XV Domingo del Tiempo Ordinario.

Is 55,10-11: La lluvia hace germinar la tierra. Sal 64,10.11.12-13.14: La semilla cayó en tierra buena, y dio fruto. Rm 8,18-23: La creación expectante está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios. Mt 13,1-23: Salió el sembrador a sembrar.

Por fray Rafael Mediavilla, agustino recoleto. Valladolid, España.

“Jesús salió de casa y se sentó junto al mar” Con esa sencilla descripción se inicia el tercero de los discursos de Jesús en el evangelio de Mateo. Es el discurso en parábolas. La primera de ellas es la que se lee en el evangelio de este domingo. Se inicia sin preámbulos mientras que las que vengan después tendrán una pista importante para ser entendidas: Jesús está hablando del “reino de los cielos”. Es aquella realidad que se instaura con su venida, con su predicación, con la novedad que imprime al conocimiento y a la relación con Dios.

La parábola se vincula necesariamente con el texto que viene a continuación en el que se justifica el porqué de las parábolas y con el siguiente, que es explicación de esta primera. Antes que una propuesta de comportamiento moral o ético es la manifestación de un convencimiento de Jesús de cómo es el reino de los cielos, cómo es lo que Él sabe que Dios quiere instaurar. Un lugar en el que la Palabra, la semilla, se hace fuerte para producir fruto: sea ciento, sea sesenta, sea treinta. Esa perspectiva ética es la que puede haber impulsado a sugerir el título de “la parábola de los terrenos” y es la que aparecerá en la explicación de la misma parábola. Es común entre los estudiosos considerar que la parábola tiene un sentido original en Jesús y otro en la comunidad posterior, recogido en la explicación (Mt 13,18-23). Pero en la parábola misma es la semilla lo importante. Esta es la que produce fruto: “lo sembrado”. El terreno es simplemente la condición para que se produzca.

La comunidad cristiana ha introducido ese recurso de la explicación de la parábola para poner en su evangelio también lo que creía que era necesario para los cristianos: interpelar sobre la escucha de la palabra, que se identifica con la semilla. Hay que esforzarse en “comprender” la palabra, perseverar en ella, no dejar que la ahoguen los afanes y riquezas. Esto lo encontramos en Marcos y Mateo lo vuelve a recoger.

En el evangelio de Marcos quizá es más patente el contraste con lo que sucede en la misión de Jesús: hay una descripción del rechazo, de la cerrazón de los oyentes a lo que Él proclama, que puede conducir al desaliento, al pesimismo frente al convencimiento de Jesús, expresado en la parábola, de que la semilla está siendo fecunda.

Se muestran tres fracasos de la siembra frente a tres éxitos; por eso, antes de concluir en la necesidad de corregir comportamientos o actitudes, es necesario acoger la fe en Jesús o, dicho de otra manera, dejarse convencer por él de lo que él está convencido: la semilla está produciendo fruto, el reino se está realizando.

Esto concuerda con la línea de interpretación de la mayor parte de las parábolas. Es también lo sugerido por el texto en el que se da razón a la predicación en parábolas. Hay quienes han recibido el don de conocer y quienes no. Hay quienes miran sin ver y escuchan sin oír ni entender; y, a otros, se les ha concedido conocer.