Domingo IV de Adviento: María mujer del Adviento.

Is 7,10-14: Mirad: la virgen está encinta. Sal 23,1-2.3-4ab.5-6: Va a entrar el Señor; Él es el Rey de la Gloria. Rm 1,1-7: Jesucristo, de la estirpe de David, Hijo de Dios. Mt 1,18-24: Jesús nacerá de María, desposada con José, hijo de David.

Por Rafael Mediavilla, OAR. Valladolid, España.

“María actúa como mujer libre, que decide por sí misma. No depende de un padre, ni tampoco de un marido, ni de una «tribu» de pretendidos hermanos o protectores, sino que dialoga con Dios y responde por sí misma” (Xavier Pikaza)

En el año 2018 Xavier Pikaza, pensador español, autor de libros de teología y reflexión sobre la religión, hacía una propuesta de presentación de María, la madre de Jesús y de Dios, acorde con el pensamiento actual sobre la mujer. E incluso de una mayor fidelidad al texto bíblico.

Mujer judía del Adviento

María es reconocida con numerosos títulos y advocaciones, aparece en la iconografía cristiana con esplendor y majestad, sentada en el trono o elevándose por encima de la creación o de lo creado, rodeada de estrellas y de ángeles.

Por eso puede ser especialmente significativo pensar en María como la mujer del Adviento. Es la mujer judía que vivía su fe y se unía a la esperanza de su pueblo en lo que Dios, tal como habían dicho los profetas, había prometido hacer. Incluso, tal como la Biblia presenta a las mujeres, sobre todo con capacidad para vivir el presente en lugar de remitirse al futuro.

Es la mujer de la aldea que madruga, que amasa el pan, que prepara la comida sin que falte el vino, que administra y tiene autoridad con los criados.

Conociendo la organización de la sociedad judía del tiempo de María y el papel que se le asigna a la mujer, incluso apoyándose en la misma Biblia, resulta sorprendente lo que el evangelio de Lucas dice de María. Es la mujer a la que se le pide un sí para una misión, sin que tenga que consultar a nadie; y ella responde sin tener que contar con el consentimiento de ningún varón. Nadie interviene tampoco en su decisión de ir hasta una ciudad de Judá desde su pueblo Nazaret, en Galilea.

Incluso el mismo evangelio de Juan define muy bien, con unos mínimos rasgos, el talante de María. En aquellas bodas de Caná, a las que está invitado también su hijo, ella asume la responsabilidad de sacar de apuros a los recién casados. Y lo hace con presteza y seguridad. Ni mucho menos se retrae o se apoca ante la interpelación de Jesús que le objeta alegando la inoportunidad de adelantar la “hora”.

Se dirige a los criados encomendándoles que “hagan lo que Él les diga”. María ve la necesidad inmediata y concreta de dos personas, no se va a detener en los grandes planes.

María en el texto evangélico de este domingo

El evangelio de Mateo de este año también puede confirmar ese perfil de María. La pregunta de por qué María no le comunicó a José la misión que había recibido de Dios, de tal modo que le aclarase lo de su embarazo, ha recibido muchas respuestas a lo largo de la historia de la interpretación: María se lo dijo y por eso José se dio cuenta de que está ante el misterio y quiere retirarse; María se siente desbordada por el misterio y no se atreve a comunicarlo… En el texto de Mateo no hay ninguna alusión a esos motivos. Parece lógico que una realidad que afecta a la relación de ambos, y sobre todo al matrimonio que les va a unir, no fuera obligada razón para comunicarla al que iba a ser su esposo. Y de ello nada se nos dice.

Pero también puede existir una razón en línea con el perfil de María descrito a partir de Lucas y de Juan. María considera que el sí dado y lo que suceda en su vida es suyo y que quien tiene que asumir la responsabilidad y las consecuencias es ella. Ciertamente confiando en el Señor. No es una decisión en la que tenga que contar con permisos o consentimiento de su familia o de su esposo. Al elegir ese camino se arriesga: al rechazo de José, a la condena por adulterio, a la acusación del entorno social, incluso al de morir apedreada. Y ella asume el riesgo para ser libre en su decisión y que su “sí” sea verdaderamente suyo.

Los evangelios marcan con María, un modo nuevo de ser mujer independiente, autónoma. Los textos iluminan e interpelan nuestros conceptos e ideas, los de muchos ambientes sociales de hoy, pero también y, frecuentemente, religiosos.

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