"Gracias al Centro Esperanza me he integrado, busco ser una mejor persona y he dejado de sentirme discriminado por el color de mi piel y la pobreza de mi familia"

El 5 de marzo comenzó la actividad ordinaria del curso 2018 en el Centro Esperanza de Pauiní, con 180 alumnos matriculados repartidos en dos turnos, que pueden acceder a algunos de los seis talleres ofertados más el refuerzo escolar de apoyo a la enseñanza formal.
noticias | 13 mar 2018
El Centro Esperanza de Pauiní (Amazonas, Brasil), centro socioeducativo de los Agustinos Recoletos que proporciona enseñanza semiprofesional, apoyo escolar, alimentación y ocio sano a los menores de edad de esa localidad brasileña, abrió sus puertas a 180 jóvenes el pasado 5 de marzo, repartidos en dos turnos, dentro del curso 2018.

La ceremonia de apertura del curso tuvo lugar en el salón principal, un acto en el que el agustino recoleto Joseph Shonibare comunicó las novedades del curso 2018 e invitó a los jóvenes a disfrutar y aprender mucho durante el año.

Los diferentes facilitadores, monitores y personal de apoyo también dieron la bienvenida a todos los alumnos. Los talleres que este año pueden cursar los alumnos son informática, artesanía, pintura, música, cocina y croché.

Los alumnos aprenden en el taller de lunes a jueves, excepto la hora semanal asignada para el refuerzo escolar, donde se busca que mejoren el rendimiento de la enseñanza formal. Es de reseñar que es obligatorio asistir a la escuela para tener una plaza gratuita en el Centro Esperanza.

Los viernes conviven todos juntos en el gimnasio y realizan diversas actividades deportivas, lúdicas, siempre en un ambiente seguro y sano, alejado de las calles y protector frente a las múltiples agresiones y conculcación de derechos que sufren la infancia y la adolescencia en esa región.

En dos turnos, el inicio de actividades cotidiano se hace en el salón principal del Centro Esperanza, todos juntos. Tras una pequeña oración, durante 45 minutos se lleva a cabo una formación sobre valores sociales, prevención sanitaria, derechos humanos, o cualquier otro asunto que se crea conveniente según la actualidad o la necesidad.

Después los alumnos se dividen y van a los talleres asignados, durante las dos horas siguientes. La media jornada de estancia en el Centro (que coincide con el periodo en que no están en clase en la escuela formal) termina con el reparto de una merienda conjunta y se procede a la limpieza de todas las instalaciones.

Nadie mejor que quienes están involucrados en el Centro Esperanza pueden expresar qué significa para ellos y con qué espectativas comienzan el nuevo curso. María, vicedirectora del Centro es junto con Mónica, la profesora de refuerzo escolar, las más antigua de entre los monitores. María comenzó también como profesora de refuerzo escolar de los pequeños, y más tarde pasó a organizar y enseñar en el taller de cocina. Así explica su tarea:

— “No siento que esté en un trabajo, sino en una auténtica misión. Sé que ahora tengo que hacer cosas de administración, pero quiero estar con los alumnos y con las familias. Hay muchos problemas en las calles de Pauiní y nuestra misión es ayudar a cada uno de nuestros jóvenes y adolescentes a que den un rumbo para sus vidas, que su lucha y su futuro tengan sentido”. —

Inglys estuvo en el centro como estudiante durante más de 10 años, desde que tenía siete. El curso 2017 fue el último para ella como alumna, así que en el 2018 ha querido continuar ligada al Centro, pero ahora como voluntaria:

— “El Centro Esperanza me produce un sentimiento profundo de agradecimiento. Yo vivía sin esperanza y ahora que la tengo quiero compartirla. El Centro ha sido mi vida y una de las cosas que aprendí en él es que quien puede ayudar a los otros, debe ayudar; y por eso estoy de nuevo aquí”. —

Francisco lleva seis años como alumno del centro y comienza en este 2018 su último curso, puesto que con la mayoría de edad tendrá que dejar su puesto a otro. Para él cada uno de estos cursos ha sido algo muy especial:

— “El Centro Esperanza me ayudó especialmente en cuanto a mis relaciones sociales. Antes me sentía discriminado por el color de mi piel y por la pobreza de mi familia. Gracias al Centro he podido integrarme en la sociedad, ser una mejor persona y salir de algunos problemas personales en los que estaba”. —
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