“Nos preocupan las condiciones inhumanas a que son sometidos los pueblos indígenas y ribereños, forzados a vivir en condiciones precarias”

Un total de 110 agentes pastorales y sociales de la Prelatura de Lábrea han participado en el seminario de formación de la Red Eclesial Pan-Amazónica (REPAM) sobre la encíclica Laudato Si´ del Papa Francisco, reflexionando sobre los principales desafíos, fortalezas y retos existentes en los cuatro municipios de la Prelatura. Éste es el manifiesto que han publicado tras la celebración de este seminario.
noticias | 03 feb 2017
Reunidos en Lábrea, en los márgenes del río Purús, nosotros, pueblos de la selva, 110 participantes en el seminario promovido por la Red Eclesial Pan-Amazónica (REPAM) entre el 27 y el 29 de enero de 2017, presentamos algunas de nuestras fuerzas, desafíos, clamores, iniciativas y conquistas que hemos observado y vivido en nuestra “gorakaraho” (casa común en lengua paumarí) de nuestra Amazonia, reflexionados a la luz de la enseñanza de la encíclica Laudato Si´ del Papa Francisco.

Nuestro modo de ser en nuestra “aiko” (casa común en lengua apuriná), heredado de nuestros antepasados, ha recibido el impacto negativo de la llegada de los colonizadores, que nos impusieron otros valores basados en las relaciones de poder y dominación.

Desde entonces los desafíos son muchos. Insistimos y creemos en una convivencia armoniosa y de interrelación entre todos los pueblos de la selva y de los centros urbanos, sin destruir nuestra “gorakaraho” (casa común).

Mientras tanto, percibimos que se agravan algunos conflictos socioambientales que fomentan persecuciones, amenazas e incluso asesinatos de líderes locales, resultados de la omisión estratégica del Estado, de la presión del agro-negocio, de la creación de falsos títulos de posesión de tierras, del robo de madera (incluso de especies como la castaña), lo que ha hecho de esta región una de las campeonas de la deforestación de la Amazonia.

Destacamos la diversidad de experiencias de convivencia entre las diversas culturas y etnias de los pueblos de la selva con los pueblos de los municipios y sus cabeceras, que nos hacen sentirnos hoy seguros y protegidos en nuestra “gorakaraho” (casa común), de donde retiramos nuestro alimento para sustentar a nuestras familias y garantizar una calidad de vida que permita a nuestras generaciones vivir largos años.

Pero esta convivencia se encuentra amenazada; por todas partes, a la selva han llegado personas con sangre en las manos, esparciendo violencia y exponiendo a nuestros jóvenes a condiciones de vulnerabilidad social tales como drogas, explotación sexual, trabajo parecido a la esclavitud y servidumbre doméstica.

Personas que en nombre del “progreso” no reconocen nuestros derechos a la tierra, a las reservas demarcadas y sus territorios, cursos de agua y bosques. Personas que vienen de lejos y saquean los recursos dejando atrás un rastro de muerte y destrucción.

Personas que no reconocen nuestra historia, identidad y cultura, que no respetan a nuestros líderes y nuestra forma de organización social y política y que nos quieren “enseñar” sus valores y su modo capitalista de sociedad.

Personas que no creen en la sostenibilidad de un extractivismo animal y vegetal basado en las relaciones de respeto e interdependencia en una casa común, que además garantiza la vida en abundancia a nuestra generación y a las generaciones futuras.

En el contexto nacional, nos asustan los ya recurrentes cortes de financiación a instituciones importantes para nosotros como son el ICMBio (Instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodivesidad) o el IBAMA (Instituto Brasileño de Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables); así como el ataque a nuestras entidades representativas con la instalación de una Comisión de Investigación en el Parlamento con la finalidad de investigar, incriminar y debilitar la actuación del CIMI (Consejo Indígena Misionero), de la FUNAI (Fundación nacional del indio) y del INCRA (Instituto Nacional de la Colonización y Reforma Agraria) por el simple hecho de posicionarse en defensa de los derechos de los pueblos de la selva.

Todo ello simplemente confirma que “el gobierno no quiere dar nada al indio, pero quiere todo del indio”, como dijo José Inácio Apurinã, líder de la tierra indígena Caititu).

