En el día de Santa Magdalena de Nagasaki, patrona de las Fraternidades Seglares Agustino-Recoletas, Maricela Valles —presidenta de la Fraternidad en España—, quien recientemente participó en el Encuentro de Responsables de Fraternidades Seglares en Roma, comparte su visión de futuro para la vida laical. Con foco en la misión evangelizadora y el carisma agustino recoleto, invita a renovar la fe desde la interioridad, la comunidad y el servicio, animando a los seglares a redescubrir su vocación como respuesta viva al llamado de Dios.
¿Cómo valora usted el estado actual de las Fraternidades Seglares Agustino Recoletas? ¿Qué logros concretos puede señalar del último año?
La Fraternidad Seglar Agustino Recoleta tiene cada vez más presencia en las comunidades de Frailes y también de Religiosas. Aún en las distancias sentimos unidad y cercanía.
Gracias a nuestro Itinerario Formativo Peregrinos ya disponible para todos en español, inglés, portugués y chino podemos formarnos a través de un camino que nos orienta a vivir nuestra identidad carismática.
Nuestros logros son dinámicos y constantes, los encuentros son numerosos, tanto en nuestras comunidades locales como en los que compartimos virtualmente, la unidad y el compartir experiencia de nuestro carisma nos hace cada vez más hermanos y mejores cristianos.
Actualmente vamos desarrollando Talleres de Formación y de Oración que nos ayudan a vivir y compartir nuestro ser Agustinos Recoletos, desde nuestra cotidianidad cultural y situacional.
¿Cuáles serán las líneas de acción prioritarias para las Fraternidades durante este año que comienza?
Haciéndonos eco del lema de la Orden para el próximo año 2026, que dice: “Anunciad a Cristo donde podáis”, creemos que la misión de anunciar la gracia de Dios con nuestra propia vida es vivir la fe. Esta vocación laical es parte de la Iglesia que vive la misión en cada pequeño rincón donde vivimos, poniendo nuestra vida al servicio de los hermanos.
Es prioritario nuestra disposición a vivir en profundidad, hacer misión con nuestra propia vivencia y ser auténticos testimonios de una vida cristiana que busca a Dios en el propio corazón y en los hermanos.
Necesitamos profundizar en lo que nos hace vibrar siendo buscadores constantes del amor y presencia de Dios en nuestras vidas. Queremos poner especial atención al acompañamiento que nos debemos como hermanos de comunidad; en la escucha y presencia amorosa como hijos de una misma familia.
El vivir la comunidad y el servicio social son pilares de nuestra vocación y la desarrollamos en nuestras reuniones locales en las que compartimos vida y de las que surgen sueños, proyectos, retos que nos animan a caminar juntos.
El Prior Provincial en su mensaje anual ha invitado a “dialogar con humildad desde la verdad”, a “escuchar fascinados con empatía, receptividad y compromiso”. ¿Qué eco deben producir estas frases?
“Dialogar con humildad desde la verdad”. Esta frase me hace pensar que nuestras comunidades locales deberían ser momentos, etapas, vivencias, refugios, sueños, proyectos, ilusiones, retos, pero lo que más: amor.
Amor para buscar y descubrir a Dios en nosotros mismos. Amor para vivirlo caminando juntos con esperanza en nuestra pequeña comunidad, reconociéndonos vulnerables, y a la vez esperanzados en la gracia de Dios. Amor para servir al hermano que necesita, y ahí ver claro y reconocer quién es el más próximo en nuestra pequeña familia fraterna.
“Escuchar fascinados con empatía, receptividad y compromiso”. Esto es una propuesta vocacional, ¡Cuánto nos cuesta ponernos en los zapatos de los hermanos!, ¿cuánto de acogida ofrecemos al hermano?, ¿es auténtico mi compromiso de servicio a los hermanos?, ¿soy consciente del tipo de escucha que practico?
Somos parte de una familia religiosa que tiene siglos de historia, que tiene testimonios santos como Santa Magdalena de Nagasaki, que nuestro ser fraterno seglar no es para estar sólo observando o mirando desde la barrera sin llegar a ser parte real, a ser miembro de la familia. Necesitamos comprender que no es mérito nuestro, es bendición de Dios que nos regala este camino. La Iglesia es de todos y para todos pero somos nosotros, eres tú, soy yo, cada uno, de manera personal quien tiene que descubrir lo que lleva en su corazón.
Una palabra que tiene un gran sentido de vida para nosotros: servir.
- Servir a Dios y a la Iglesia fortaleciendo nuestra fe a través de la experiencia de vida, en la cotidianidad.
- Servir a Dios y a la Iglesia viviendo el carisma agustino recoleto que nos lleva a buscar a Dios con humildad y perseverancia.
- Servir a Dios y a la Iglesia acogiendo y acompañando al hermano más próximo, el de mi comunidad entendiendo que dependiendo de los ojos con que le mire puedo ver y sentir el Amor de Dios.
Mi experiencia como hermana de la FSAR me apasiona cada día más, mi sueño se intensifica y ruego a Dios que vivamos una verdadera unidad y pertenencia al carisma agustino recoleto en sus tres pilares: Interioridad, Comunidad y Apostolado. Sueño con una Fraternidad Seglar que acoja al hermano porque es Hijo de Dios, que nos hagamos conscientes de que es la gracia de Dios la que sin merecerlo nos ha puesto en este camino y que el agradecimiento sea una respuesta fiel y comprometida en favor de nuestra fraternidad local.
En este día de nuestra Patrona Santa Magdalena de Nagasaki le pido que interceda ante Dios por todos los seglares que buscamos profundizar y fortalecer la fe en este camino, que nos ayude a ser fieles en el servicio desde el corazón haciendo una fraternidad real y en la que podamos vivir unidos, siempre buscando el ser una sola alma y un solo corazón dirigidos hacia Dios.





