Ezequiel Moreno es uno de los religiosos agustinos recoletos que mejor han sabido encarnar la espiritualidad y el carisma de esta Familia religiosa. Juan Pablo II lo propuso en su canonización como modelo de entrega a Dios y de evangelizador. Proponemos algunos aspectos de la vida del santo especial protector de los enfermos de cáncer.

Para sus compañeros de colegio, los fieles en Filipinas o el clero de Pasto, Colombia, es lugar común y testimonio continuo: Ezequiel era un enamorado de la oración. Y con el paso de los años su oración fue aumentando en tiempo y en calidad.

En Pasto (Nariño, Colombia), siendo obispo, reservaba para orar no menos de seis horas diarias, repartidas a lo largo de la jornada. Era su primera y su última actividad cotidiana. Se le “cazaba” en el oratorio a las horas más impensadas.

Sus mayores devociones personales fueron el Sagrado Corazón de Jesús, la Virgen María y la Eucaristía. Dada su vida y experiencia, el dolor también tuvo un importante papel en su visión espiritual, ya fuera por la enfermedad, ya fuera por la violencia a su alrededor (producida por guerras o por luchas más ideológicas).

Lejos de descomponerle, dando al dolor y al sufrimiento un tinte espiritual basado en la Pasión de Cristo y ofreciéndolo por el bien de los demás y en desagravio de las faltas contra Cristo, su oración profundamente afectiva le dio enorme serenidad, sosiego, quietud y entereza de ánimo, en situaciones que hubieran quebrado a cualquiera.

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