Octubre es el mes misionero. Durante estas próximas semanas, contaremos con los voluntarios de ARCORES para ofrecer experiencias y testimonios. Comenzamos con esta experiencia intercultural de voluntarios locales y extranjeros en Guatemala.
Totonicapán es un Departamento de Guatemala de medio millón de habitantes. La ciudad capital, del mismo nombre, alcanza los 40.000. Situado en la Sierra Madre a una altitud media de 2.500 metros sobre el mar, tiene un clima frío y una arraigada cultura maya K’iche’.
La Red Solidaria Internacional Agustino-Recoleta ARCORES ha juntado durante varias semanas a voluntarios españoles y guatemaltecos para colaborar juntos en la mejora de casas, aulas de refuerzo, campamentos escolares, visitas a centros educativos y asilos, atención a personas sin hogar y enfermos.
Los voluntarios guatemaltecos describen así su experiencia de compartir tarea social y convivencia con los voluntarios españoles.
Kevin
Ellos nos traen aires de esperanza y alegría. Con su entrega y sencillez muestran que “servir” no tiene fronteras. Inspiran y motivan a crecer en la solidaridad y la fe. En lo personal, me han enseñado nuevas formas de ver la vida, a trabajar con entusiasmo. Su cercanía solo nace del servicio auténtico, y compartir con ellos la tarea solidaria me hace sentir que no estoy solo en la misión, somos parte de una misma familia que camina unida al servicio de los desfavorecidos.
Gloria
Al tiempo que fortalecen y dan mayor relevancia a las iniciativas solidarias, los voluntarios internacionales son signo visible de que la solidaridad es universal, trasciende fronteras. Cuando personas de lugares diferentes se unen en el mismo propósito de servir a los vulnerables, el amor de Dios se manifiesta de manera especial.
Es importante que han transmitido esperanza a los beneficiados, que ya no se sienten solos en sus luchas diarias porque han conocido corazones dispuestos a compartir tiempo, talentos y esfuerzo para su dignidad y su bienestar.
Los voluntarios llevan consuelo y alegría, siembran la certeza de que todavía hay mucha bondad en el mundo. Inspiran y motivan a involucrarse con entusiasmo en la misión, despiertan un compromiso más firme con el servicio a los demás.
No solo es bueno para los beneficiarios directos de los proyectos, sino que impulsa un espíritu comunitario solidario, abierto, confirmación de que el Evangelio solo se vive de manera concreta en el servicio y en el amor al prójimo.
La convivencia con ellos ha sido profundamente enriquecedora. Su cultura, costumbres, hábitos y formas de ver y enfrentar la realidad amplían mis horizontes y crezco en apertura y deseo de confiar más en la gente. También me ayuda a reconocer y valorar lo que soy, impulsándome a ser más auténtica, segura y capaz de expresarme libremente.
Hemos establecido una amistad genuina, siento que puedo confiar en ellos, no me he sentido juzgada y sí aceptada y motivada a dar lo mejor de mí, a superar mis miedos y obrar con esperanza y entusiasmo.
Su entrega generosa me inspira. Dios actúa en quienes se dejan mover por su amor, no estamos solos en el camino de la fe y hay muchos que, con sencillez y alegría, son sus instrumentos. Su compromiso me motiva a fortalecer mi vocación de servicio y me llena de esperanza, porque confirma que el bien y la solidaridad no tienen fronteras.
La verdadera grandeza se encuentra en donarse con amor a los demás, tal como los voluntarios hacen en nombre de Dios para el bien de los más desfavorecidos. ¡Gracias por esa oportunidad de servir juntos!
Alejandra
Con su tiempo, esfuerzo y conocimientos, los voluntarios fortalecen los proyectos. Las experiencias y metodologías de su lugar de procedencia generan nuevos aprendizajes y fortalecen el resultado. El intercambio cultural y humano es muy valioso, se promueve el respeto, la solidaridad y la fraternidad universales.
El aporte del voluntario no solo es operativo o formativo, sino también inspirador. Su ejemplo anima a la comunidad a vivir su fe desde un compromiso activo con los valores de justicia, el amor y la esperanza.
Yo misma he disfrutado de un aprendizaje muy valioso, personal y espiritual. Ver cómo salían de su hogar y dejaban familia y amigos para compartir su tiempo y trabajo aquí me motiva a un mayor compromiso. Su forma de ver la vida y enfrentar los desafíos hace que valore más mi propia identidad y me abra con respeto y gratitud a su realidad.
Por último han sido inspiradoras su cercanía, sencillez y alegría. La solidaridad y la fraternidad no tienen fronteras, cuando se trabaja con amor por un bien común, siempre se generan frutos de esperanza y unidad.
Yolanda
Los voluntarios de otros países nos aportan conocimiento, creatividad, habilidades y experiencia. Contribuyen a mejorar y lograr los objetivos de los proyectos y creo que han mejorado la educación de nuestros beneficiados. También creo que gracias a su creatividad y preparación se comprueba el verdadero valor del trabajo en equipo.
Agradezco también cómo han conseguido motivar a las mujeres emprendedoras con ideas como que lo importante de bordar un güipil va mucho más allá de su misma elaboración, en realidad es afirmar el verdadero valor de la cultura maya.
Su presencia ha redundado en mi crecimiento personal. Durante la convivencia compartíamos nuestras culturas y prevalecía el respeto y la armonía, lo positivo y colaborativo. Y también he fortalecido mi fe sintiendo la presencia de Dios en cada encuentro de oración que mantuvimos.
Mariela
Recibir a los voluntarios de fuera ha sido toda una bendición. Nos han traído esperanza y alegría. Su trabajo ha transformado las vidas de quienes se sienten solos y olvidados. Las simples sonrisas o sus palabras amables han significado mucho para todos y la huella en la vida de los niños y familias es imborrable.
Los voluntarios locales hemos aprendido que la verdadera riqueza es dar y que la experiencia de ayudar a otros nos hace más fuertes y conscientes de la realidad. Uniendo nuestras manos podemos construir un futuro más justo para todos. ¡Que Dios los bendiga!





