¡Oh, Rey!

La semana previa a la Navidad son las llamadas ferias mayores de Adviento. Toda la liturgia se orienta a preparar con énfasis la llegada del nacimiento de Cristo. Las antífonas que introducen el Magníficat en las Vísperas recuerdan un título especial de Cristo. Hoy, día 22, rey.

“Oh rey de las naciones y deseado de los pueblos, piedra angular de la Iglesia, que haces de dos pueblos uno solo, ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra.”

¡Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid adorémosle! Ese Rey ha bajado a nuestra tierra para llenarnos de gracia y de paz. Hemos visto su gloria, gloria que recibe del Padre. Nos llama a la conversión para transformar el barro del que estamos hechos hasta hacernos una obra de arte única.

Ya los profetas lo habían anunciado: “Yo soy la arcilla, tú el alfarero, somos todos obra de tus manos” (Isaías 64,8). Señor, esta es la mejor forma de reconocer a nuestro Rey, moldeados una y otra vez por las manos misericordiosas del Padre hasta darnos cuenta de que somos hijos en el Hijo. “Mirad que, como el barro en mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, casa de Israel” (Jeremías 18, 6). ¡Cuánto amor! Dice el profeta que si al alfarero le salía mal la vasija que estaba haciendo, la volvía a hacer para que la vasija quedara bien.

Jesús, Piedra angular de la Iglesia y deseado de los pueblos, ayúdanos a ser constructores de unidad, de amor, de justicia y de paz para todos los pueblos.

Desde la pequeñez de nuestro barro proclamamos: ¡Grande eres, Señor, y muy digno de alabanza! ¡Grande es tu poder, y tu sabiduría no tiene medida! Y pretende alabarte un hombre, pequeña migaja de tu creación… Y eres tú mismo quien le estimula a que halle satisfacción alabándote, porque nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti. (San Agustín, Confesiones 1, 1, 1).

¡Ven, Señor, Jesús, extiende tu reinado de justicia y de paz!

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