romana durante 35 años y, desde 2011, obispo.

El hoy pastor de la Diócesis de Tarazona repasa para Iglesia en Aragón su intensa trayectoria con motivo de las bodas de oro sacerdotales, que celebró el sábado 7 de julio en el convento noviciado de Monteagudo (Navarra) y al día siguiente en la catedral de Tarazona.

Acaba de reunirse con el Papa. ¿Qué le ha dicho Francisco?

El 19 de junio tuve la fortuna de concelebrar en Santa Marta la Eucaristía con él. Lo encontré lúcido y en muy buen estado de salud. Después me concedió una audiencia personal. Fue un encuentro privilegiado, de media hora, en el que compartí mis preocupaciones e ilusiones de la Iglesia y de mi pequeña Diócesis de Tarazona.

Le transmití que su carta programática Evangelii Gaudium me había ayudado mucho en mi servicio pastoral. Además, le comuniqué el compromiso de la iglesia de Tarazona y Aragón de rezar por él y con él.

Religioso, sacerdote, obispo... Medio siglo da para mucho…

Tenía 23 años cuando recibí esta gracia sacramental y estos 50 años han pasado tan rápidamente que parece que fue ayer. Me sigue preocupando encontrarme con la cesta de la vida vacía. Por eso, cada día le pido al Señor en mi oración que fortalezca mi fe, renueve mi ilusión a seguirle con radicalidad y me ayude a extender su Reino. Esa es mi súplica cotidiana, mi deseo más profundo.

¿Qué ha aportado la Orden de Agustinos Recoletos a su ministerio?

Los Agustinos Recoletos somos herederos de la forma de vida suscitada por san Agustín (354-430). Viviendo la vida fraterna en comunidad, queremos seguir a Cristo, casto, pobre y obediente. Buscamos la verdad y estamos al servicio de la Iglesia, nos esforzamos por crecer en la caridad según el carisma de san Agustín. Los tres aspectos constitutivos del carisma son el amor contemplativo, el amor ordenado comunitario y el amor difusivo apostólico.

¿Cómo se integra ese carisma religioso en la vida sacerdotal y episcopal?

Ante todo, somos discípulos del Señor y estamos llamados todos a vivir el Evangelio de Cristo. “Yo soy el camino” (Jn 14,6). Es Él el que nos ha llamado a todos y nos une. El sacerdocio es el mismo, aunque el religioso lo ejerce siguiendo el carisma de su fundador y viviendo en una comunidad.

Como obispo, quizás lo que más eche en falta es no tener una comunidad de referencia y de vida. Pero tengo la suerte de tener en Monteagudo, a diez minutos de Tarazona, una comunidad de Agustinos Recoletos y, siempre que puedo, me acerco a compartir un tiempo con ellos.

Llegó a Tarazona desde Roma, tras ser nombrado obispo por Benedicto XVI en 2011. ¡Menudo cambio!

Fui sorprendido por el Señor cuando me encontraba en la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, en la que trabajaba desde 1975. Mi vida en Roma estaba plagada de ocupaciones, con la formación de los religiosos, reuniones de obispos, viajes…

Al recibir la propuesta del Santo Padre, un 10 de enero de 2011, me quedé parado, sin saber muy bien qué decir, pero enseguida me vino a la mente una frase de san Agustín: “Si la Madre Iglesia pide vuestra ayuda, obedeced a Dios con humilde corazón”. 

¿Qué huella le han dejado estos siete años en Tarazona?

Siento una inmensa gratitud y alegría, porque como pastor de la diócesis de Tarazona, estoy cubriendo el vacío que sentía de una vida pastoral más intensa y cercana con el pueblo. Disfruto al compartir las inquietudes y gozos, los sufrimientos y esperanzas de la gente sencilla.

Me encuentro feliz entre mis sacerdotes; hemos formado verdadera fraternidad sacerdotal. Lástima no tener algunos años menos para poder gastarme y desgastarme más en estos pueblos marginados y sencillos de esta Diócesis pequeña, pero muy querida.

¿Qué le gusta hacer en sus ratos libres?

Aunque es poco ese tiempo, tengo aficiones que me ayudan a desconectar y descansar. Soy muy amante del deporte. Por eso, suelo hacer media hora de ejercicio al día. Y, siempre que puedo, veo fútbol, tenis, pelota… También soy un apasionado de la lectura. Me gusta estar al día y leer sobre los temas de actualidad para entender la mentalidad y los intereses de la gente.

¿Cómo sueña el futuro de la Iglesia?

La esperanza de la Iglesia ha sido y sigue siendo el Señor de la historia, la fuerza del Espíritu y la presencia fecunda del Evangelio. Es la hora de ponerse manos a la obra para construir una Iglesia más sinodal, inclusiva y abierta al diálogo con el mundo y con otras confesiones religiosas.

Una iglesia pobre, servidora, testigo del Evangelio que comparta la vida y sus bienes con los más desfavorecidos de la tierra, portavoz profética ante las injusticias y el sufrimiento.

Como dice el papa Francisco, “una iglesia en salida”, que mira fuera, a los lejanos de nuestro mundo. No se avecinan tiempos peores ni mejores, sino diferentes.

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