Charles Huse, agustino recoleto: “Lo único que verdaderamente importa es que nos tenemos los unos a los otros”

Nació en Omaha (Nebraska) en 1935 y ha sido durante el 127º Capítulo Provincial de la Provincia de San Nicolás de Tolentino el primer escrutador, por ser el mayor en profesión, y encargado de hacer pública la lectura del acta de confirmación del prior provincial. Su estancia durante su juventud en Marcilla o colaborando con el gobierno de la Orden o de la Provincia de San Agustín durante 20 años, hacen que su experiencia sea rica para todos. Hemos conversado con él para tener un poco de su testimonio.
testimonios | 30 may 2018
Nos encontramos con Charles Huse en la conocida como “luna”, uno de los dos claustros del convento de Marcilla (Navarra, España), situado en la parte que ocuparon durante décadas los estudiantes de Teología. Aquí conversaban y descansaban entre clase y clase, situadas las aulas en la planta baja de este claustro ajardinado.
Estamos aquí, en Marcilla, durante la celebración del 127 Capítulo Provincial de la Provincia de San Nicolás de Tolentino. Huse conoce bien este claustro, porque en Marcilla estuvo estudiando entre 1957 y 1961.
Charles es el miembro más veterano de los religiosos capitulares procedentes de la antigua Provincia de San Agustín; y también es el religioso mayor en profesión dentro del Capítulo, por lo que ha ejercido, como viene siendo tradicional, como primer escrutador; su función, acompañado de otros dos escrutadores, era contar los votos y comunicar el resultado en la sala capitular; así como leer el acta de confirmación del nombramiento del prior provincial en la ceremonia oficial de profesión de fe, confirmación y abrazo de aceptación de la comunidad.
Huse nació en el medio Oeste americano, en Omaha (Nebraska) en 1935. Profesó como agustino recoleto en 1953 en Kansas City, y estudió la filosofía y teología entre Kansas City, Suffern (Nueva York) y Marcilla (Navarra, España).
Posteriormente, una vez ordenado sacerdote en 1961, estudió en la Universidad Católica de América en Washington D.C. y dedicó los primeros años de su servicio a la formación de candidatos, como prefecto de estudios en Norfolk (Virginia), maestro de novicios y prior del noviciado en Kansas City y, ya años más tarde, prior del seminario Casiciaco de la Provincia de San Agustín en Ciudad de México (1986-1991).
El otro gran espacio de trabajo de Huse ha sido el área de gobierno y servicio a sus hermanos religiosos en la administración, a lo que ha dedicado 26 años de su vida; fue prior provincial durante 12 años, secretario provincial, y durante siete años sirvió en el gobierno general de la Orden en Roma.

Su experiencia en Marcilla ha sido una de las más importantes para su modo de amar a la Orden religiosa a la que pertenece.

Hay tantos recuerdos, incluso de este árbol podría contar algunas historias. Pero lo principal es que ha sido un tiempo básico, esencial de mi formación; estudié teología, tuve excelentes profesores y al padre Serafín Prado como prior, pero lo que me pasó aquí no estaba preparado de antemano ni lo podría haber previsto: una visión totalmente nueva, una experiencia nueva de la Orden que me cambió la identidad; de venir de una ‘colonia’ de habla inglesa de la Orden, me encontré de repente en una comunidad internacional y en una comunidad fraterna que me cambió no solo la visión, sino el compromiso y la forma de vivir mi vocación, el gusto de ser agustino recoleto. En realidad, creo que cambió todo mi ministerio.

Aquí encontré lo que no había experimentado: una comunidad internacional, verdaderamente fraterna y de comunión; fue el año 1957, hace ya 61 años; vine como profeso solemne; era una comunidad muy numerosa, más de un centenar, con el profesorado incluido, y estudiantes de todo el mundo; estaban los estudiantes teólogos de las Provincias de San Nicolás de Tolentino y de San José, que aún estaban entonces edificando su casa de formación en Salamanca y por ello tenían aquí a sus estudiantes.

Sobre todo estaba la fraternidad: no teníamos nada, pero nos teníamos los unos a los otros

Aquí había irlandeses e ingleses, que nos ayudaron mucho a acomodarnos porque no hablábamos español, pero también los filipinos de la Provincia de San Nicolás. Había venezolanos y peruanos de San José.

Tuve, en fin, la experiencia de una comunidad internacional, la visión de la Orden como mundial y como comunión de gente de varias nacionalidades. Y, sobre todo eso, estaba la fraternidad: no teníamos nada, ni televisión, ni radio, ni periódicos, ni revistas, ni siquiera había sillas para todos en la sala de recreo. Pero nos teníamos los unos a los otros, y esa fue la experiencia más preciosa que aprendí aquí: no importan nada las cosas materiales, lo que verdaderamente importa es que nos tenemos los unos a los otros.

Como prior provincial durante 12 años, ¿cómo ve el modo de vivir los Agustinos Recoletos el consejo evangélico de la obediencia?

Creo que actualmente es muy buena esta forma de vivir la obediencia consultiva respecto a una más directiva. En mi tiempo como prior provincial éramos mucho más directos. Aunque es bueno sacrificar la propia voluntad y decirle al Señor “lo que Tú quieras que se exprese en la voluntad del superior”, también es importante discernir.

Este discernimiento de la obediencia es completo cuando se hace mediante la conversación y se completa el diálogo entre el prior y el individuo con el diálogo entre el prior y la comunidad.

