Noé Servín (2): "Estoy dispuesto a entregarme a este acierto con locura o a esta locura con todo el acierto que Dios me conceda"

Será uno de los cuatro fundadores de la primera comunidad de Agustinos Recoletos en Cuba a partir del próximo mes de febrero. Hablamos con Noé Servín Franco sobre esta nueva tarea asumida por la Orden con carácter internacional e interprovincial.
noticias | 30 ene 2018
¿Qué has hecho como religioso y sacerdote agustino recoleto hasta hoy?

Fue mi primer destino la Ciudad de los Niños, en Cartago (Costa Rica), donde he servido a Dios en las personas que Él ha puesto en mi camino para compartir la vida. Durante estos cinco años he sido muy feliz en este ministerio.

Como he dicho muchas veces a los jóvenes alumnos, un tanto en broma un tanto en serio: “he intentado combinar la dulzura y la firmeza, aunque algunas veces la dulzura se me pierde y me cuesta trabajo encontrarla”. Algo es claro: durante estos años he aprendido a amar profundamente a esta institución y a comprometerme con su noble causa porque como repetía su fundador, el padre Luis Madina, “Dios quiere esta obra”.


¿Qué te llevó a escribir esa carta de voluntario a Cuba?

Las razones que tengo para comprometerme con esta misión son colaborar en el proceso de evangelización de un pueblo que ha estado tal vez un poco golpeado por las circunstancias; y la necesidad inherente que, como religioso, siento de anunciar que Dios está presente a lo largo de la historia de todos los pueblos, que Él nos acompaña incluso en los momentos históricos de mayor tensión.

Mi razón fundamental: voy siguiendo la voz que me llama y me pide una respuesta. La palabra de Dios, como dice san Pablo, no está encadenada y nosotros no debemos atarla con las cadenas de la pasividad y de la resignación, o dejándonos invadir por el miedo que paraliza, que silencia lo que debiera ser pregonado a los cuatro vientos.


De tu experiencia vital y religiosa hasta hoy, ¿qué te llevas a Cuba?

Como ya mencioné, mi primer y único destino después de ser ordenado sacerdote ha sido la Ciudad de los Niños. En la Institución me desempeñé como encargado de la finca y de los talleres, es decir, de la parte técnica del Colegio.

Mi poco tiempo de ordenado y mi falta de experiencia en el apostolado parroquial fueron algunas de las inquietudes que me surgieron al momento de decidirme a presentarme como voluntario para Cuba. Sin embargo, creo que mi vida de religioso no se reduce a esos cinco años, sino que se extiende hasta todo el proceso formativo e incluso antes, a mi itinerario vocacional.

Si tuviera que destacar algo de mi persona y de mi ser de religioso, destacaría mi perseverancia, mi entusiasmo por el trabajo y mi amor por la vida comunitaria. También reconozco mis mayores retos, que son mi carácter fuerte y mi tendencia a la intransigencia o intolerancia. He aprendido a lo largo de estos años que mis buenas cualidades no borran mis feos defectos, pero que las unas y los otros están en manos de Dios.

El paso por la Ciudad de los Niños me ha dejado otras enseñanzas: he aprendido a apoyarme en mis hermanos, sobre todo en los momentos difíciles. He aprendido a sentirme débil y vulnerable y ello, por contradictorio que parezca, me ha ayudado a saberme apoyado y protegido por la comunidad. Por ello doy gracias a Dios y a los religiosos que en aquel primer momento me recibieron en la comunidad de Cartago.


¿Y en tu entorno, qué te han dicho ante la noticia de la fundación en Cuba?

Mi familia lo ha tomado con mucha serenidad. Hace cinco años, cuando me comunicaron mi primer destino a Costa Rica, sí hubo más cuestionamientos no solo por parte de mi familia directa, sino en general de parte de las personas de mi comunidad de origen. No entendían por qué no había posibilidad de que me destinaran con ellos.

Pero el pueblo de Dios es generoso y sabe comprender que Él ha sido generoso con nosotros. Únicamente han pedido que no me olvide de ellos, como yo pido que ellos no se olviden de rogar a Dios por mí.

Las palabras de mi madre ilustran de manera muy clara la forma como se ha tomado la noticia: “Dios te acompañe, hijo, eso de ser sacerdote es como cuando uno se casa, ya no dependes solo de ti mismo. Obedece y cuídate”.

Por último, en el caso de los frailes debo decir que ha habido comentarios de todo tipo, desde los que ven la nueva fundación como una decisión acertada, hasta los que la ven como una locura. Locura o acierto, Dios lo sabe: yo estoy dispuesto a entregarme a este acierto con locura o a esta locura con todo el acierto que Dios me conceda.

En la Ciudad de los Niños me preguntaban los alumnos por qué había pedido irme, algunos temían que ya no estaba a gusto con ellos o incluso insinuaban que ya no los quería. He tenido que explicarles que no voy a Cuba huyendo de la Ciudad de los Niños y mucho menos de ellos, sino que, muy al contrario, amo profundamente esta institución y he sido muy feliz con ellos. Pero era el momento de seguir la Voz que me llamaba y pedía una respuesta.
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