Alfonso Gago de Miguel: Ciudad de los Niños, una experiencia inolvidable

Un voluntario vallisoletano, Alfonso Gago de Miguel, cuenta su experiencia en Ciudad de los Niños. Alfonso, estudiante universitario de ciencias químicas, a sus venitiún años tuvo la ocasión de hacer realidad su deseo de servir, siquiera temporalmente, a unos adolescentes-jóvenes especialmente necesitados tanto económica como afectivamenete.
testimonios | 06 feb 2005

Llegada a Costa Rica

Todo comenzó el 8 de julio, día en que inicié mi aventura hacia un país desconocido para mí, Costa Rica, gracias a la oportunidad brindada por los Agustinos Recoletos de Valladolid. Tras once horas de vuelo y cansancio llegué por fin a mi destino ansiado, el aeropuerto de Alajuela. Allí me esperaban los frailes agustinos recoletos de la Ciudad de los Niños para darme la bienvenida y llevarme adonde pasé los siguientes 45 días de mi vida. Con la comunidad de frailes conviví durante mi estancia allí y de ellos recibí un trato muy cordial.

Primeros contactos y aclimatación

Durante mi primera semana en la Ciudad de los Niños, mi labor se limitó a ir aclimatándome e ir conociendo el país, pues no había chavales en la Ciudad a causa de las vacaciones. No pasó un solo día en que no hiciese una excursión, bien acompañado por alguno de los frailes de la comunidad (Antonio, Nacho, Crescencio, Alfredo, Araujo, Jesús María y Jesús), bien acompañado de una familia amiga de los frailes, la familia Pastor. Esto contribuyó a que  mi estancia fuera mucho más feliz. Algunas veces salí solo junto con Ricardo, un voluntario de Zaragoza, que se convirtió en mi fiel compañero de viajes y con el que trabajé en la Ciudad.

También esta semana nos sirvió para ir conociendo en qué consistiría nuesta labor allí, aunque verdaderamente no de forma bien definida, ya que nuestro trabajo dependería de las necesidades o acontecimentos de cada día.

Mi vida en la Ciudad

El lunes 16 de julio llegaron los jóvenes a la Ciudad. Mi primera toma de contacto con ellos se realizó mediante una Eucaristía de bienvenida y varias presentaciones en los distintos lugares donde trabajaríamos. Aquí comenzó la experiencia por la que había realizado este largo viaje.

Los siguientes días para mí fueron duros y claves: era mi primera toma de contacto con los chavales y con la labor que iba a realizar, por lo que tenía que guardar el equilibrio entre ir dándoles confianza y desarrollar mi trabajo de manera responsable y eficaz. En este aspecto me ayudó mucho el fijarme en cómo actuaba Antonio, que para mí era un ejemplo a seguir en el trato con los jóvenes de la Ciudad de los Niños.

Mi labor en estos días y en los próximos hasta el día de mi regreso consitió en acompañar a los jóvenes en el ritmo de su vida, desde su levantada a las 5:30 de la mañana con lo que los primeros momentos de la mañana supone: aseo, desayuno e ida al colegio (esta tarea me resultaba dura no sólo por la madrugada, sino porque era muy difícil que los jóvenes la recibiesen con agrado) hasta acompañarlos en las comidas para mantener el orden en el comedor y realizar la bendición.

Pero el acompañamiento de los muchachos implicaba también otras actividades; así me encargué junto con Ricardo del área deportiva, cuyo objetivo era, mediante la realización de torneos, mantenerlos ocupados durante el tiempo libre y controlar las instalaciones y material deportivo. Además tuve que realizar sustituciones de los profesores de la escuela y ayudar al profesorado en lo que nos pidiesen. Aparte, la colaboración en las necesidades y actividades de cada día, que en una Institución tan compleja, son muy numerosas.

Actividades especiales

Dentro de estas actividades, por salir del diario acontecer, quiero destacar algunas que para mi fueron más especiales, como por ejemplo: la peregrinación a la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles (Cartago) desde San José; la visita de la comisión de niñez y juventud de los diputados la Asamblea legislativa de Costa Rica a la Ciudad de los Niños y la celebración del día de la Madre. Seguidamente realizaré una breve descripción de cada una de ellas explicando en cierto modo el motivo por el que fueron especiales.

