María Dolores Rodríguez Sol: El amor genera vida

Española, originaria de la provincia catalana de Lérida, María Dolores Rodríguez Sol, “Loles”, ejerce la profesión de profesora en el colegio Romareda que los Agustinos Recoletos tienen en Zaragoza, la capital aragonesa.
testimonios | 05 feb 2005

Pero Loles, con sus siete hijos, ante todo se siente madre y vive su maternidad con entrega, sin desconectar del mundo en que se desenvuelve cotidianamente.

Loles no pertenece a ningún movimiento eclesial ni tiene compromisos concretos con ninguna institución religiosa o parroquia.

Tampoco es una persona que se prodigue en palabras. Pero ha accedido a contarnos, sencillamente, algunos momentos de su vida y su visión de ciertas realidades que están presentes en su contexto social y humano.

Loles, terminaste tu licenciatura en Ciencias Químicas y tu actividad ha sido desde entonces la docencia.

Tengo que comenzar por confesar que la oratoria, ni escrita ni hablada, es una cualidad mía. Por eso, de forma muy breve puedo decirte que en cuanto a mi trabajo en el Colegio Romareda no he de comentar nada de especial.

Únicamente puedo indicar que mi fe cristiana me ayuda para afrontar con ilusión el trabajo con algunos de los grupos de alumnos más desmotivados y con menos ganas de trabajar.

Creo que es posible conseguir no sólo que aprendan unos contenidos de la asignatura curricular, sino sobre todo que puedan ver la vida de otra forma, con una ilusión que, a veces, ya habían perdido: me refiero sobre todo a algunos alumnos que se sentían sin fuerzas para afrontar nuevos retos.

¿Te consideras una persona de fe?

Mis padres eran profundamente religiosos y trasmitieron la fe a sus ocho hijos; incluso uno de mis hermanos es sacerdote.

Pero la fe, sobre todo, ha iluminado los momentos más alegres y los más difíciles de mi vida, como fueron la adopción de tres hijos —aparte de los cuatro biológicos que ya tenía, teniendo alguno de los adoptados problemas especiales— o el fallecimiento de los familiares más cercanos.

Ciertamente que en los momentos de crisis o dificultad no se captan ni se entienden los mensajes de Dios… Pero pasa el tiempo y su presencia fortalece a la persona a la hora de afrontar con alegría todos esos momentos de la vida.

Hoy puedo concluir que todo lo “malo” que nos ha ocurrido a mi marido y a mí ha sido siempre para cosas mejores, por lo que le hemos dado gracias a Dios.

Por lo que dices, vivir la fe consiste en ver las cosas con ojos distintos de aquéllos con los que comúnmente mira la gente…

Pues sí. Vivir la fe supone ir “contracorriente” en el medio habitual en que vivimos y, más en algunos ambientes en los que no cabe otra mirada sino la del interés inmediato y con resultados tangibles.

Así no cabe la esperanza, ni tienen sentido las promesas de Dios, porque no tiene sitio la fidelidad a la palabra dada. Lo que termina contaminando también las relaciones humanas.

Una vida de fe y amor, en ocasiones, puede llevarte a adoptar posturas o tomar decisiones de fuerte compromiso personal, como formar la familia numerosa que somos: porque, sin duda, el amor genera vida.

Hablar de hijos —en plural— a las parejas hoy día es considerado “políticamente incorrecto”. Y presentarles una pareja que, después de haber tenido cuatro hijos, adoptan tres más… Quizá piensen que estáis locos o no sabemos qué calificativo usarán.

Es políticamente muy incorrecto hablar de hijos porque, en último término, es cuestionar el ritmo de vida de una pareja que pone su felicidad en hacer viajes, ir al cine, salir a cenar, tener…

Probablemente el mensaje más difícil de comprender y aceptar que pueda transmitir personalmente sea que, como madre de familia numerosa, se puede ser feliz sin todas esas cosas que, para gran parte de la sociedad, son más bien imprescindibles.

Loles, sabes muy bien que socialmente la Iglesia está muy poco valorada. ¿Es razonable? ¿Qué le pedirías tú a la Iglesia y a los cristianos?

A la Iglesia le pediría una cercanía mayor a la sociedad y una mayor entrega a los más débiles. De no darse esto, es difícil que la Iglesia o los cristianos seamos creíbles en nuestra sociedad.

También puede ocurrir que, dándose esto, la gente interprete “a su modo” lo que hacemos y nuestra fe no trasluzca; pero si no hay una cercanía y entrega a los más débiles, ni siquiera nos tendrán en cuenta. Viene bien aquí el refrán “obras son amores y no buenas razones”.

Loles: ¿Optimista o pesimista ante nuestra compleja sociedad?

Son innegables las situaciones de injusticia e insolidaridad en que vivimos y con que convivimos, aquí y en el mundo todo. Esto me hace sentir mal y, si hay algo que intento inculcar a mis hijos, es la solidaridad.

La realidad, dura realidad, no es para sonreír ingenuamente, sino para trabajar por cambiarla. Por esto, mientras haya trabajo y lucha, hay esperanza. Me considero una persona esperanzada.

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