XIV Domingo del Tiempo Ordinario: Sabiduría y caridad

Za 9,9-10: Mira a tu rey que viene a ti modesto. Sal 144,1-2.8-9.10-11.l3cd-14: Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey. Rm 8,9.11-13: Si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis. Cf. Mt 11,25: Aleluya, aleluya, aleluya. Mt 11,25-30: Soy manso y humilde de corazón.

Por Rafael Mediavilla, agustino recoleto. Valladolid, España.

Agustín de Hipona en el año 413 en Cartago comenta la frase del evangelio de Mateo:

«Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, no a fabricar el mundo, no a crear todo lo visible e invisible, no a hacer milagros en el mismo mundo y a resucitar a los muertos, sino que soy manso y humilde de corazón (Mt 11,29). ¿Quieres ser grande? Comienza por lo ínfimo. ¿Piensas construir una gran fábrica en altura? Piensa primero en el cimiento de la humildad. Y cuanta mayor mole pretende alguien imponer al edificio, cuanto más elevado sea el edificio, tanto más profundo cava el cimiento. Cuando la fábrica se construye, sube a lo alto; pero quien cava fundamentos se hunde en la zanja. Luego la fábrica se humilla antes de elevarse y después de la humillación se remonta hasta el remate» (Sermón 69, 2).Aprende de él que es manso y humilde de corazón.

«Cava en ti ese cimiento de humildad y llegarás a la cúspide de la caridad» (Sermón 69,4).

El breve texto evangélico de este domingo recoge varias contraposiciones binarias: esconder y revelar, sabios y gente sencilla, Padre e Hijo, cansancio y restauración… En esta última se marca significativamente esa contraposición: lo que pudiera producir mayor cansancio y agobio, como es un yugo y una carga, es causa de descanso y alivio.

Hay una sabiduría escondida a quienes con su inteligencia se devanan por conocer y que generosamente se regala a la gente sencilla, porque esta atiende a la invitación de Jesús de ir a él y tomar, llenos de confianza, el yugo que les ofrece.

Muchos textos del Antiguo testamento se refieren al yugo como expresión de la opresión sufrida por el pueblo, sea en el tiempo de su esclavitud en Egipto o en los tiempos posteriores al ser conquistados por asirios y persas. En el evangelio Jesús parece poner en relación esa opresión con la que ejercen los escribas y fariseos sobre el pueblo multiplicando las observancias y las leyes.

Por eso es fácil seguir la reflexión de Agustín: La oferta de Jesús será entonces una ley, un mandamiento que restaura del cansancio, que aligera, que es liberadora. Aceptar esa oferta es la fuente de la verdadera sabiduría, del auténtico aprender. Seguir con las leyes y observancias es permanecer en la ignorancia y la oscuridad.

La sabiduría además se comprueba no en la fuerza de la lógica, en la contundencia de los argumentos sino en la experiencia de la dulzura y alegría. El que obra el mandamiento de Jesús descubre su verdad porque experimenta el gozo al amar, al servir, al entregarse.

Obrar el mandamiento de Jesús es además imitarle, porque es amar como Él nos ama. Es convertirse en acogedores de tal forma que los que vienen hasta el discípulo de Jesús también sienten que encuentran el descanso y la restauración. Por eso se hace significativa la ilustración de los refugiados ucranianos que sufren la opresión y el agobio, y pueden encontrar el descanso y la restauración en los discípulos de Jesús.