Cleusa Carolina Rodhy Coelho, MAR, mártir de la Amazonia.

Al cumplirse 40 años del asesinato en Lábrea (Amazonas, Brasil) de Cleusa Carolina Rhody Coelho, misionera agustina recoleta, su vida de entrega y su compromiso con los más vulnerables no se olvida. Su testimonio y recuerdo sigue vivo en muchos.

Marcelo Viana, Lábrea

“¿Y quién cuidará ahora de nosotros? ¡Ella era nuestra madre!”

Así dijo una indígena el día del entierro de Cleusa. Y ese clamor no quedó sin respuesta. La presencia espiritual y maternal de Cleusa continúa viva en la memoria, el corazón y la fe del pueblo que devotamente la invoca como intercesora en sus oraciones.

Cleusa sigue viva en la memoria y el corazón de la gente sencilla que convivió con ella o que ha conocido después su testimonio heroico de entrega y donación. Un día, en una comunidad junto a la Transamazónica, entramos en la casa de Eugenia, una apurinã. Insistió en enseñarnos algo. Fue a un rincón y volvió abrazada a un cuadro de Cleusa. Arrancó nuestras lágrimas. Eugenia la conoció y decía que era una santa que jamás mereció morir de aquel modo.

En la misa de clausura de la visita misionera, Eugenia apareció de nuevo abrazando el retrato y conmoviendo a todos. El celebrante aprovechó para hablar de Cleusa y dijo que aún no había sido nombrada oficialmente santa, que el proceso no estaba finalizado. Eugenia se levantó y dijo en voz alta: “Pues para mí, ella es santa”. La escena nunca más salió de mi memoria y sirvió para aumentar más aún mi admiración por Cleusa.

En la Semana Santa de 2015 recibí una gracia especial por la intercesión de Cleusa. Uno de mis sobrinos, de nueve meses de edad, estaba con fiebre muy alta. Los tratamientos caseros fueron en vano y el cuadro se agravó con hemorragia intestinal. En Urgencias los profesionales se miraban entre ellos de forma nada animadora.

Mientras esperaban los resultados de los análisis, alguien dijo que “solo un milagro” salvaría al pequeño. Yo ya era devoto de Cleusa, para mí siempre será una santa, y mediante su intercesión pedí a Dios que lo curase. El niño, finalmente, salió adelante.

En 2017 la REPAM y Verbo Filmes vinieron a Lábrea para hacer un documental sobre Cleusa. Tuve el privilegio de acompañar al equipo de grabación, que grabó testimonios de gente que había conocido a Cleusa, indígenas de las aldeas de Copaíba y Japiim… ¡Cuántas maravillas escuché, cuántos la consideran santa!

Fuimos a grabar el lugar del martirio, donde hoy se erige una cruz conmemorativa en medio de la soledad de la selva. Es como un santuario, un lugar místico que favorece increíblemente la oración. Imposible no emocionarse, balbucear preces al Padre y pedir la intercesión de Cleusa. ¡Cuánta responsabilidad presentar aquel lugar santo en el documental, experiencia increíble por la que me sentiré agradecido toda la vida!

En enero de 2019 supe que un amigo con cáncer de estómago acababa de recibir el desahucio médico en Manaos. Conmovidos, un grupo de devotos comenzamos a hacer un triduo mensual de intercesión en la tumba de la mártir. En una de esas ocasiones tuvimos la alegría de la presencia del amigo enfermo. No está curado, pero nos dijo emocionado y lleno de gratitud que ya se siente como un vencedor por seguir luchando y con la fe fortalecida. Oró íntimamente ante la mártir y agradeció su intercesión.

Domingos Lopes, Lábrea

Con 14 años, para ayudar en casa quebraba piedras para hacer la grava con que se pavimentaban las calles. El capataz apenas nos pagaba. Cleusa, fuerte y audaz, tenía sed de justicia. Pasó un día y nos preguntó cuánto ganábamos, los horarios… Cuando dijimos la cifra, paró la conversación y se fue directamente a hablar con el encargado, que acabó doblando nuestro salario.

Yo cursaba 5º de Primaria en la Escuela San Agustín. Todos teníamos notas bajísimas en inglés y la profesora nos puso una tarea que valía para la nota. Entonces los alumnos no teníamos ninguna facilidad, sin Internet, ni una biblioteca. Se nos ocurrió acudir a pedir ayuda al obispo Florentino Zabalza, que ese día visitaba la Escuela Santa Rita, en la acera de enfrente. Tres de nosotros fuimos corriendo a buscarlo pero apareció Cleusa y nos preguntó qué queríamos.

Le enseñamos la tarea, básicamente traducir unas frases del inglés al portugués. Nos sentó y empezó a hacer con nosotros la tarea, explicándonos cada frase, mandándonos escribir el resultado, siempre sonriendo. Al final, todos sacamos un 10.

Siento que escribir sobre Cleusa no es nada, solo conocerla a ella misma, con su bondad, su amor y su sencillez para hacerle justicia de verdad.

Luisa Freire, profesora, Lábrea

Cleusa marcó la vida de todos aquí en Lábrea. Nunca medía esfuerzos para ayudar a los marginados, a los empobrecidos, a los niños abandonados y, especialmente, a los enfermos. Allí donde había alguien que necesitaba ayuda, allí aparecía ella.

Manuel, enfermo de lepra, Lábrea

Hoy tenemos nuestro terreno, un lugar para nosotros, somos libres para entrar al banco. Y estoy muy agradecido porque todo eso fue gracias a Cleusa, que no dudó jamás en intervenir buscando justicia para nosotros.

Pedrinho, indio apurinã, Lábrea

Cleusa luchó conmigo en la demarcación de nuestras tierras. Hasta entonces, no teníamos siquiera un lugar fijo para vivir, un hogar.

Maurício Pereira, canónigo de Vitória, Espírito Santo, Brasil

Los mártires siempre me han impresionado: están los que terminaron machacados por los dientes de las fieras en el Coliseo de Roma, como san Ignacio de Antoquía; están los quemados vivos en tierras africanas, crucificados en Japón o muertos de mil maneras en todas las partes del mundo. Y está Cleusa, que con su sangre no solo tiñó, sino que también bendijo las aguas de la Amazonia.

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