Noé Servín (1): "Voy a una tierra que no conozco, pero que Él sí conoce y sé que me llama a amarla como Él la ama"

Será uno de los cuatro fundadores de la primera comunidad de Agustinos Recoletos en Cuba a partir del próximo mes de febrero. Hablamos con Noé Servín Franco sobre esta nueva tarea asumida por la Orden con carácter internacional e interprovincial.
noticias | 29 ene 2018
El prior general de la Orden de Agustinos Recoletos, Miguel Miró, dio a conocer el pasado 12 de diciembre los nombres de los cuatro religiosos que compondrán la nueva comunidad en la diócesis cubana de Holguín. Se trata de Jairo Gordillo, Noé Servín, Ismael Xuruc y Joel Naranja, que el 3 de febrero viajarán desde Panamá a su nueva comunidad en la parroquia de Antilla.

Noé Servín (Guanajuato, México, 1979) envió el 4 de octubre de 2017 su carta ofreciéndose voluntario para esta nueva misión: “solo cuento con mi buena voluntad y con la confianza en Dios que a nadie desasiste y por ello me atrevo a ponerme a su disposición como un posible candidato a formar parte de dicha comunidad”. Es el religioso de la Provincia de San Nicolás de Tolentino que participará de esta misión internacional e interprovincial.

Hasta ahora Noé había formado parte de la comunidad de la Ciudad de los Niños en las cercanías de Cartago (Costa Rica). Mientras se prepara para su nueva misión y pasa unos días con su familia, hemos querido conocer su testimonio, sus motivos, sus esperanzas y sus deseos al estar a punto de iniciar este nuevo servicio al Pueblo de Dios en un lugar tan especial y en una misión tan novedosa para la Orden.


¿Puedes presentarte a nuestros lectores?

Soy el quinto de los diez hijos de José y María Ascensión, una pareja de campesinos. Nací el año 1979 en una pequeña comunidad rural llamada Naranjillo, en el estado de Guanajuato, México.

Mis primeros estudios los llevé a cabo en mi tierra natal. Al terminar la secundaria tuve que suspender mi formación por no haber más niveles superiores de educación en la comunidad, aunado a la falta de recursos, que no permitía a una familia pobre darse el lujo de enviar a uno de sus miembros a vivir fuera del núcleo familiar. Ese año me dediqué a colaborar con la familia en el campo y a planear cómo continuar mis estudios.

Desde muy pequeño tuve la inquietud de ser sacerdote, pero por distintos motivos permaneció durante años como un deseo presente, pero aletargado.

Cuando llegaron a la telesecundaria donde había estudiado unos folletos de publicidad de la Universidad Autónoma Chapingo, institución de Texcoco (Estado de México) dedicada a estudios agrícolas, decidí presentarme a las pruebas de admisión y con el esfuerzo de mi familia pude ingresar en 1995, cuando tenía 16 años.

Obtuve una beca y cursé mis estudios de nivel medio superior (preparatoria) y de nivel superior en la especialidad de sociología rural. Al terminar la preparatoria pensé en dejar esa universidad para ingresar al seminario, pero después de consultarlo con mis padres tomé la decisión de seguir hasta terminar la universidad en Texcoco.

Al año de terminar la universidad inicié el proceso vocacional y en 2004 ingresé en al Postulantado San Agustín de los Agustinos Recoletos en la Ciudad de México. El día de la Asunción de la Virgen de 2007 me indicaron que había sido aceptado en el noviciado y el 9 de agosto de 2008 emití los votos en el convento de Monteagudo, que aunque eran los temporales, dentro de mí me repetía: “para siempre, para siempre”.

