Ezequiel Moreno es uno de los religiosos agustinos recoletos que mejor han sabido encarnar la espiritualidad y el carisma de esta Familia religiosa. Juan Pablo II lo propuso en su canonización como modelo de entrega a Dios y de evangelizador. Proponemos algunos aspectos de la vida del santo especial protector de los enfermos de cáncer.

Como ocurre con toda persona, Ezequiel Moreno es hijo de su época, condicionado por la espiritualidad de su tiempo, por su talante humano y espiritual, por su educación y su experiencia. Hoy interpretamos de modo diferente los tiempos, los procesos, la sociopolítica, la economía, las ideologías, el papel social de la Iglesia, los métodos pastorales e incluso las formas de orar.

Pero hay en todo ello mucho de contingente relativamente fácil de reconocer y relativizar. Bajo ese revestimiento efímero y circunstancial que nos diferencia de Ezequiel, yacen ricos veneros que no hay motivo para dejar sin explorar y aprovechar.

Todos los santos muestran el camino que conduce a Dios; sus vidas son como flechas enfiladas al blanco. Y para los miembros de la Familia Agustino-Recoleta, san Ezequiel proviene del mismo humus espiritual, las actividades que desarrolló todavía son las nuestras y vivió en un tiempo relativamente cercano.

Su vida, sus aspiraciones espirituales, sus andanzas apostólicas, sus dificultades pastorales y su proceder en los mil problemas de la vida diaria son todavía hoy joya del máximo aprecio.

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