El Reino de Jesús y la conversión. Una comunidad en torno a Jesús creada por la llamada de Jesús y unida por llevar a cabo el proyecto, la voluntad, de Dios. Es la nueva familia de Jesús.

Después de una breve introducción el evangelista Marcos presenta a Jesús entregado a la proclamación del Reino de Dios e invitando a convertirse y creer en el evangelio (Mc 1,14-15). Pero ¿qué Reino y qué evangelio?

La respuesta a esa pregunta está en el relato de la actuación de Jesús (Mc 1,16-3,35) y en su discurso en parábolas (Mc 4,1-34). Es un Reino por el que vale la pena dejarlo todo y asumir una nueva forma de vivir y una nueva misión (Mc 1,16-20), en el que es importante y frecuente la curación y la atención a los más afligidos, heridos, enfermos… (Mc 1,21.2,12); un Reino en el que se realiza el encuentro personal, la interpelación directa de Jesús, su invitación a ir con él (Mc 2,13-14); un Reino, en fin, que entra en conflicto con el mundo religioso que sostienen los dirigentes, importantes, sabios, del pueblo de Israel (Mc 2,15-3,6).

Sorprendentemente el Reino se agranda y llega a la muchedumbre de la gente. Son muchos los que inician el camino de conversión al que invitaba Jesús. Reconocen en él autoridad, admiran su modo de actuar y muchos se sienten curados por él.

Esta presentación inicial del Reino de Dios que hace Marcos comenzó con la llamada a los que permanecerán con él: Simón, Andrés, Santiago, Juan… Poco antes de concluirla Marcos describe un momento de cierta solemnidad: Jesús sube a un monte, llama a los que quiere e instituye a doce para estar con él. Con ello tendríamos construido un apartado, encerrado en la inclusión que comenzó con los llamados y concluye con ellos y otros que se añaden para formar un grupo especial (Mc 3,13-19). Es el Reino de Dios predicado por Jesús.

Pero, antes del discurso en parábolas coloca Marcos el relato que leemos en este domingo décimo del tiempo ordinario. De algún modo descubrimos en él el segundo elemento de la proclamación inicial de Jesús: “Convertíos y creed en el evangelio”. No es simplemente una conversión ética o moral, es incluso una transformación de la mente, del corazón, de las actitudes y las relaciones, algo nuevo, nueva noticia, evangelio. Todo ello entra en conflicto con lo que piensan y promueven los escribas. Escribas es el nombre que da Marcos a todos los que han ido apareciendo en los relatos oponiéndose a la actuación de Jesús. Hasta tal punto se opone a su visión religiosa que ven en Jesús la obra de Satanás.

Choca la visión de Jesús también con sus familiares, con los que han sido cercanos a él hasta entonces. Ahora se han visto sustituidos por otros, por los doce, por los que han sido curados, por la muchedumbre que le sigue. Para todos: escribas, familiares, la multitud… es la invitación de Jesús de creer y convertirse. Es decir de aceptar la “fe”, la visión de los otros que él propone y convertirse, que es lo mismo que decir: descubrir la voluntad de Dios para el presente. El núcleo del Reino de Dios no es defender principios y normas inalterables sino descubrir la voluntad de Dios para el día a día y crear una nueva relación con los que siguen a Jesús. Relación que tiene su imagen en la relación familiar de hermanos.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA