Jenaro Fernández (1909-1972), agustino recoleto.

AgustinosRecoletos.org estrena el reportaje “Fray Jenaro, el canonista que indagó y divulgó los orígenes de la Recolección”, en el marco del centenario de la profesión religiosa de este agustino recoleto que tiene abierto un proceso de beatificación.

Su presencia sencilla, su vasta cultura, su amor a la espiritualidad y al carisma agustino recoleto y su acompañamiento espiritual dejaron una huella imborrable en cuantos conocieron a Jenaro Fernández, de quien estrenamos hoy nuevo reportaje.

Nació en enero de 1909 en Dicastillo (Navarra, España) en una familia en la que abundaron las vocaciones religiosas. Profesó como agustino recoleto el 15 de octubre de 1925, hace un poco más de 100 años.

Fue un hombre sencillo, de gran humildad en el trato, lo que unido a sus muchos conocimientos y a su talante muy pronto le hizo ganar la admiración y estima de sus hermanos religiosos. Muchos lo vieron como ejemplo de vivencia espiritual cotidiana y estímulo para cultivar y afianzar su vocación agustino-recoleta.

Respecto a los fieles, enseguida llamó la atención su modo de predicar, muy práctico, con claridad meridiana y ejemplos de la vida cotidiana. No eran pocos los que se acercaban los domingos con la única intención de participar de sus Eucaristías. Jenaro daba una imagen de persona empapada de Dios que hablaba de Él de manera espontánea y con palabras siempre acertadas.

Residió en Roma de forma casi continuada entre 1931 y 1972. Fue procurador general de los Agustinos Recoletos ante la Santa Sede, una suerte de representante y embajador de la Orden ante el Vaticano. También fue vicario general y primer consejero del prior general de su Orden, postulador de las causas de los santos y director del Instituto Histórico de los Agustinos Recoletos.

De entre sus obras variadas y abundantes, que incluyen muchos textos oficiales y biográficos nacidos de sus responsabilidades, como los cuatro tomos del Bullarium de los Agustinos Recoletos, crónicas, informes e incluso poesías, sobresale su búsqueda constante de la esencia recoleta. Fue uno de los principales artífices de que los Agustinos Recoletos conociesen, amasen, promoviesen y diseminasen sus notas carismáticas propias.

Afectuoso y gentil con la gente, repartía palabras de ánimo, comentarios agradables y cariñosos y muchos le solicitaban para la Reconciliación sacramental. Durante la II Guerra Mundial y la posguerra se dejó sentir el hambre en Italia. Se las ingenió para recaudar medios con los que asistir a cuantos buscaban pan y seguridad.

Falleció el 3 de julio de 1972. La capilla ardiente se quedó pequeña para acoger a cuantos quisieron despedirse de él en persona. Su funeral se celebró en la Basílica de San Pedro y San Pablo y fue enterrado en el cementerio comunal monumental Campo Verano.

Su figura había dejado tal huella por su modo de hablar y actuar, su espiritualidad, su transparencia y sencillez, que pronto se abrió una causa de beatificación, que está actualmente en su fase romana.