Agustinos Recoletos. Chihuahua, México. Misión 2023.

45 feligreses de la Parroquia de Cristo Sumo y Eterno Sacerdote se enrolan en la “Misión evangelizadora 2023” llevada a cabo del 23 al 30 de abril en la Parroquia de Cristo Sumo y Eterno Sacerdote de la ciudad de Chihuahua, atendida por los Agustinos Recoletos desde 1986.

Siete semanas antes de Semana Santa, el agustino recoleto Manuel Antonio Flores, párroco de la Parroquia de Cristo Sumo y Eterno Sacerdote, que abarca ocho colonias de clase media baja (y con barrios muy pobres) en la ciudad de Chihuahua, Chih, convocó a los agentes de pastoral que perseveran en las pocas pequeñas comunidades existentes o que están en algún ministerio de pastoral, para participar en la “misión evangelizadora 2023”. 45 personas aceptaron el reto.

El 14 de febrero, antes de que comenzara la Cuaresma, se tuvo la primera de ocho reuniones, una por semana, de preparación de los misioneros. El mismo párroco cada martes les dio las charlas de cómo anunciar el “kerigma” -anuncio del amor de Dios- a los alejados, fríos, indiferentes, de otras confesiones cristianas o a los mismos que asisten a Misa los domingos y se conforman con eso.

También durante todo ese tiempo se aprovechó para preparar el material: mapas de la Parroquia, división por sectores y sub-sectores, impresión de pequeños folletos con el mensaje kerigmático para regalar, confección e impresión de una hoja de avisos parroquiales sobre horarios de Misas y de oficina, folder y hasta confeccionar morrales para que los misioneros cargaran cómodamente todo su material, además de mandar fabricar las cruces misioneras.

Después de siete reuniones, una por semana los martes, se suspendieron las charlas para vivir plenamente los oficios de Semana Santa. La primera semana de Pascua fue de descanso. En la segunda semana de Pascua, el lunes 17 de abril, comenzó la denominada “Jornada de oración por la misión” durante cinco días, hasta el viernes 21. Los misioneros y todos los enrolados en los ministerios parroquiales, aunque no fueran a misionar, oraron de 11:00 am a 7:00 pm, por turnos, ante el Santísimo Sacramento para prepararse espiritualmente y pedir por las personas que iban a ser visitadas en la misión. Obviamente la jornada diaria concluía con la Eucaristía.

Todos los ministerios y grupos parroquiales participaron cubriendo sus correspondientes guardias en esos cinco días de oración: las catequistas de todos los niveles, los jóvenes JAR, la Fraternidad Seglar, los miembros del CEAR, los ministros de la Comunión, lectores, monaguillos, coros, pequeñas comunidades, grupos de matrimonios, la Escuela de la Cruz, y otros. La Jornada concluyó el viernes con una “asamblea de oración” dirigida por Yani y Éric, un matrimonio experto en SINE (sistema integral de la nueva evangelización).

El párroco Manuel Antonio Flores aprovechó los días de la Jornada de oración para tener la última reunión el martes después de la Misa con los misioneros para aclarar cuestiones técnicas,  y el jueves, 20 de abril, se reunió con las dos parejas que se encargaron del “centro de papelería” y los ocho misioneros que se encargarían de abrir los cuatro centros de “casa de oración y reflexión” diaria durante los días del visiteo intensivo. El domingo 23 de abril fue el día clave: en la Misa de 1:00 pm el Párroco presentó a los misioneros a la comunidad de fieles, les impuso la “cruz misionera” agustino-recoleta y les leyó la oración de envío. Ese mismo día de dos en dos recibieron su morral con los mapas por manzana y toda la papelería necesaria para su misión. Los misioneros con su Biblia en la mano salieron a tocar puertas en el sector 5 de la Parroquia (la colonia 2 de octubre).

Del lunes 25 al sábado 29 de octubre el centro de papelería se abrió de 10:00 am a 8:00 pm en dos turnos. Por la mañana lo tendieron las señoras Ramona y Luz y por la tarde el matrimonio Paty y Juan. A las 9:00 am de lunes a viernes se celebraba la Eucaristía de envío diario.

Los misioneros se ponían de acuerdo para hacer parejas y salir a llevar el “mensaje del amor de Dios” a los hogares del sector 5 y la mitad del sector 2 a la hora en que se veían libres de sus responsabilidades laborales y familiares. Hubo parejas que salieron todos los días, bien en la mañana o en la tarde. Loable la actitud y disponibilidad de todos. Digno de mención es el caso testimonial de las señoras Conchita -que es casi invidente- y su compañera “Chita”, que es analfabeta, las cuales la mayor parte de los días salieron a misionar acompañadas por otra misionera o solas.

En las misas dominicales se tomó el nombre de las familias que pidieron que les llevaran el mensaje a sus hogares. Algunos de los misioneros visitaron a estas familias, aunque estuvieran fuera del territorio programado para visitar.

De las cuatro “casas de oración y reunión” que se pretendían formar, solo se lograron instalar tres, pero para dar el paso a las que sesionarán una vez a la semana perseveraron dos. Los matrimonios de Raquel y Jaime, Lidia y Enrique les prestaron atención a diario y seguirán acompañando semanalmente.

A diario se tenía que cerrar el centro de papelería casi a las 9:00 pm porque las últimas en llegar eran Miriam y Blanquita, que misionaban hasta que terminaban la manzana asignada. Parte de la labor de visiteo era detectar alguna persona enferma que solicitara atención espiritual. Los datos se anotaban y fray Javier López Mauleón fue el encargado de ir a confesarlos, darles la Unción o llevarles la Comunión.

El domingo 30 de abril se clausuró en la misa de las 13.00 horas la etapa de “visiteo intensivo” de la misión. Se logro visitar más de 1000 hogares. Después de la Misa se tuvo “la asamblea general”, en la que Manuel Antonio Flores les agradeció su labor misionera, les informó sobre la estadística de resultados: hogares visitados, los que aceptaron el mensaje, los que lo rechazaron, casas solas, negocios, personas de otras confesiones cristianas y otros; les aclaró que no son los números lo importante, sino la gracia de Dios que actúa en las personas que recibieron el mensaje, o “que nos vieron por la calle o, incluso, los que nos rechazaron”.

Mientras compartían los alimentos y una refrescante agua de piña, algunos de los misioneros contaron alguna cosa llamativa que les sucedió durante los “días de visiteo intensivo”, para testificar que, durante la “misión”, los más edificados son ellos mismos.

Pero la “misión” no termina, quedan abiertas las dos “casas de oración y reflexión” durante diez semanas con una sesión a la semana, hasta llegar lo mejor preparados posible al “retiro de evangelización” que será, Dios mediante, el segundo fin de semana de julio.

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