Domingo XXXII del tiempo ordinario: Algo más que un coche con alas.

«La novedad que trae Jesús y, que estaba tan mal vista, es que Dios camina a nuestro lado en medio de las dificultades, que no estamos solos en ningún momento, que se hace cargo de nuestra situación, que no se desentiende ni mira para otro lado. Eso solo podemos entenderlo a través de la esperanza, entendida como experiencia personal fruto de una fe firme en Dios, de una confianza en su Palabra que nos promete el triunfo final del bien sobre el mal, de la luz sobre las tinieblas, de la vida sobre la muerte. Aunque, a veces, apenas encontremos signos visibles en esa dirección».

Por fray Roberto Sayalero, OAR.

Un avión es como un coche pero con alas. Esta definición tan simplona como inexacta se parece bastante a lo que quieren decir ese grupo de moscones de otoño que intenta buscar tres patas al gato de la doctrina. Cuando queremos meter a Dios en nuestra cocina para que nos resuelva el tiempo de cocción de la legumbre de nuestro día a día, estamos siendo como el coche con alas. Los tiempos de Dios son distintos a los nuestros porque, como responde hoy Jesús a esa pandilla: El nuestro no es un Dios de muertos sino de vivos.

La novedad que trae Jesús y, que estaba tan mal vista, es que Dios camina a nuestro lado en medio de las dificultades, que no estamos solos en ningún momento, que se hace cargo de nuestra situación, que no se desentiende ni mira para otro lado. Eso solo podemos entenderlo a través de la esperanza, entendida como experiencia personal fruto de una fe firme en Dios, de una confianza en su Palabra que nos promete el triunfo final del bien sobre el mal, de la luz sobre las tinieblas, de la vida sobre la muerte. Aunque, a veces, apenas encontremos signos visibles en esa dirección.

La esperanza en el Dios de vivos tiene los pies en el suelo, es firme y constante. No busca un atajo para huir del mundo, ni hacia arriba, ni hacia el pasado, ni hacia el futuro. No escurre el bulto de la responsabilidad que todos tenemos en la lucha contra el mal, la injusticia, la mentira y la muerte. No pretende engañar a nadie con falsas ilusiones. No cede a la desesperanza y la desesperación, precisamente porque cree en ese Dios de vivos, capaz de salvar y liberar a la humanidad del mal y del pecado. Si en otro tiempo Dios actuó liberando a su pueblo, resucitando a Jesús de entre los muertos, hemos de creer que volverá a actuar liberándonos, que cumplirá sus promesas a pesar de nuestras impotencias e incluso a pesar de que muchas veces nos pueden el miedo y las dudas y no vemos más allá de nuestras narices y dejemos apostar “todo o nada” a la voluntad de Dios.

Mañana será lunes, de nuevo volveremos a enfrentarnos a la semana, a la vida con sus rutinas y sus prisas, con encuentros agradables y otros que no lo son tanto. ¡Quien sabe cómo nos irán tantas cosas que tenemos entre manos! Si nos va bien, deberíamos mirar al cielo y guiñarle un ojo a Dios dándole las gracias por su apoyo; pero si las cosas comienzan a torcerse, quizá nuestra fe no nos dé ni para decirle a Dios que se meta en sus asuntos y nos deje en paz. En esos momentos lo que toca es protestar, gritar, reclamar porque parece que no está siendo tan infinitamente tierno ni protector como prometió. Y aquí no valen las respuestas de la moralina, del sermón rancio, ni del manual o del último documento pontificio. Hemos de aprender a reconocer que Dios nos acompaña. Que Dios no está solamente en las doctrinas y en los sermones píos, sino que es un Dios de vivosencarnado para vidas humanas, un Dios volcado en sus hijos frágiles. Que nos hace fuertes en la debilidad sirviéndose para ello de aquellos que tenemos cerca.

Creer en un Dios de vivos nos lleva a relacionarnos con Él desde la normalidad, como lo hacemos con cualquier persona que apreciamos, pero revestidos de esta esperanza sin igual que se despliega cada día ante nuestros ojos. Busquemos al Dios de vivos, no en los trasteros, en las sacristías, o en las bodegas del arca de Noé. Mañana, lunes, a pesar de madrugar, de volver al trabajo, al estudio, o a la rutina de tomar cada pastilla a su tiempo, seguirá siendo valida la promesa de la compañía perenne de Dios que alimenta nuestra esperanza confiada. Ah, y los aviones son mucho más que un coche con alas.

Feliz semana.