XI Domingo del Tiempo Ordinario: Llamados, reconciliados, enviados.

Éxodo 19,3-6a: Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa; Salmo 99: Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño; Romanos 5,6-11: Si fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, con cuánta más razón seremos salvos por su vida; Mateo 9,36-10,8: Llamó a sus doce discípulos y los envió.

Por Tomás Ortega, agustino recoleto. Getafe, Madrid, España.

Llamando a los Doce, los envió

El evangelio de este domingo nos habla de la elección de los Doce Apóstoles. El evangelista Mateo es además muy explícito a la hora de decirnos quiénes son estos Apóstoles; nos da sus nombres y algún dato para situarlos, así como el por qué y la misión que se les encomienda. Los discípulos se convierten en Apóstoles, son enviados. El discipulado pasivose convierte en misión en un sentido activo. No son más oyentes, son ahora misioneros, enviados: id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis. Jesús no necesita seguidores cómodos, necesita compañeros que le ayuden en su misión. Antes de darles el ministerio del apostolado, el Señor indica el porqué: la mies es mucha y los obreros son pocos.

El Señor los capacita: les da poder y autoridad para curar y liberar. Ser apóstol implica ser llamado y capacitado, capacidad que da el mismo Señor, no el mismo discípulo. Aquí hacen eco las palabras del Señor en el evangelio de Juan: No sois vosotros quienes me habéis elegido, he sido yo quien os he elegido, para que vayáis y deis fruto (Jn 15,16).

La mies es mucha

El Maestro es consciente de que la misión no es sencilla, ni tampoco una obra humana. Él mira su realidad y se da cuenta que solo la intervención de Dios puede cambiar el mundo y la humanidad: estaban como ovejas sin pastor. El Señor invita a orar, a pedir: La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies. ¿Cuál es esta mies? Estaban como ovejas sin pastor. La humanidad dolida, herida, que vive como oveja errante, esa es la mies para la que el Señor pide trabajadores.

La primera lectura, del libro del Éxodo, presenta parte del discurso de Yahvé, en el cual Él presenta las condiciones de la alianza que quiere realizar con el pueblo de Israel, pidiéndole que escuche sus palabras y guarde sus mandamientos, entonces se convertirá en su pueblo, en su nación santa: si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa.

Ovejas del rebaño

La otra imagen que se presenta para representar a la humanidad es la del rebaño. Mateo nos dice que estaban extenuadas y abandonadas como ovejas sin pastor. Jesús se compadece de esta situación e instituirá el Apostolado como una forma de ir a todos. El Salmo 99 canta la grandeza y la bondad de Dios, de quien el pueblo es rebaño: él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño. El salmo se hace eco del texto de Éxodo donde Dios declara que Israel es suyo. La pertenencia de Israel significa que Dios se preocupa por su pueblo. Jesús, el Buen Pastor, es quien reunirá a este pueblo, es Él quien reunirá al Israel de Dios.

Reconciliados

Pablo es quien nos da la clave de esta forma de congregar al rebaño: reconciliación por la muerte de Cristo. El Hijo de Dios reconcilia con la ofrenda de sí mismo a la humanidad con Dios. El rebaño de Dios disperso es congregado de nuevo por medio de la obra de Jesucristo: pero la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros. Reconciliados y justificados, los hombres son llamados a una nueva vida en el Señor. Jesús, compadecido de los hombres, pide al Padre que no falten obreros en su campo, para que les lleven el mensaje de la reconciliación, del perdón, de la nueva vida. Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño, pero al mismo tiempo, como los Apóstoles, somos llamados a anunciar a las ovejas descarriadas la llamada a una nueva vida en el Buen Pastor, Cristo el Señor.