Con motivo del Jubileo de la Pastoral Educativa, el agustino recoleto Roberto Sayalero (Valladolid, 1976), ligado desde hace años a la tarea de la pastoral educativa en España, actualmente desde el Colegio Romareda de Zaragoza, responde a nuestras preguntas.
¿Qué significado tiene y qué aporta este Jubileo en el mundo educativo?
El Jubileo, por sí mismo, está rodeado de un halo de misterio, más para los más jóvenes, desacostumbrados a sus signos: ¿qué es eso de atravesar una Puerta santa? ¿Qué hacía el pobre papa Francisco martillo en mano en Nochebuena? ¿Qué es una indulgencia plenaria? Son preguntas que surgen entre quienes, pendientes de la actualidad, lo ven en redes o en las noticias, también nuestros alumnos y sus familias.
Pero quizá lo importante de este Jubileo 2025 es su apellido: “De la esperanza”. Educar es una forma de encarnar la esperanza. No tendría sentido una educación centrada exclusivamente en el presente, que no levante la vista hacia un horizonte lleno de oportunidades y realizaciones, de superación de retos y de crecimiento.
La esperanza es promesa de futuro, grito optimista y no iluso de quien está seguro de que otro mundo es posible. Esos actores del futuro son los alumnos del presente, a quienes nos entregamos en cuerpo y alma para que hagan realidad “su” promesa.
¿Cómo se integra la formación en la fe en los modelos educativos y los contextos sociales de hoy?
Recordar aquí el cubo de Rubik puede parecer antiguo o insufriblemente pedante, pero la formación en la fe católica es algo así como un color más de ese cubo, la persona, en el que conviven tantos aspectos, cada uno con su propio color, su propio sentido, su propio matiz, pero formando un único conjunto.
Personalmente no me gusta el pesimismo, ni el cansino añorar los tiempos pasados. Es cierto que los porcentajes de práctica religiosa son bajos, pero no podemos ignorar el hecho de que la espiritualidad y la búsqueda de la dimensión interior están en alza.
A la hora de solucionar nuestro “cubo”, hay que aprovechar esa tendencia que algunos han venido a llamar “el giro católico” para trabajar y proponer nuestros valores e intentar que los alumnos y sus familias descubran que nuestra fe es celebrada y compartida, solidaria y alegre, y también actual.
¿Cómo está de salud la pastoral en los centros educativos recoletos?
La pastoral educativa marca líneas de acción para cada curso que se materializan en actividades dentro y fuera de las aulas. El reto está en hacer que el mensaje de fondo atraviese el caparazón mental y sentimental de los adolescentes, gane su atención.
Se logra comprendiendo y abrazando su realidad, haciéndose sus acompañantes, no sus jueces. Decimos que “el papel lo aguanta todo” y los planes pueden ser magníficos, pero hay que estar dispuesto a descalzarse y caminar al lado de cada alumna y alumno.
Las familias, de igual manera, también deben recibir el acompañamiento y la atención de la comunidad educativa, de la que forman parte. Nos han confiado parte de la educación de sus hijos y merecen nuestra atención y apoyo, hemos de darles cuenta del trabajo que realizamos y de los frutos que conseguimos.
¿Qué innovación y qué retos hay en la tarea educativa hoy?
Hay cierta tendencia a que muchas familias, quizá incluso la gran mayoría, piensen que “subcontratan” al centro educativo para que eduque a sus hijos y les “instale una serie de aplicaciones” para hacer uso de ellas en su vida profesional y social del futuro.
Y es todo un problema social, porque se instaura cierta blandura, una intolerancia a la frustración, una necesidad de inmediatez que hará del futuro de estos hoy niños algo insoportable. Hay que educar en casa y en primera persona, no existe solo el “sí” y las sonrisas; eso de “consentir en todo” dejémoslo a los abuelos, educar es asunto y responsabilidad de los padres.
Dicen que el educador está dentro de esa larga lista de desempleados que va a crear la Inteligencia Artificial. Quizá la transmisión de conocimientos se haga de otra manera, pero al mismo tiempo cada vez es menos necesario almacenarlos, basta con aprender dónde están con rigor y veracidad para buscarlos cuando sea necesario.
¿Pero qué decir del acompañamiento, la motivación, el afán de superación, el aprender de los errores, el ver cómo crecemos como personas, el asumir que no solo somos un “saco de huesos” sino que hay una dimensión interior? ¿Cómo aprender a reír y llorar, y cuándo reír y cuándo llorar?
La educación que viene, o que ya está aquí, quitará peso a lo académico y se centrará en el acompañamiento, se ejercerá más ese verdadero “magisterio” de los antiguos, esa estrecha relación en la que el maestro se ocupa del crecimiento humano del discípulo.
¿Qué prioridades y retos tienen los centros educativos de la Familia Agustino-Recoleta?
Entiendo que su futuro vendrá marcado por un “cambio de decorado”, pero no considero que sea una actividad en declive, ni mucho menos prescindible. Los religiosos desapareceremos más pronto que tarde de primera línea, los laicos ya están hace años junto con los frailes al timón en los órganos decisorios y en cada centro.
Es importante la concienciación, formación y profesionalización de los futuros gestores y del profesorado y, creo, consensuar con ellos el establecer el eje educativo en nuestra marca e identidad desde el sentido de fraternidad.
Es nuestro elemento diferenciador respecto a otras ofertas educativas, más en lugares como España donde la natalidad sigue en descenso y sobreabundará la oferta para una menor demanda, pero también en otras partes.
Un elemento diferenciador que no está solo en los buenos resultados, o lo bien que se explica esta u otra materia, o las instalaciones actualizadas y adaptadas, sino el saber hacer realidad en las aulas y en las familias esa doble vía de la educación agustiniana: enseñar a ser y enseñar a amar.





