V Domingo del Tiempo Ordinario: sois la luz; ¡brillad, iluminad!

Is 58,7-10: Romperá tu luz como la aurora. Sal 111,4-5.6-7.8a.9: El justo brilla en las tinieblas como una luz. 1Co 2,1-5: Os anuncié el misterio de Cristo crucificado. Mt 5,13-16: Vosotros sois la luz del mundo.

Por Rafael Mediavilla, OAR. Valladolid, España.

Jesús Luz y sus discípulos luz

Al preparar la lectura de la Palabra de Dios del V Domingo del tiempo ordinario no podemos evitar pensar al mismo tiempo en la fiesta de la presentación del Señor, cuya celebración precede este año a ese domingo.

De hecho, los textos del evangelio de uno y otro día se relacionan entre sí, al recurrir a la misma imagen: la luz. En la fiesta de la presentación el anciano Simeón descubre en Jesús la luz de las naciones y lo proclama. En el evangelio del domingo es Jesús quien ve a sus discípulos como luz del mundo. La relación entre Jesús luz y los discípulos la explica el comentario de un amigo de san Jerónimo, de Rufino, de Eusebio y de san Ambrosio, san Cromacio:

Los discípulos “son la luz del mundo, ya que, iluminados por Él mismo, que es la luz verdadera y eterna, se convirtieron ellos también en luz que disipó las tinieblas”.

Tanto la primera lectura como el salmo insisten en la misma imagen, «hermosísima metáfora», que dirá san Alonso de Orozco, de la luz. Esos dos textos preparan la lectura del evangelio y orientan su interpretación. La imagen de la luz y el verbo iluminar han estado, desde la antigüedad, relacionados con la verdad. Jesús es maestro y el evangelio de Mateo habla de los discípulos. La relación natural es la del maestro que transmite o ayuda a descubrir la verdad, enriquece el conocimiento. Sin embargo, la iluminación no se da por una enseñanza sino por una relación con el otro: “no te cierres a tu propia carne. Entonces romperá tu luz como la aurora” (Is 58,8). Es la atención al pobre, al débil, al que no tiene nada… lo que hace brillar la luz, en contraste y en medio de las tinieblas. No es necesaria la sabiduría humana.

En esta línea incluso se establece una relación con el texto precedente de Mateo leído el domingo pasado. Los pobres de espíritu, los mansos, los perseguidos…  son los que iluminan.

Jesús Luz y los consagrados luz

El 2 de febrero de 1997 el Papa Juan Pablo II envía un mensaje a los obispos de la Iglesia y a las personas consagradas. Establece un vínculo entre las dos celebraciones: la Presentación del Señor y la Vida consagrada. Determinando que se celebre la Jornada de la Vida Consagrada en ese día.

Ese vínculo se refuerza cuando no faltan documentos de la Iglesia que ponen en relación el texto de Mateo con los consagrados. Con la frase del evangelio comienza una carta apostólica del Papa Francisco dirigida a los obispos, sacerdotes y a los consagrados. En el documento “Vos estis lux mundi”, afronta el Papa las medidas concretas para erradicar las tinieblas del pecado presentes en la Iglesia por los abusos de menores y vulnerables: “Nuestro Señor Jesucristo llama a todos los fieles a ser un ejemplo luminoso de virtud, integridad y santidad”.

No es solo evitar el mal, sino estar iluminando continuamente por las buenas obras para que las vean y “den gloria a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5,16).

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