Domingo de Ramos: ¿Vienes?

«El ir con Él ayuda a ver el decorado en el que transcurren nuestros días gobernados por la imagen y la apariencia. A lo largo de estos días vamos a poder contemplar cómo la lógica de Dios acaba imponiéndose. No son las apariencias las que triunfan, no son los poderosos los que ganan, no son los guapos los que imponen la ley, sino que es la coherencia la que al final se sale con la suya».

Por Roberto Sayalero, agustino recoleto. Zaragoza, España.

¿Vienes? Sí, tú; ¿qué si vienes conmigo? Imagina que al pasar a lomos del borrico, Jesús te mira y te hace esa pregunta. Después del primer escalofrío toca responder, no vale silbar ni mirar para otro lado como si la cosa no fuese contigo. No podemos pasar de largo ni enhebrar otras excusas a ver si una cuela, porque estaríamos siendo igual de falsos que aquellos santurrones que eludieron compromisos ineludibles para no socorrer a aquel hombre samaritano molido a palos. Si eres seguidor de Jesús o si quieres serlo, no hay más remedio que dar un paso al frente y decir: “Claro que sí, te acompaño”.

¿Cómo condensar una vida en siete días, una enseñanza perenne en un paso de tiempo demasiado fugaz y más caduco de lo que quisiéramos? En ese punto de partida nos encontramos, en la línea de cal que el arrastrar de nuestros pies es capaz de borrar por culpa de tantas cosas que cargamos en el día a día. ¿Quién no necesita un borrico para descargar pesos cotidianos y lastres que acompañan desde hace años? Ahí nos encontramos hoy. En la rampa de lanzamiento de siete días en que escalamos desde la bandera del amor al triunfo de una vida entregada, que nada tiene que ver con un apretón espiritual sino con la lógica de la vida generosamente entregada que encuentra su destino definitivo al cambiar el horizonte gris de los días de ceniza por la claridad vestida del sol de eterna esperanza de la Pascua.

El ir con Él ayuda a ver el decorado en el que transcurren nuestros días gobernados por la imagen y la apariencia. A lo largo de estos días vamos a poder contemplar cómo la lógica de Dios acaba imponiéndose. No son las apariencias las que triunfan, no son los poderosos los que ganan, no son los guapos los que imponen la ley, sino que es la coherencia la que al final se sale con la suya.

La Semana Santa es una oportunidad excelente para vivir con profundidad nuestra espiritualidad de seguidores de Jesús. En siete días, contados al revés como dijo el pregonero, vamos a ir con Jesús, a acompañarlo en el proceso que lo llevó a la muerte; vamos a asistir al paso del dolor más profundo, de la mayor de las injusticias a la vida con mayúsculas que nos tiene que llenar de ilusión y de esperanza; vamos a consolar y consolarnos a la vez con una madre, que es la nuestra, destrozada por el dolor pero con un envidiable semblante de esperanza.

En estos días no tenemos que guiarnos ni eclipsarnos por el dolor de un sacrificio. No tenemos que ser carroñeros, o buscadores compulsivos de sangre y sufrimiento. La pasión de Jesús no es un cúmulo de dolores físicos con el fin de calmar la ira de Dios. Cristo se entrega por amor. Las devociones habituales de la pasión nos hablan sobre todo de que el sacrificio está en relación directa con el dolor; a más dolor, mayor sacrificio, y mayor premio de Dios. Pero esta visión no es adecuada, ni decente, ni evangélica. Responde a un Dios sanguinario que tiene poco ver con el nuestro.

Hoy acabamos nuestro paso por el desierto, entramos con Jesús, el rey, montado en un burro, para acompañarle en su trance, en su paso: la Pascua. Falta solamente una semana para que renovemos nuestro bautismo. Debemos orar y dejarnos hablar por Dios y que nuestra vista no se quede nublada por la sangre de la pasión de quien se entregó por nosotros, sino por la luz de su triunfo, de su resurrección. En Jesús tenemos un modelo, de entrega y de servicio a los demás. Cuando parece que no está muy de moda la coherencia, nosotros nos encontramos con un hombre coherente con su misión y con su palabra, que no defrauda a aquellos que habían puesto su confianza en él aunque luego saliesen corriendo. Eso es amor y fidelidad, que marcan un camino a seguir.

¿Vienes? Por fin podrás hacer vida aquello que contemplamos. Ojalá seamos audaces y creativos para no conformarnos con el guión de siempre, con que ganen los mismos. La lógica de Dios está de acuerdo con unos valores que no siempre se tienen en cuenta porque exigen esfuerzo y constancia. Jesús murió, pero resucitó contra todo pronóstico. Si no queremos salirnos de la historia de Dios con nosotros, ¿por qué no dejamos que sea Él quien ponga las reglas? Seguro que así seremos más solidarios y más humanos. Feliz Semana Santa.

.