ARCORES Costa Rica. Programa Calle Esperanza. Marzo 2023.

Acompañamos a ARCORES Costa Rica en el día en que uno de sus beneficiarios en situación de calle consigue su cédula de identidad nacional, única puerta para “existir” para las autoridades, los servicios públicos y los programas de lucha contra la exclusión social.

Desde que se abrió el programa Calle Esperanza de ARCORES Costa Rica, los voluntarios de la Red Solidaria Internacional Agustino-Recoleta en el país centroamericano fueron encontrándose lunes a lunes, el día de acción del programa, con Ronald.

Calle Esperanza está especialmente centrado en los sin techo, las personas que sufren más las consecuencias de la exclusión social porque no tienen un hogar estable. Como punto de encuentro para encontrarse con Ronald, los voluntarios del proyecto cuentan con un aula del complejo de la Parroquia de la Inmaculada Concepción de Pozos de Santa Ana, en la provincia de San José.

Una vez que entran en la dinámica de atención, los beneficiarios reciben cada lunes un espacio propio que va mucho más allá de una ayuda material concreta. Se escucha a la persona, se intentan conocer las causas por las que ha llegado a esta situación de calle, se intentan remediar en lo posible para que la suerte de la persona pueda cambiar.

En el caso de Ronald se comprobó una situación de abandono total porque él no existía oficialmente: no tenía documentación. No es un asunto baladí: sin una cédula de identidad no hay acceso a ninguna Administración, a ninguna ayuda pública o programa de lucha contra la exclusión social, no hay registros, no hay modo de ser atendido.

Los voluntarios del programa se pusieron en marcha para solventar el problema. Hasta que, conseguida y preparada la documentación necesaria, llegó el día. Hacía 15 años que Ronald no iba a la capital del país. Una voluntaria le acompañaba en el autobús.

Llegaron a las oficinas de la Registraduría Nacional y lograron la entrega del documento. Lo celebraron con un pequeño almuerzo y un paseo por el Parque Central. Allí, según las palabras de la voluntaria, Patricia, Ronald estaba tan contento y emocionado que “hablaba y hablaba, ¡hablaba hasta con las palomas!”.

Ronald ya es un ciudadano reconocido, el primer paso para una vida digna; más allá de una estadística, se abren nuevas puertas para reintegrarse a la sociedad con acceso a las ayudas públicas, formación laboral, reintegración social. Y, con el tiempo, con unos ingresos que le permitan abandonar su pequeño lugar bajo el puente de la Radial de Santa Ana, donde pernocta.

En los últimos tiempos, el programa Calle Esperanza se ha topado con otro tipo de beneficiario, que procede del oscuro mundo de las migraciones forzadas. Se trata de transeúntes extranjeros (también fuera del control estatal) que cruzan Costa Rica de sur a norte camino a Estados Unidos. Proceden en su mayor parte de Sudamérica y el Caribe.

Con ellos, el programa se ubica en los alrededores de las estaciones de autobuses de la capital del país. A muchos se les entregan los pasajes de autobús hasta la frontera norte. A los que van a pasar la noche en la calle se les entrega comida caliente. ARCORES Costa Rica está repartiendo de 200 a 300 raciones diarias, según días.

También aparece una nueva tipología: aquellos que han perdido toda esperanza de llegar a su destino, Estados Unidos, por los cierres fronterizos y las persecuciones que sufren durante todo el recorrido. Sin embargo, aunque se arrepientan de seguir hacia el Norte, tampoco pueden regresar a su país: no es una opción por la falta de medios de vida digna, por la falta de paz o por tantas razones.

En estos casos, ARCORES Costa Rica se esfuerza por ayudarles a encontrar trabajo y hasta una vivienda. La generosidad de los donantes y voluntarios es inmensa, aunque las necesidades siempre son mayores. La pasada Navidad, por ejemplo, una empresa local quiso donar regalos para todos ellos, que los voluntarios entregaron mientras juntos todos cantaban villancicos.

La última gran noticia es que próximamente se reactivará el programa de atención a adultos mayores, llamado “Maestros de Esperanza”. Se había cancelado por la pandemia y ha llegado el momento de poder, de nuevo, llevarlo adelante.