Domingo I de Adviento 2022.

Is 2,1-5: El Señor reúne a todos los pueblos en la paz eterna del Reino de Dios. Sal 121,1-2.4-5.6-7.8-9: Vamos alegres a la casa del Señor. Rm 13,11-14: Nuestra salvación está más cerca. Mt 24,37-44: Estad en vela para estar preparados.

Por fray Rafael Mediavilla, OAR.

Una oración para el Adviento

El 30 de marzo de 1984 fallecía Karl Rahner en Innsbruck, Austria. Muchos lo reconocen como el gran teólogo del siglo XX. Sólo un mes antes de su muerte la Academia Católica de Friburgo le rindió un homenaje, el 12 de febrero, con ocasión de su 80 cumpleaños. Él intervino entonces con una conferencia: “Experiencias de un teólogo católico”. Su reflexión y su pensamiento cada vez más se habían inclinado a unir teología y experiencia, sobre todo experiencia mística. De ahí la publicación de varios libros que recogen oraciones compuestas por él.

En el libro “Palabras al silencio” está recogida una larga oración con motivo del comienzo del Adviento, que puede muy bien ayudarnos a quienes comenzamos también este tiempo en el año 2022. Es la oración “Dios que has de venir”. Empieza así:

“Mira, otra vez es el adviento en el año de tu Iglesia, Dios mío. Otra vez rezamos las oraciones de la expectación y de la constancia, los cantos de la esperanza y de la promesa. Y otra vez toda miseria y toda expectación y todo aguardar lleno de fe se aglomeran en la palabra: ¡ven!
Extraña oración: ya has venido, pusiste tu tienda de campaña entre nosotros, has participado de nuestra vida con sus pequeñas alegrías, con su larga rutina y su amargo fin. ¿Podíamos invitarte con nuestro “ven” a algo más que esto? Penetraste tanto en nuestra vulgaridad, que ya casi no te podemos distinguir de los demás hombres. Dios, que te llamaste hijo del hombre ¿podías acercarte más a nosotros mediante tu venida? Y sin embargo, oramos: ven. Y esta palabra nos sale del corazón como en otro tiempo a los patriarcas, reyes y profetas que veían tu día solamente desde lejos y lo bendecían”.

Dios hizo soñar a Isaías con la paz

“Visión de Isaías”. Así comienza el texto de la primera lectura de este domingo primero de Adviento. Es verdad, en ese momento el Dios de Jacob, el Dios de Israel le estaba haciendo soñar al profeta. Naciones y pueblos reunidos llegando a Jerusalén. Gente de todos los lugares deseando aprender como construir la paz, como hacer de las armas instrumentos para sanar el hambre, la enfermedad, la desigualdad.

Tanto tiempo y el sueño de Isaías sin cumplir. Es también nuestro sueño. De vez en cuando surgen hombres y mujeres que tienen también ese sueño. Sueñan que la tierra se cuida, que los hombres se reúnen para entenderse, que multitudes se entregan a vencer el mal. Pero tantas otras veces dominadores de pueblos fuerzan la guerra, la división, la devastación para lograr cumplir sus ambiciones.

Hoy el mundo se debate en guerras. Muchos países enfrentados con violencia: Rusia, Ucrania, Siria, Etiopía… Muchos sometidos por tiranos que responden con crueldad y violencia a quienes buscan libertad.

Pablo de Tarso pide hacer verdad el evangelio

Nadie como Jesús de Nazaret dio tanto para cumplir el sueño de Dios. Ese sueño que en el tiempo de Adviento se revive en todos los cristianos mientras esperan que Jesús vuelva.

Muchos en el mundo, en la sociedad, en la Iglesia… siguen, en su día a día, con las actividades de las tinieblas, con las armas de destrucción. Unos provocan la destrucción para seguir siendo poderosos, otros se hacen solidarios de su ambición. Mientras es de noche, aprovechan la oscuridad y la apariencia para hartarse mientras otros mueren de hambre o de sed, para dejarse arrastrar por su propio placer y gusto utilizando la debilidad de los que no tienen poder, para esclavizar a hombres y mujeres que les sirvan.

Pablo invita a vivir en la transparencia, como en pleno día, vestidos de Jesucristo.

Jesús viene y espera contar con nosotros

Estar en vela, estar preparado, es estar haciendo las labores de la vida cotidiana pero con el pensamiento de que un día Jesús vendrá. Con la tensión y el deseo de que cuando llegue y nos pida coronar con él su obra de salvación seamos elegidos.

Él, que realizará en plenitud la salvación definitiva, ya ha realizado esa salvación en favor nuestro y de todos los hombres y mujeres que han vivido a lo largo de los siglos.

Estar en vela es también, para los creyentes en Jesús, realizar ya hoy la salvación: Estar siempre a favor de la paz, a favor del oprimido, a favor del que construye, del que ayuda a los débiles. Y obrar hoy ya la salvación que esperamos con la venida de Jesucristo es renunciar con generosidad, entregarse sin esperar a cambio, amar hasta contagiar fraternidad.

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