“Me sentí llamado a colaborar, en la medida de mis posibilidades, dando certeza al proceso de elección”

Son palabras de Héber Hermosillo Sánchez, un joven chihuahuense de veintinueve años, ingeniero, comprometido en el trabajo de pastoral en la parroquia de Chihuahua, su ciudad natal, principalmente como animador de las Juventudes Agustino-Recoletas. Su compromiso se extiende también a otros ámbitos de la vida, sean de carácter social, lúdico o político. En este ámbito intervino como observador electoral en las últimas elecciones llevadas a cabo en el país mexicano. De este último asunto hablamos con él.
Héber Hermosillo testimonios | 08 jul 2018

Cuéntanos algo sobre lo que sucedió el 1 de julio en México

El 1 de julio fue un día muy importante para México, un día que seguramente pasará a la historia. En primer lugar, porque se llevó a cabo la jornada electoral más grande en la historia del país: se eligieron más de 3400 cargos públicos de todos los niveles de gobierno: alcaldes, síndicos, diputados locales, diputados federales, senadores, gobernadores y, tal vez, el más relevante, el de presidente de la República Mexicana.

También fue muy importante por la alta participación ciudadana. En México no es obligatorio el voto, cosa que ha favorecido el abstencionismo en muchas otras elecciones; en esta ocasión, aunque votó solamente el 63.4% de quienes podían hacerlo, estamos hablando de más de 56 millones de personas que acudieron a las urnas.

Y otra cosa por la que esta jornada fue histórica, sin entrar en mayores consideraciones, es porque el candidato ganador, lo hizo con una abrumadora ventaja. Además de ser la primera ocasión en que se impone el candidato de un partido político de izquierda.

Tú, participaste como un observador electoral: ¿Qué es un observador electoral?

Así es. Las elecciones en México son organizadas por un instituto autónomo a las diferentes instancias de gobierno; sin embargo, la mayor parte del proceso es efectuada por ciudadanos voluntarios. Participé primeramente por una razón práctica, ya que es más de un millón de personas las que se necesitan para administrar las casillas en el momento de la votación, y, segundo, por una razón de certidumbre: son los ciudadanos los que realizan, vigilan y cuentan los votos, dando certeza al proceso.

El observador electoral es un ciudadano voluntario, sin ningún tipo de retribución económica, que se certifica ante el Instituto Nacional Electoral, para observar todo el proceso de las elecciones y poder reportar cualquier irregularidad del mismo, en caso de darse.

¿Qué te motivó a ello?

Fueron dos razones. La primera, trabajo en una asociación civil que promueve el liderazgo y el desarrollo humano en todos los niveles con el fin de generar un impacto social, y una de las realidades donde vemos mayores áreas de oportunidad para el desarrollo es la de la participación social vinculada a política pública. No me sentía capaz de promover la participación cívica sin antes conocer a fondo uno de sus ejes más importantes, que es la elección de los representantes y funcionarios públicos,

Y la segunda -no es desconocido para la mayoría-, la fuerte lucha mediática entre los contendientes de las diferentes posiciones políticas. Estaba seguro que quien resultara electo, sobre todo, como presidente de la República, tendría prácticamente a la mitad de la población en contra. Por lo que me sentí llamado a colaborar, en la medida de mis posibilidades, dando certeza al proceso de elección. Creo que, si las instituciones, en este caso la electoral, no tienen credibilidad, difícilmente se podrá hablar de democracia; o en todo caso, sería una democracia fallida que traería una convivencia social demasiado problemática.

¿Qué fue lo que más te impresionó en tu función como observador electoral?

Realmente fue una experiencia muy enriquecedora. Me di cuenta de la complejidad del proceso electoral. Normalmente conocemos el resultado, pero no todo el trabajo que hay de fondo.

Si tuviera que resumir en dos impresiones, lo haría en una satisfactoria y en una decepcionante.

Me decepcionó que muchos ciudadanos que habían sido elegidos y confirmados como funcionarios de casilla no se presentaron para cumplir con el encargo, haciendo no sólo difícil el arranque de la votación, sino, sobre todo, demostrando el poco interés en un acto que redunda en bien de todos los ciudadanos.

Por otro lado, me satisfizo y me generó alegría, encontrarme con muchos otros ciudadanos que cumplieron su labor con una actitud de verdadero servicio, recibiendo siempre con una sonrisa a quienes acudían a votar, generando un clima de mucha cordialidad y hasta diversión que superó cualquier rivalidad política.

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