Bautismo del Señor: Manos a la obra.

«Terminamos el tiempo de Navidad. El Mesías ya ha venido. No esperemos otro. Se han despejado las nubes, se han abierto los cielos definitivamente: Dios nos ha mostrado a su Hijo, de carne y hueso como nosotros, para que cada uno sea el propio Mesías de sí mismo y para que entre todos realicemos el trabajo de construir el pueblo nuevo, que haga realidad la llegada definitiva del Reino».

Por Roberto Sayalero, OAR. Zaragoza, España.

Apenas ha pasado una semana de este 2023, ¿cómo van esos propósitos? ¿has cumplido alguno o has pensado, al menos, cómo vas a lograr hacerlo realidad? Sí ya sé que es muy pronto pero no hay que descuidarse, el tiempo vuela.

Después de unos años en los que nada hay de interés para nosotros, Jesús comienza hoy a cumplir los que parecen ser sus propósitos de trabajo a orillas del Jordán. Todos los que acudían a bautizarse manifestaban una intención de cambiar de vida, de ser purificados de sus pecados. El ser bautizado por Juan es el paso previo y necesario para comenzar su camino profético de anuncio del Reino de Dios. Como vimos en el tiempo de Adviento, Jesús, como Mesías, no responde a lo que Juan había anunciado que iba a ser su tarea como justiciero. Jesús supera un tipo mesianismo antiguo para descubrir el verdadero mesianismo, de manos abiertas y amor sin límites a los que sufren. Sólo en este contexto, allí donde se sabe que todo lo anterior se ha cumplido y terminado, puede hablarse de un nuevo comienzo, que empieza precisamente con la voz del Padre, que le dice “tú eres mi hijo”. Por destacar un detalle curioso, el Espíritu Santo desciende sobre Jesús en forma de paloma, y se posa sobre su cabeza. Esto hace mucho más gráfico lo que se quiere decir, pues el hecho de posarse hace de Jesús el nido del Espíritu, su casa. Jesús queda inundado por el Espíritu, y capacitado plenamente para que le capacita para la misión: Sobre él he puesto mi espíritu para que traiga el derecho a las naciones nos ha dicho Isaías.

¡Qué bien nos vendría algunos una ayudita o un “atajo” que nos libre de ciertos momentos o situaciones complicadas! Pero en el seguimiento de Jesús no hay ayudas ni atajos, no podemos aspirar a que nos lo den todo hecho. Somos nosotros quienes día a día tenemos que ir labrándonos el futuro. No hay lámparas de Aladino, ni si quiera podemos buscar ruta alternativas. Pero una cosa está clara: si nos quedamos mirando al cielo con el rosario en la mano esperando un salvador lo único que encontraremos es una buena torticolis y un resfriado.

La salvación se alcanza en el día a día. Si ayudamos al que lo necesita, nos hacemos sus hermanos. Si luchamos contra la injusticia, compartiendo lo que tenemos y ayudando a cambiar el sistema que la genera, colaboramos a que se vaya superando. Si no nos resistimos a la hora de reconocer nuestros fallos y de pedir perdón, en ese mismo momento estamos construyendo la paz. Si compartimos nuestro pan, cerramos la boca de un hambriento. Si acogemos a los inmigrantes y a los refugiados como a seres humanos, les borramos de un plumazo la condición de extranjeros.

Terminamos el tiempo de Navidad. El Mesías ya ha venido. No esperemos otro. Se han despejado las nubes, se han abierto los cielos definitivamente: Dios nos ha mostrado a su Hijo, de carne y hueso como nosotros, para que cada uno sea el propio Mesías de sí mismo y para que entre todos realicemos el trabajo de construir el pueblo nuevo, que haga realidad la llegada definitiva del Reino.

Tampoco la lista de propósitos de nuestro seguimiento de Jesús puede esperar un minuto más sin que comencemos a hacerla realidad en el día a día, con sus dificultades y sus alegrías; con las veces en que parece que Dios mira para otro lado y las que nos sentimos protegidos y arropados por su mano misericordiosa. Quizá la clave es no olvidar lo que hemos celebrado en estos días, especialmente cuando el depósito de la esperanza parezca estar en la reserva. El mundo necesita de ti y de mí. Jesús comenzó su tarea. A nosotros nos toca continuar.

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