Peregrinación a Nuestra Señora de los Ángeles

La peregrinación a la basílica de Nuestra Señora de los Ángeles desde San José es de unos 25 kilometros aproximadamente. Abrimos la marcha los cuatro voluntarios (Ricardo, voluntario zaragozano; Gustavo, un voluntario de costa Rica; Puy, voluntaria de Valladolid, que llegó el 23 de julio a la Ciudad y que se convirtió en la salvadora de los ordenadores de la Ciudad, además de en una muy buena compañera, y  yo) junto con 12 jóvenes de la ciudad. La peregrinación fue masiva y las calles estaban llenas de peregrinos que se dirigían a la basílica movidos por su devoción. Nosotros pudimos darnos cuenta de este hecho gracias a la actitud de los jóvenes que nos acompañaban. Fue una experiencia realmente enriquecedora no sólo porque sirvió para establecer una buena relación con estos jóvenes, sino porque también nos enseñaron a vivir esa experiencia.

Visita de una Comisión de diputados

La visita de los diputados, de lacomisión de niñez y juventud de la Asamblealegislativa de Costa Rica,fue algo totalmente distinto a lo anterior, pero para mi resultó llamativa la presencia de los diputados en la CDN para conocerla y recibir las peticiones de ayuda tanto por parte de los jóvenes, como por parte de la Institución, demostrando  de esta manera cierto compromiso con instituciones benéficas como la nuestra. Su estancia en la Ciudad consistió en una visita guiada por toda las instalaciones de la Ciudad (granja, talleres, escuela, iglesia…) en la que me correspondió hacer la labor de “chófer” y al padre Crescencio Cabanillas la de “guía”. Después de la visita se les invitó a comer y posteriormente tuvieron un par de reuniones para recibir estas peticiones, tanto de los jóvenes que forman parte del gobierno estudiantil como de la misma Institución, que les presentó las necesidades de la Ciudad y solicitó su colaboración. Yo espero que la visita no quedase sólo en eso, sino en un fuerte compromiso del Gobierno costarricense con la Ciudad, porque los únicos beneficiarios son siempre los jóvenes.

Día de la Madre

En Costa Rica se celebra el Día de la Madre el 15 de Agosto. Su celebración me resultó también un acontecimiento especial: primero por los actos que tuvieron lugar en la Ciudad entre las que cabe destacar la Eucaristía conmemorativa, una comida especial para las madres que trabajaban en la Ciudad (a la que asistió Puy), y una sobremesa en la que se entregó un regalo a todas ellas, se les dedicó unas palabras y unas canciones por parte de dos cantantes contratados; y segundo por la actitud de los muchachos, de los que muchos a pesar de provenir de familias desestructuradas, elaboraron regalos a sus madres o a las mujeres que hacían de ello, expresando un cariño que aquí es España es difícil de percibir. Toda esta programación en un ambiente como el de la Ciudad le sobrecoge a uno y le llena de emoción.

Café para el ajedrez

Además de estas actividades extra que para mí resultaron llamativas, voy a hacer mención de otras, bien por lo que disfruté al realizarlas, bien porque resultaron de gran interés para los muchachos: la celebracion del Torneo de Ajedrez de la Ciudad de los Niños, en el que hubo unos veinte participantes y cuya organización me correspondió junto a Guillermo Vargas, un voluntario mexicano que lleva ya un año en la ciudad; y la elaboración del café junto con fray Araujo, en la que disfruté un montón, además de sudar un poquito.

Admiración y agradecimiento

Pero lo más importante para mí de mi estancia en Costa Rica no fueron las actividades, sino la relación con la gente. En primer lugar la relación con los jóvenes de la Ciudad con los que no sólo trabé amistad, pasé buenos momentos, y por los que sentí hondo respeto; sino que además aprendí que se puede ser feliz, aunque las situaciones en las que te pone la vida no sean fáciles.

En segundo lugar mi relación con la gente que trabajaba en la ciudad: los frailes, las doñas de los albergues (sobre todo Alicia), algún profesor, las empleadas de la casa de los frailes (Flor y Betty) y el resto de voluntarios. Todos ellos mostraron una gran hospitalidad desinteresada hacia mí, y que hiceron de mi estancia allí, una experiencia inolvidable.

Tampoco puedo dejar sin mencionar a los frailes del resto de comunidades agustino recoletas de Costa Rica, que en nuestras excursiones por el país nos recibieron hospitalariamente en su casa; al igual que la familia de Gustavo y por supuesto, como ya mencioné al principio, la famila Pastor. A todos ellos les doy las gracias, les deseo lo mejor y espero verles pronto en mi próxima visita a Costa Rica, por supuesto a la Ciudad de los Niños, ya que mi estancia allí, aunque de mes y medio, fue intensa y se me quedó corta.

Alfonso Gago de Miguel

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