Domingo 1º de Cuaresma: “No solo de pan vive el hombre...”

Génesis 2,7-9; 3,1-7: Creación y pecado de los primeros padres; Romanos 5,12-19: Si creció el pecado, más abundante fue la gracia; Mateo 4,1-11: Jesús ayuna cuarenta días y es tentado.

Por José Antonio Román, OAR. Zaragoza, España.

El pasado miércoles con la celebración del rito de imposición de la ceniza iniciábamos el tiempo de Cuaresma. Se nos recordaban las tradicionales prácticas del ayuno, la limosna y la oración.

Pero no debemos olvidar que Dios no necesita ni nuestro alimento, ni nuestro dinero, ni nuestras oraciones. No le hacen falta para ser más Dios. Él nos quiere a cada uno de nosotros porque nos ama con un amor infinito.

En este tiempo de Cuaresma, debemos aprender a vivir, con sentido evangélico, lo que significan realmente el ayuno, la limosna y la oración

El ayuno y la limosna están estrechamente relacionados. Ayunar es, en último término, desprendernos de tantas cosas que no necesitamos y que nos perjudican. Al hacerlo, nos preparamos para poder abrir nuestro corazón a las necesidades de los demás; es decir, a practicar la limosna.

Por último, la oración cuaresmal consiste, sobre todo, en reconocer la necesidad que tenemos del perdón y de la misericordia de Dios.

Este primer domingo de cuaresma, se proclama el evangelio de las tentaciones: “El Espíritu llevó a Jesús al desierto donde fue tentado”.

El desierto es el gran vacío, y por ello, una invitación para que en este nuevo tiempo litúrgico vivamos el vacío del desprendimiento: menos consumismo, menos críticas negativas, menos arrogancia, menos soberbia…

Uno de los rasgos característicos de nuestra sociedad es, sin duda, el exceso; la multiplicación de ofertas y posibilidades. Se nos ofrece de todo y lo podemos probar todo. No es fácil vivir así. Atraídos por mil reclamos, podemos terminar aturdidos y sin capacidad para buscar lo esencial.

Desde luego, esto tiene sus consecuencias. Se vive hacia fuera olvidando el mundo interior. Son bastantes los que sienten decepción y desencanto al experimentar que este estilo de vida despersonaliza e incapacita para crecer de manera sana.

Sin embargo, en esta insatisfacción puede hallarse el comienzo de algo salvífico. Además, nos puede ayudar a escuchar y comprender las palabras que Jesús ha pronunciado en el evangelio de hoy: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

Queridos amigos, si lo más importante en nuestra vida queda reducido a ganar dinero, a no tener problemas, a poseer cada vez más cosas; en definitiva, a una vida encerrada en nosotros mismos, pasados los años nos encontraremos viviendo sin horizonte, sin ilusión, sin proyecto de vida. Y todo el que vive sin proyecto de vida es esclavo de lo inmediato.

Podemos preguntarnos, ¿Qué sentido tiene una vida si no aporta nada a la sociedad? ¿Qué sentido tiene una vida si no contribuye, de alguna manera, por pequeña que sea, a construir un mundo más justo y fraterno?

Formar una familia, educar a unos hijos, cuidar de unos padres ancianos, cultivar la amistad o acompañar con cariño a una persona enferma, no es “desaprovechar la vida” sino vivirla desde su auténtica y verdadera plenitud.

Que este tiempo de Cuaresma sea para todos nosotros una experiencia renovada del amor de Dios manifestado en Jesucristo; amor que debemos regalar cada día a nuestro prójimo. Que así sea.

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