Domingo XI del tiempo ordinario: ¿Gratis?

«Los sentimientos verdaderos no tienen precio, están en la base de lo que somos y nos van configurando, moldeando. Son parte de la vida, esa que hemos recibido gratuitamente sin que nosotros hayamos tenido arte ni parte. Cada uno de nosotros tenemos un buen puñado de talentos, de cualidades, y es necesario ponerlo al servicio de los demás. Pues como nos dice el evangelio: Dad gratis lo que gratis habéis recibido».

Por fray Roberto Sayalero Sanz, agustino recoleto. Zaragoza, España.

¿Gratis? Aquello por lo que no tenemos que pagar nos produce más sospecha que lo que puede parecernos caro o hasta inalcanzable para nuestro bolsillo. Hemos interiorizado el que todo tiene que tener precio y que nos cuesta cada vez más aceptar sin recelo que hay cosas que no requieren nada a cambio.

¿Qué precio poner a la piel tostada por el sol o a un soplo de viento fresco acariciando el rostro al amanecer en este caluroso junio? ¿Cuánto vale un rato de reposo después de un día duro o la conversación con un amigo al que hace tiempo que no ves? ¿Imaginas una tienda de lágrimas de despedida, o de besos de enamorado, o de halagos de abuela o de caricias de madre, o de riñas entre hermanos? ¿Puede alguien vender el palpitar del corazón de un amante o la inspiración de un poeta o la felicidad de un místico?

Los sentimientos verdaderos no tienen precio, están en la base de lo que somos y nos van configurando, moldeando. Son parte de la vida, esa que hemos recibido gratuitamente sin que nosotros hayamos tenido arte ni parte. Cada uno de nosotros tenemos un buen puñado de talentos, de cualidades, y es necesario ponerlo al servicio de los demás. Pues como nos dice el evangelio: Dad gratis lo que gratis habéis recibido.

Hoy asistimos a la primera parte del envío de los apóstoles a anunciar la buena noticia del Reino, el fin de la injusticia y el sufrimiento para dar paso a la vida, a la dignidad, al respeto. Esto podemos verlo claramente en las instrucciones que da a los doce: Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. El mensaje de Jesús no es un conjunto de leyes y preceptos sino vida y dignidad a borbotones. Los discípulos no repartieron octavillas con un código de buenos modales sino que mostraron, como hizo Jesús, que las cosas importantes, las que tienen valor de verdad, no tienen precio.

Todos los excluídos y apartados recibieron este mensaje como un auténtico balón de oxígeno que los permitía recuperar la humanidad que un puñado de lobos con cara de santurrones les había arrebatado en nombre de Dios. Nos encontramos en el centro del evangelio. Este es el mensaje que estamos llamados a vivir y anunciar con nuestra forma de vida. En nuestra relación con Dios hemos de ser lo más fieles posible, pero antes que todo debemos ser fieles a la vida pues ésta es el único medio que tenemos para relacionarnos con Él.

En este dar gratis lo que gratis hemos recibido podríamos señalar como tres principios fundamentales, que no por sabidos dejan de ser necesarios: el respeto a la vida, es decir, a las personas porque la vida en abstracto no existe con lo cual esto nos lleva a la vez a aceptar las diferencias, el que no todos piensen o se comporten como yo; en segundo lugar, la defensa de la vida de todas las personas, especialmente la de aquellos que no tienen voz; y, por último, promover la dignidad de todos los seres humanos.

Quizá para muchos todo esto sea un gran problema: ¿Qué puedo hacer yo? ¿Cómo puedo contribuir a todo esto que estamos hablando? Volvamos al principio y pensemos en tantas cosas que hemos recibido gratuitamente y que podemos ponerlas al servicio de los demás, desde la sencillez y el deseo de convertirnos en una bendición para los demás, en auténticos mensajeros de vida con mayúscula. El mensaje del Reino tiene mucho de sensibilidad, de generosidad, delicadeza y compasión y poco de ritualismo, hipocresía, exclusivismo, perfeccionismo y adoctrinamiento. Creo que no puede decirse más claro. Ahora cada uno ha de sacar sus conclusiones para seguir haciendo crecer lo gratis en este mundo del “precio” en el que vivimos.