El 8 de septiembre del 2011 hice la profesión solemne y el 11 de agosto del siguiente año, en el día de santa Clara de Asís, recibimos tres de mis hermanos religiosos y yo la ordenación sacerdotal de manos de Carlos Briseño, agustino recoleto obispo auxiliar de México. El 17 de agosto, fiesta de santa Clara de Montefalco, celebraba el cantamisa al lado de mis hermanos recoletos y de aquellos otros hermanos míos, en su mayoría campesinos, que me dieron a beber los primeros sorbos de la fe en ese pequeño pueblo que me vio nacer.


¿Por qué Cuba, ahora?

En agosto, encontrándome de vacaciones en mi pueblo, el prior general de la Orden envió un protocolo comunicando la fundación de una nueva comunidad en la isla de Cuba. Exhortaba además a quienes quisieran participar de dicha misión para que enviasen por escrito su inquietud.

El protocolo fue enviado el 19 de agosto, fiesta de san Ezequiel Moreno, pero no obstante yo me enteré solo el 28 de agosto, el día de nuestro padre san Agustín, en una visita a la comunidad de Querétaro para celebrar esa solemnidad.

Carlito Gomes, uno de los religiosos de la comunidad, un poco en broma me preguntó si me presentaría voluntario para la misión de Cuba y me tomó por sorpresa pues yo ignoraba todo el asunto.

Desde el primer momento indagué en la posibilidad de formar parte de ese grupo de voluntarios. Sin embargo, pasado el inicial entusiasmo y apaciguando un poco los ánimos, decidí tomarme unos días para orar y reflexionar a fin de no tomar una decisión precipitada.

Al regreso de vacaciones tuvimos en Costa Rica los ejercicios espirituales, una semana que recibí como un regalo de Dios para que juntos tomásemos una decisión. Durante esa semana, leí y releí el protocolo y me encontré de frente con la pobreza de mis cualidades a la par de aquello que se puntualizaba en el protocolo, que pedía determinadas características a los que se ofreciesen como volutarios.

Pero encontré también que contaba con mi buena voluntad y la gracia de Dios, y eso lo consideré suficiente para presentarme como un posible candidato. Días después envié la carta ofreciéndome para la nueva misión.


¿Cómo está siendo la espera y la preparación, y las primeras expectativas?

En cuanto al proceso que se ha realizado para conseguir los permisos, debo decir que realmente no estamos muy involucrados en ello. Por lo menos en lo que a mí se refiere, únicamente me han pedido enviar una copia de mi pasaporte y que el obispo de Holguín, Emilio Aranguren, se encargaría directamente de los trámites necesarios para que pudiéramos ingresar al país. De modo que por ese lado para nosotros ha sido sencillo.

Mis expectativas personales son las de la Orden: anunciar el evangelio y buscar una vivencia de la vida agustino-recoleta en un ambiente que exige compromiso, oración, confianza en Dios, entrega personal entusiasta y esforzada, humanamente hablando, pero que al mismo tiempo encuentra su fuerza en la vivencia de la fe, fuerza que nace de la pascua del Señor por nuestras vidas, la fuerza del Espíritu.

Conozco más o menos superficialmente la situación sociopolítica de Cuba, pero voy a construir comunidad con los otros tres hermanos con los que compartiré la vida. Voy a formar Iglesia con los hombres y mujeres de ese pueblo, con los miembros de otras congregaciones y con los sacerdotes que ahí viven, todo independientemente de la situación que se viva en la isla.

En realidad, de la situación concreta de la Iglesia donde vamos a colaborar tampoco sé mucho y, como nos sugería el obispo en una carta que nos envió por las navidades dándonos la bienvenida, tampoco he preguntado mucho, porque como él mismo dice lo mejor es vivirlo en primera persona.

Sé lo que el prior general nos describe a todos en el protocolo y lo que monseñor nos describe en su carta. Sinceramente, como ya he dicho más arriba, voy siguiendo la Voz que me llama y me pide una respuesta. Voy a una tierra que no conozco pero que Él sí conoce y sé que me llama a amarla como Él la ama. Eso me basta para ponerme en camino.
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