Encuentro de formación permanente de religiosos agustinos recoletos con menos de cinco años de profesión solemne. Roma, 2025.

Del 21 de septiembre al 13 de octubre se ha celebrado en Roma un encuentro jubilar y de formación permanente para los religiosos con menos de cinco años de profesión solemne. Tres de ellos nos ofrecen su testimonio de esta experiencia.

Fray Eduardo Chávez

Participar en este curso ha significado una profunda experiencia de fraternidad y de crecimiento personal. He podido contemplar cómo el carisma agustino recoleto late con fuerza en el corazón de tantos hermanos que quieren hacer vida ese ideal de comunidad y búsqueda de Dios.

El encuentro nos permitió peregrinar a lugares llenos de historia y espiritualidad (Genazzano, Asís, Casia y Tolentino), donde descubrí que el camino de la espiritualidad agustiniana conduce al encuentro con Dios a través de la santidad de lo cotidiano.

El Jubileo de la Vida Consagrada me permitió apreciar la riqueza de tantos carismas que forman una Iglesia viva y plural, unida en torno al sucesor de Pedro y orientada hacia un mismo destino: Cristo.

Y el encuentro con la Familia Agustiniana fue un espacio de comunión y esperanza, con una gran diversidad de personas dando testimonio de que la vida y espiritualidad de san Agustín siguen vivas hoy en los sueños, experiencias y corazones de tantos que caminamos tras sus huellas.

Fray José Antonio Hernández

Estos días he logrado un encuentro cercano con el Señor desde la escucha, la mirada y la búsqueda de su presencia en cada uno de mis días, a lo largo de mi historia. Me llamó mucho la atención reconocerme como un peregrino que camina junto a Jesús con todos mis deseos, desde mis dones y virtudes, desde mis carencias y defectos, es decir, desde una humanidad plena que ni me limita ni me aleja de mi ser consagrado.

Supuso darme cuenta de cómo busco a Dios en mis relaciones, mi oración, mi servicio y, especialmente, de cómo Dios actúa en mi historia, especialmente desde mis relaciones comunitarias, con mis hermanos de carisma y espiritualidad.

Me quedo con la inquietud de continuar buscando y deseando a Dios en mi vida, en mis hermanos, en mi historia y, sobre todo, desde la inquietud que Dios puso en mi corazón de seguirle en este estilo de vida: o sea, volviendo a ese primer amor.

Esta experiencia me llenó de la alegría, fe y esperanza; con el deseo y anhelo de buscar y compartir a Dios desde mi testimonio y cercanía a la Iglesia en cada una de sus necesidades.

Fray Roberto Carlos Alvarado

Esta experiencia ha sido verdaderamente un tiempo de gracia. Creo que en el encuentro he conseguido vivir lo que nos pedía el Capítulo General de 2016 “ser creadores de comunión”. Aquel pedido no era apenas por la unión de las Provincias recoletas que se dio entonces, sino una invitación al encuentro, a la convivencia, a establecer líneas de comunión entre todos.

El curso de Roma me ha dado un espacio de fraternidad, de oración, de encuentro con la historia y la cultura recoletas, con los hermanos de las otras Provincias, especialmente los filipinos, con los que hay más dificultades por las distancia geográfica y el idioma.

Me he dejado sorprender por los impulsos del Espíritu, que sale al paso en esta peregrinación de quienes somos herederos de la espiritualidad y carisma agustinos recoletos.

Cada actividad estuvo bien cuidada y preparada; cada detalle, cada lugar visitado, cada experiencia compartida han sido un oasis. A pesar de que somos los más jóvenes, ya nos toca animar pastorales y realizar trabajos cansados y exigentes. Hemos recargado energías, nos hemos escuchado y animado unos a otros.

Lo he vivido con agradecimiento y con compromiso, y ahora lo recibido no nos lo podemos quedar para nosotros, hemos de compartirlo y hacerlo fructificar, pues somos peregrinos y estamos en proceso. Nuestro carisma es dinámico, es fuego del Espíritu, tiene que haber esa conciencia e inquietud de no parar hasta descansar en Dios.

Otro aspecto ha sido formar las emociones y los afectos, sanar las heridas del pasado e intentar abrazarlas descubriendo la presencia y el paso del Dios amor, algo clave para no ser “prisioneros de nuestras expectativas y de las consiguientes decepciones”, como decía el Papa Francisco. Hemos contado con la ayuda del Instituto Newman de México.

Otro de los valores del curso ha sido reflexionar sobre los elementos propios de nuestro carisma y espiritualidad (ser peregrinos, amantes de Dios, místicos o contemplativos, etc.) algo que se hace vida en la comunidad y en la intimidad con Dios, pero también con quienes caminamos y a los que servimos día a día.

No nos podemos guardar este carisma, debemos conocerlo, abrazarlo, amarlo y compartirlo para no sea un bonito eslogan sino una vivencia real que dé testimonio del amor de Dios a todos.

Por último quiero reseñar que participar del Jubileo de la Vida Consagrada con las Agustinas Recoletas, con las Comendadoras de Santiago o con la Fraternidad Seglar realmente ha sido una gracia.