XVI Domingo del Tiempo Ordinario: La cizaña.

Sb 12,13.16-19: En el pecado das lugar al arrepentimiento. Sal 85,5-6.9-10.15-16a: Tú, Señor, eres bueno y clemente. Rm 8,26-27: El Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables. Mt 13,24-43: Dejadlos crecer juntos hasta la siega.

Por Rafael Mediavilla, agustino recoleto. Valladolid, España.

San Agustín se acercaba a la Escritura con la curiosidad del buscador y, por eso, buscaba respuestas a cada una de las preguntas que surgían de los textos bíblicos; respuestas que él ampliaba más allá de las que encontraba explícitas.

Recurrió muy frecuentemente a esta parábola de la cizaña haciendo ver que es inevitable encontrarse en la sociedad, en la misma Iglesia y también en las comunidades religiosas, trigo y cizaña.

Esa era la presentación directa y clara de la parábola; pero era necesario responder también al dilema que se produce, pues al pretender arrancar la cizaña en la sociedad, en la Iglesia y en las comunidades, se corre el riesgo de arrancar, también, el trigo.

Dos reflexiones iluminadoras hace Agustín: tú, que hoy eres trigo, mañana puedes ser cizaña; y ese hermano que has descubierto hoy como cizaña, mañana puede ser trigo. Si para erradicar la cizaña destruyes o arrancas a tu hermano, destruyes el trigo que será.

Propone por ello que es mucho mejor que tú veles para no convertirte en cizaña; todavía más, y es la segunda reflexión, en cada uno de nosotros pueden estar juntos el trigo y la cizaña, porque en cada uno hay bondad y gracia, así como maldad y pecado.

Ramón Cué es un conocido escritor jesuita, autor de numerosos libros. Quizás el más conocido de sus textos sea Mi Cristo roto, poema tantas veces declamado. Pero a su altura, en cuanto a difusión, podemos situar Cómo llora Sevilla…, un pregón de semana santa para ser declamado cuando no hay pregonero ni pregón.

Pues bien, uno de sus poemas es, precisamente, un comentario al pasaje evangélico de este domingo:

¿Que hay cizaña? ¡No importa!
Lo sabe el Amo.
¡Que se alegren los trigos!
Es lindo el campo.
¿Que crece la cizaña?
Trigo, ¡crece más alto!
¿Que es mucha? Siempre abulta,
más que el trigo, el escándalo.
Y en todo caso,
¡lo sabe el Amo!
¡Que se alegren los trigos!
Es lindo el campo.
No hables de la cizaña.
Ella habla demasiado.
Mira al trigo; no mires
a la cizaña tanto.
¿Cizaña en toneladas?
De trigo, ¡basta un grano!
Y en todo caso,
¡lo sabe el Amo!
¡Que se alegren los trigos!
Es lindo el campo.
¿Que hay cizaña? ¡Pues sean
los trigos mas dorados!
¿Crece? ¡Crezca en los trigos
más apretado el grano!
El trigo que se angustia
no es trigo limpio; es falso.
La cizaña es tristeza.
El trigo es luz, y es cántico.
Y en todo caso,
¡lo sabe el Amo!
¡Que se alegren los trigos!
Es lindo el campo.