[Serie mes agustiniano y vocacional • 10] — Maribel: “Tenemos las manos abiertas para recibir más jóvenes valientes, dispuestos a entregarse y recibir a cambio felicidad autentica”

Desde la ciudad de Chihuahua, Maribel Mendoza nos habla de su experiencia y testimonio como miembro de las JAR desde hace cuatro años. A sus 21 años ya ha conseguido una profunda vivencia como miembro de una comunidad JAR, como voluntaria en diversos proyectos sociales y como colaboradora de la Parroquia Cristo Sumo y Eterno Sacerdote en la capital chihuahuense.
noticias | 28 abr 2017
Nací en Namiquipa (estado de Chihuahua, México) en 1996. Actualmente resido en Aldama. Soy ingeniera por la Facultad de Ciencias Agrotecnológicas de la Universidad Autónoma de Chihuahua. Participo constantemente en las actividades de mi parroquia de Cristo Sumo y Eterno Sacerdote de la ciudad de Chihuahua y he llevado a cabo diversos voluntariados y encuentros solidarios tanto en mi región como en el CARDI, en la Ciudad de México.

Desde hace cuatro años soy miembro de las JAR. Sentía la necesidad de pertenecer a un grupo católico, y la vida agustino-recoleta me ha parecido la mejor forma de hacerlo, porque responde totalmente a mis aspiraciones. En las JAR y durante las constantes actividades que realiza he logrado llenar mi corazón, sentirme completamente feliz, plena y realizada como criatura de Dios.

El ejemplo de san Agustín de compartir la fe dentro de una comunidad es el principal motivo para amar esta propuesta carismática. Somos seres sociales y es claro que tenemos necesidad unos de otros; aprender de la fe del hermano y propiciar la motivación mutua es un método infalible.

Considero además, que los pilares que definen a un joven JAR (orante, comunitario, misionero, mariano y agustiniano) me permiten vivir una fe integral basada en aspectos primordiales como católica.

Me atrae especialmente la perspectiva de que realmente estamos unidos en un mismo corazón que busca a Dios y de esta forma compartimos una fe común. Me invade un sentimiento de felicidad al observar a mis hermanos de comunidad. Me explico.

Años atrás eran solamente conocidos, personas externamente muy diferentes, con caminos distintos, con diversas historias. A pesar de esas grandes diferencias superficiales, hoy estamos unidos en esencia por el mismo amor a nuestro Dios y por muchas vivencias de fe. Y ha nacido en nosotros un verdadero amor fraternal.

Las JAR me han dado la posibilidad de vivir experiencias únicas de servicio; por ejemplo, el apostolado en CARDI, centro sociosanitario de los Agustinos Recoletos en la Ciudad de México. He logrado así descubrir el significado verdadero de mi existencia y comprender que, de una u otra forma, deseo entregar mi vida a Dios. También me he abierto al servicio parroquial, con mi apoyo al equipo de liturgia o la coordinación de un grupo de preconfirmación.

También he podido ver con claridad que existen carencias de todo tipo en el mundo que requieren ser cubiertas; constantemente siento la necesidad de hacer algo por aquellas situaciones que requieren atención: acciones u oraciones.

Siento que espiritualmente debo esforzarme por vivir una vida lo más cercana a la santidad posible, una vida en gracia, lo más lejos posible del pecado y entregada a Dios; después, hacer uso de las virtudes que Dios ha puesto en mí para contribuir a mejorar mi entorno.

Me parece muy enriquecedor tener la oportunidad de participar y experimentar de servicios diversos dentro de la comunidad parroquial y de la Iglesia. De esta forma somos capaces de encontramos cara a cara con la misericordia de Dios.

Además, sé que JAR Chihuahua tiene hermanos en todas partes del mundo y es grato sentirme en comunión con tantas personas, físicamente lejanas. La vida agustino-recoleta ofrece muchas cosas buenas que en toda ocasión merecen ser compartidas.

En el futuro, quisiera ser una profesionista que encuentre en su trabajo una oportunidad más de servir, buscando el bienestar de este mundo y especialmente el de mi país. Sueño con aumentar mi felicidad a cada momento como consecuencia de un mayor acercamiento a Dios. Espero vivir cada momento de mi vida en compañía de mis hermanos de comunidad.

JAR ofrece constantemente la oportunidad de mejorar, de alcanzar conocimientos, de encontrar nuestras debilidades y transformarlas a fortalezas, de crecer como personas, de conocer la realidad. Los valores JAR en que más me apoyo son la oración, la solidaridad y el amor mutuo.

Por eso JAR ya ha dejado en mi vida una huella importante, que seguramente recordaré con cariño y añoranza; espero seguir en compañía de mi comunidad; también estoy segura que habrá la posibilidad de pertenecer y participar del resto de actividades que realiza la Familia Agustino-Recoleta, a la que agradezco la bendición enorme de regalarme una segunda familia y confío que mi comunidad estará presente durante toda mi vida.

Familia a la que sigo pidiendo que comparta su testimonio de vida. Me complace observar la forma en que conviven los religiosos recoletos, mostrándose como una verdadera familia; conocer su estilo de vida impulsa el deseo de las JAR a lograr vivir en comunión. Me gustaría que las religiosas pudieran visitarnos con un poco más de frecuencia para impulsar las vocaciones, y a toda la Familia OAR que sigan apoyándonos como lo han hecho hasta ahora e involucrándose con nosotros en las actividades que realizamos.

Y, por supuesto, el carisma agustino recoleto tiene sus manos abiertas para recibir más jóvenes valientes, dispuestos a entregarse y recibir a cambio una felicidad auténtica proveniente de Dios.
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