Federico de Madrazo_Las tres Marías ante el sepulcro vacío de Cristo.jpg

El agustino recoleto José Antonio Ciordia, movido por la fe y la esperanza, expresa en las estrofas siguientes su anhelo de que Jesús surja glorioso del sepulcro e invita a esperar el acontecimiento en un silencio orante.

Cerrado el sepulcro con piedra gigante,
el cuerpo de Cristo en las sombras yacía,
la tierra en dolores de parto gemía,
por ver resurgir del Averno triunfante
al Rey que de muerto a la vida volvía.

Guardemos silencio, gustemos la espera,
y en santo respeto, con mente serena
pidamos al cielo, con alma ferviente,
que vuelva a nosotros, ahora durmiente,
Jesús ya glorioso Dador de la Paz.

Retírese presto la piedra que obstruye
tan santo lugar, y el Soplo que fluye
del Padre de todos los mundos, insufle
de nuevo la vida … ¡La muerte ya huye,
se cierra la tumba por siempre jamás!

Señor Jesucristo, devuelve a la vida
el nervio divino que anuncie otra esfera,
alumbra en los tuyos la fe recibida
y encumbra sus ansias a verte en espera
sentado a la diestra del Padre, tu Dios.