Domingo XIV del tiempo ordinario: Hasta el fondo

«El pasaje de hoy nos obliga a examinar nuestra fe en Jesús. Pensar que lo sabemos todo sobre su vida, su persona, su época, puede llevarnos a infravalorarlo, considerándolo un profeta más o un maestro religioso. Pero en un profeta o un maestro no se cree, ni él puede darnos la vida eterna. A Jesús no se le puede entender desde fuera. Hay que entrar en contacto con él. Dejar que vaya introduciendo poco a poco en nosotros la alegría de vivir, la compasión o la voluntad de crear un mundo más justo».
Roberto Sayalero Sanz pastoral | 08 jul 2018

El lenguaje de señas y el braille han facilitado la integración de sordomudos y ciegos. A través de signos, gestuales o impresos, unos y otros pueden sortear con solvencia el muro de su aislamiento. Jesús empleó también un lenguaje de signos pero no pudo romper con él la dura mollera de sus paisanos. En el evangelio del domingo pasado Jesús utilizaba un lenguaje más instantáneo y elocuente: el de la piel.

Los habitantes de Nazaret son incapaces de reconocer la novedad. Se sorprenden por la sabiduría y el poder curativo de Jesús, pero el hecho de que sea su paisano, de que conozcan a su familia, les llena de prejuicios y les impide abrirse con confianza. No se dejaron enseñar por él, ni se abrieron a su fuerza curadora. Jesús no pudo acercarlos a Dios, ni curar a todos como él hubiera deseado. El factor de confianza, de familiaridad, de ser el hijo del carpintero, causa entre sus paisanos desprecio. “O sea que este me va a decir a mí lo que tengo que hacer”, decían. ¡Cuántas veces nosotros despreciamos lo que nos puedan decir aquellos que más nos quieren y asentimos a todo lo que nos viene de fuera! Muchas veces nos empeñamos en echar a Dios de la historia, cuando lo que Él trae es una oferta de libertad para todos.

Jesús no era un pensador que explicaba una doctrina, sino un sabio que comunicaba su experiencia de Dios y enseñaba a vivir bajo el signo del amor. No era un líder autoritario que imponía su poder, sino un curador que sanaba la vida y aliviaba el sufrimiento.

Un último detalle: hablar de Jesús, es hablar de un profeta, y hablar de un profeta es hablar de libertad, de independencia. Los evangelios nos presentan a Jesús huyendo de la palmada en la espalda. La única vez que aparece aclamado por las gentes es en su entrada en Jerusalén camino de su triunfo definitivo. En el resto de las ocasiones, a pesar del entusiasmo de la gente, Jesús huye, no se recrea en él. Quiere vivir su independencia.

El pasaje de hoy nos obliga a examinar nuestra fe en Jesús. Pensar que lo sabemos todo sobre su vida, su persona, su época, puede llevarnos a infravalorarlo, considerándolo un profeta más o un maestro religioso. Pero en un profeta o un maestro no se cree, ni él puede darnos la vida eterna. A Jesús no se le puede entender desde fuera. Hay que entrar en contacto con él. Dejar que vaya introduciendo poco a poco en nosotros la alegría de vivir, la compasión o la voluntad de crear un mundo más justo. Dejar que nos enseñe a vivir en la presencia amistosa y cercana de Dios. Cuando uno se acerca a Jesús, no se siente atraído por una doctrina, sino invitado a vivir de una manera nueva. Que esa y no otra es la clave del seguimiento y la adhesión de la fe. Vivir y no solo cumplir unas normas desencarnadas. Vistas así las cosas, la eucaristía de cada domingo será para nosotros un momento de encuentro y de novedad, que nos renueve y no sólo un elenco de ritos enlatados y monótonos.

Es importante que penetremos hasta el fondo en la figura de Jesús. Si hacemos como los nazarenos somos muy creyentes en Dios, pero a nosotros la novedad y el sentido último de nuestra existencia nos lo trajo Jesús. Tenemos que abrirnos a lo nuevo, sin prejuicios ni sospechas. Debemos mantener ágil la cintura de la fe para evitar estancarnos en las doctrinas huecas de las que hace años que escapó la frescura del evangelio. Ojalá no perdamos la capacidad de sorpresa pues será la garantía de que nuestra fe está viva, de forma que los encuentros con Jesús sean sonantes, pues de otra manera seremos meros espectadores de un algo que creemos pero que no vivimos.

Síguenos en facebook twitter youtube Español | Portugués | English Política de privacidad | Webmail

Agustinos Recoletos. Provincia de San Nicolás de Tolentino.

Paseo de la Habana, 167. 28036 - Madrid, España. Teléfono: 913 453 460. CIF: R-2800087-E. Inscrita en el Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia, número 1398-a-SE/B. Desarrollado por JustMónica para OAR Agustinos Recoletos. Provincia de San Nicolás de Tolentino. © 2018.