Los Agustinos Recoletos en Pauiní denuncian por las redes sociales la inacción del gobierno local con los adolescentes del municipio

"Acha Esperança!", "Encuentra esperanza". Son las palabras que, a través de las redes sociales, titulaban una larga reflexión de los Agustinos Recoletos que trabajan en la misión de la Parroquia de San Agustín de Pauiní (Amazonas, Brasil), antes la inacción y el engaño al pueblo de los gobernantes, en una situación política extremadamente difícil.
noticias | 08 mar 2018
Los Agustinos Recoletos trabajan desde 1949 en la región de Pauiní (Amazonas, Brasil), situada en mitad de la selva amazónica, en una región sumamente aislada del país. Es el municipio más pobre y con peores condiciones de vida para la población de los cuatro que forman la Prelatura de Lábrea.

Desde que se instituyó el Centro Esperanza, espacio socioeducativo para los adolescentes del lugar que ofrece apoyo escolar, alimentación, formación semiprofesional, formación artística, deporte y ocio sano, las autoridades locales se ofrecieron a apoyar la iniciativa dada la extrema necesidad de los jóvenes del municipio, aprisionados por la falta de oportunidades, las bandas y grupos delictivos, el abuso y la explotación que sufren y la carencia de apoyo público.

Ahora, los Agustinos Recoletos de la comunidad local han publicado en una conocida red social la “historia de las promesas no cumplidas del Ayuntamiento con el único proyecto social para adolescentes y menores vulnerables de Pauiní, el Centro Esperanza”.

Se trata de concienciar a la población sobre los graves problemas que la inacción política, cuando no la corrupción y hasta la violencia institucional, han creado en la sociedad local. A partir de aquí, se enumeran todas estas gravísimas faltas de ética y de compromiso social del gobierno local.

En el año 2012 se llegó a aprobar en la Cámara Municipal, el órgano legislativo de los municipios brasileños, una Ley de Colaboración del Municipio con el Centro Esperanza de Pauiní, que obligaba al ejecutivo a apoyar la financiación del Centro con cargo al erario público; al tiempo que el Centro se comprometía a mantener las instalaciones y acciones propias para ayudar a los jóvenes y adolescentes en sus múltiples carencias y dificultades.

Desde entonces, los años 2013 y 2014 la financiación no cubrió lo indicado por la ley, fue parcial; y los años 2015 y 2016 no hubo ningún tipo de repase financiero.

No era de extrañar, cuando se supo a partir de mayo de 2016, gracias a la actuación de la Policía Federal brasileña con una operación llamada “Cartas chilenas”, la extensa red de corrupción que sufría el gobierno ejecutivo local. No había dinero para el Centro Esperanza, ni para casi nada, porque se robaba.

En junio de 2016 se instituye un nuevo ejecutivo, dado que en el anterior casi todos los miembros fueron procesados judicialmente. Lo que no cambió fue la financiación pública del centro, que pese a las promesas efectuadas de forma pública por los nuevos gestores en los meses de junio, julio y agosto, fue del mismo guarismo en reales brasileños que en euros: cero.

De agosto a octubre de 2016 tuvo lugar la campaña electoral para las elecciones municipales y estatales en todo Brasil. Varios de los candidatos pusieron en sus bocas el Centro Esperanza de Pauiní, prometiendo la llegada de fondos para cumplir la ley del 2012.

Tras las elecciones, el nuevo equipo de gobierno salido de las urnas prometió que en enero de 2017, una vez que tomase posesión del cargo, comenzaría a cumplir la ley del 2012 y apoyar la financiación del Centro.

El primer trimestre de 2017 no se cumplió, bajo la excusa de que debían aún ajustar la Hacienda local y los presupuestos a la situación real de las arcas municipales, dada la situación en que fue encontrada. Solo en mayo se comienza a hablar de un convenio de 91.000 reales (alrededor de 23.000 euros) aplicados en siete entregas.

El 12 de junio de 2017, se firmó dicho convenio de un modo público, aprovechando la presencia del obispo de la Prelatura de Lábrea, el agustino recoleto Santiago Sánchez, se hizo un “acto protocolario” con la presencia del ejecutivo y el legislativo locales y una buena campaña de comunicación política por parte de los miembros del gobierno. En este link se puede ver cómo fue anunciado a bombo y platillo.

En junio y julio, y después en noviembre, hubo efectivamente tres repases financieros de 13.000 reales brasileños (3.250 euros) cada uno de esos meses. Pero el resto de meses (agosto, septiembre, octubre, diciembre de 2017 y enero y febrero de 2018) el Ayuntamiento incumplió el convenio de 2017 y la Ley de 2012.

De los 91.000 reales firmados y comprometidos en el presupuesto, solo se han entregado de facto 39.000, poco más del 40%. El día 2 de marzo, la Cámara Municipal, el legislativo, anunció que se trataría en el pleno una propuesta para el Centro Esperanza. ¿Cambiará en marzo este incumplimiento por el que sufren los beneficiarios del Centro, los adolescentes más vulnerables de la ciudad?

El prior de la comunidad agustino-recoleta, Joseph Shonibare, concluía su denuncia con palabras de esperanza:

“A pesar de esta historia trágica, como cristiano no pierdo la esperanza porque para Dios nada es imposible; la esperanza es lo único que no va a morir. Buscamos y cada día actuamos por la educación integral de 200 menores adolescentes de entre 10 y 17 años, de familias muy pobres. Prevenimos que entren en el mundo marginal, el abuso sexual, la violencia, realidades muy presentes en el municipio”.

El Centro Esperanza de Pauiní sigue funcionando con el apoyo de financiación exterior, fundamentalmente procedente de la Familia Agustino-Recoleta. En dos turnos, mañana y tarde, ofrece formación en valores, dos horas de formación semiprofesional, refuerzo alimentar y escolar, actividades lúdicas, culturales y deportivas en un ambiente sano y propicio para los adolescentes, y unas instalaciones modernas, seguras, amplias y más que suficientes.

Además de aprender música, cocina, artesanía o informática, hay un seguimiento de cada joven alumno también fuera del Centro, y hay reuniones mensuales con los padres y tutores para hacer que cada hogar sea también un refuerzo en su educación integral.
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