La obediencia no es solo “lo que el prior quiere que yo haga”, sino que deben buscarse siempre las responsabilidades y obligaciones desde el panorama completo de la comunidad, ayudado por el prior.

Así conseguimos cosas que influyen mucho en la vida del religioso; en mi caso, por ejemplo, haber venido a estudiar aquí a Marcilla, algo que tanto ha influido a posteriori en mi vida.

Efectivamente, pienso que hemos crecido en la forma de practicar la obediencia, siempre que se moderen las tendencias de ir más allá hasta solo ver la propia voluntad, con lo cual tampoco estaría de acuerdo.

¿Y cómo fue su experiencia de formador?

La comunidad Casiciaco de la Ciudad de México era una comunidad muy variada. Tuvimos jóvenes de la región en el seminario menor, pero también teólogos que llegaban desde Marcilla y estudiaban en la Universidad Pontificia de México, algunos porque no tenían aún visado para Estados Unidos y otros porque se quería que aprovechasen ese tiempo para mejorar su español. Entre ambos grupos se ayudaban mutuamente, tanto postulantes como ya profesos.

Tengo 83 años, y todo lo que he hecho en la vida me ha ido formando a mí.

Lo que aprendí de la formación en esos años es que en ella participamos todos. Realmente los estudiantes se ayudaban unos a otros; y era en las reuniones de comunidad donde más claramente se veía que toda la comunidad es formativa; teníamos pláticas personales, homilías o encuentros más personales, pero la comunidad entera cooperaba en la formación.

Además eso nos formaba a los propios formadores. Tengo 83 años, y todo lo que he hecho en la vida me ha ido formando a mí.

¿Cómo está viviendo este proceso de reestructuración, revitalización y unión de Provincias?

Cuando fui prior provincial la primera vez, tenía 40 años, y éramos una comunidad numerosa y extendida; creo que yo era el número 44 por orden de profesión, de un total de 110. Teníamos casas en Estados Unidos (en muchos lugares donde ahora ya no estamos) y en la República Dominicana.

El cambio ha sido grande, pero quiero distinguir entre lo que son meras palabras y los que sí es esencial.

Cambiar de Provincia a Vicaría podríamos decir que es como mudarse de una casa grande a una más pequeña; pero eso son solo palabras.

La esencia es, y creo que no hablo solo por mí sino por todos los que formábamos la Provincia de San Agustín, que estamos contentos y animados por ser otra vez una comunidad más amplia, que tiene una experiencia mejor de comunión.

En Estados Unidos estábamos pocos religiosos de dos provincias; no tenía mucho sentido. Ahora nos unimos como hermanos, y también en una experiencia mejor para todos los ministerios y la misma Administración y Gobierno de la Orden.

nos encontramos en una nueva experiencia de abrazarnos unos a otros… ¡adelante!

Estoy aquí, en un Capítulo Provincial de la Provincia de San Nicolás de Tolentino en Marcilla porque somos más grandes. Me lo expresó un capitular de los que ha venido conmigo de Estados Unidos el otro día: “veo que estamos haciendo muy bien, nos sentimos convencidos y optimistas”.

Ahora bien, claro que queda algo de vacío, lógico que está la emoción que encontramos en todo lo que humanamente hacemos. Pero a lo largo de mi vida ya muchas veces he votado cosas convencido de que era lo bueno para la Orden, aunque me doliese, aunque se sienta una pérdida o un vacío, como cuando se te muere un familiar.

Pero la vida sigue y sabes que es bueno lo que pasa, y que tiene que pasar; hay algún vacío, pero creo que hablo por todos: nos encontramos en una nueva experiencia de abrazarnos unos a otros y… ¡adelante!

Y no digo esto como si fueran meras palabras, sino por lo que verdaderamente cuenta: que estamos juntos y nos tenemos unos a otros.

¿Cómo explicar a los laicos esta realidad de la reestructuración y la unión de Provincias?

Lo primero, creo que no debemos perder tiempo o crear incomprensiones o dificultades a los laicos con nuestra ingeniería canónica o legal sobre las diferencias entre ser Vicaría o Provincia.

Debemos decirles, por el contrario, que nos reestructuramos. Quizá la única dificultad importante será explicar por qué dejamos la casa provincialato de West Orange (Nueva Jersey); pero la gente nos identifica en todas partes y creo que incluso eso lo podrán entender aunque sea difícil.

No vamos hacia algo más pequeño, sino mayor, con más miembros, más comunidades y lo único negativo de forma concreta será que dejamos esa comunidad donde estamos profundamente enraizados.

Pero no perdamos tiempo con disquisiciones canónicas: nos reestructuramos para ser más. Incluso hemos de pensar que nuestro mayor y más estrecho contacto con los fieles católicos, los miembros de la Fraternidad Seglar, están ansiosos porque saben que es un movimiento hacia delante, que va a ensanchar nuestro mundo recoleto y nuestra forma carismática, ellos así lo ven.

¿Unas últimas palabras para los lectores de AgustinosRecoletos.org?

Quisiera decir a la comunidad provincial de San Nicolás de Tolentino que apreciamos esta unión de todos nosotros, que estamos con vosotros y creemos en vosotros, del mismo modo que esperamos que estéis con nosotros y creáis en nosotros. Debemos ser optimistas porque es un camino que nos hace ir juntos hacia el frente.

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