En el contexto regional, nos preocupan los procesos de migraciones forzadas para los centros urbanos de la Amazonia, que hace prevalecer el derecho a emigrar sobre el derecho de permanecer en la selva; esto hace que los procesos de urbanización acelerada y no planeada en nuestras ciudades aún agraven los problemas de la precariedad de servicios públicos (salud, educación, seguridad o transporte, entre otros), de la violencia, de la sobrepoblación en los presidios, del desempleo, del hambre y la miseria, todo ello fruto del desentendimiento de los gobiernos municipales.

Ya en nuestro contexto local, luchamos para garantizar el derecho a la educación, la salud, el acceso a los bienes y servicios públicos históricamente negados a los pueblos de esta inmensa región, donde ya se respira el humo de los grandes incendios y se inhala el veneno de los productos agrotóxicos pulverizados indiscriminadamente sobre nuestra casa común, contaminando el Purús y sus afluentes Ituxi, Curequeté, Seruini, Siriquiqui, Punicici, Sepatini y Pauini.

Nos preocupan las condiciones inhumanas a que son sometidos los pueblos indígenas y ribereños, forzados a vivir en condiciones precarias en las periferias desasistidas de los municipios, sometidos incluso a la convivencia con los basurales a cielo abierto que contaminan las aguas, las tierras de cultivo y los animales, sembrando enfermedades y desestructurando la convivencia. Un verdadero atentado contra la vida y una violación de los derechos humanos.

Ante todo esto, clamamos y gritamos reafirmando que “¡el Purús es nuestro! Es la casa común de todos nosotros. Pródigo, nos brinda cada día las riquezas de sus entrañas bajo el nombre de tambaquí, pirarucú, filhote, tucunaré, mandí, sardinha, matrinxã y mil especies más de rico saber, base de nuestro sustento cotidiano” (Monseñor Florentino Zabalza).

Finalmente, motivados por los descubrimientos de este seminario y nuevamente iluminados por las enseñanzas de la Laudato Si` asumimos nuestro compromiso de:

1. Tejer nuevas redes en nuestras localidades con nuestras comunidades e instituciones, como propone la REPAM mediante los comités locales.

2. Luchar para garantizar una educación para la sostenibilidad, diferenciada y de calidad, dirigida a las demandas de nuestra realidad indígena y ribereña, invitando a las instituciones educativas para que ofrezcan cursos que vengan al encuentro de nuestras necesidades locales, formando gente propia, nuestra, para actuar en la educación de nuestros pueblos.

3. Desarrollar proyectos sociales de educación ambiental, buscando alternativas con la posibilidad de generar renta, tales como las artesanías no madereras o realizadas con madera reciclada, entre otros.

4. Promover espacios permanentes de formación e información que nos ayuden a retomar, reafirmar y ampliar nuestras prácticas ambientales sostenibles como modelo posible de sociedad basada en los valores del bienestar dentro de nuestra casa común.

5. Mantener y ampliar un diálogo permanente entre indígenas y ribereños, garantizando una alianza para la protección de nuestros territorios, cuidando de nuestra Amazonia, de nuestra selva, de nuestra casa común.

6. Continuar denunciando ante los gobiernos el robo indiscriminado de nuestros recursos naturales dentro de nuestras fronteras.

7. Hacer que la carta encíclica Laudato Si` sea leída en nuestras comunidades, releída, reflexionada y ampliamente divulgada e que sus enseñanzas sean puestas en práctica.

Finalmente, invocamos la memoria de nuestros antepasados y reafirmamos que “creemos en la fecundidad libertadora de tantos hermanos y hermanas que regaron la tierra con su sangre mártir y nos acompañaron en la búsqueda de la Tierra Sin Males” (monseñor Pedro Casaldáliga), como son el testimonio de la Hermana Cleusa, mártir de la causa indígena en Lábrea.

Llamamos a todas las iglesias, instituciones, organizaciones, comunidades y movimientos sociales para que juntos podamos tejer una gran red, poniendo en común las experiencias, propuestas y apoyos que nos permiten seguir luchando por nuestra Pachamama y así garantizar una vida plena y con dignidad en nuestra selva, nuestro refugio común.

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