Domingo XXXI del tiempo ordinario: “Date prisa y baja porque es necesario que hoy me quede en tu casa”.

[Sabiduría 11,22-12,2; 2 Tesalonicenses 1,11-2,2; Lucas 19,1-10] La vocación es esa invitación que Dios nos hace, personalmente, a seguirle, a estar con Él y a transformar nuestra vida. Esta invitación, como casi todo en esta vida, podemos aceptarla o declinarla; somos libres para dejar que Dios entre o no en nuestra casa y en nuestra vida.

Por fray Francisco Oyanguren, agustino recoleto

Uno de los iconos de la vocación que más me sorprende y me interpela es el relato que escuchamos este domingo, la vocación de Zaqueo. En este relato vemos cómo Dios lanza esta invitación a todo el mundo, sin excepciones, a los buenos, a los malos e incluso a los despreciados por la sociedad, bien por su vida o bien por sus acciones.

En Zaqueo encontramos un personaje muy interesante; representa a muchos de los que la sociedad judía entendía como impuros. Si lo trasladamos a nuestra época también podemos ver cosas negativas en su persona. Zaqueo vivía en Jericó y su principal función era ser recaudador de impuestos para el imperio, un colaboracionista con Roma. Incluso podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que estafaba, oprimía, explotaba; por su mano pasaba gran parte del dinero y mercancías. Definitivamente, Zaqueo no era un hombre querido ni apreciado por la comunidad judía de Jericó, más bien, todo lo contrario. Era odiado, no aceptado, no era considerado hijo de Abraham.

A pesar de todo esto, Zaqueo tiene curiosidad por conocer a Jesús, ese hombre famoso por defender a los pobres, sanar, liberar. Zaqueo hace todo lo posible por ver a Jesús; hay algo en su interior que lo mueve a posibilitar ese encuentro. Siendo bajo de estatura, sube a lo alto de un árbol desde donde se puede ver mejor a Jesús. A nosotros también nos toca propiciar el encuentro con Jesús, subir al árbol de su Palabra, de la tradición, de las enseñanzas de la Iglesia.

En lo alto de ese árbol, por fin, se da ese esperado encuentro, ese cruce de miradas que cambiarán una vida. “Baja que tengo que quedarme en tu casa” es la llamada que Jesús hace a Zaqueo y con él nos la hace a todos nosotros. Aquel abrió su casa temporal y la casa de su corazón, se dejó transformar, aceptó su pecado y le puso solución. Ojalá que cada uno también acepte la invitación que Jesús nos hace y le demos sitio en nuestra casa y en nuestra mesa, ojalá que este encuentro nos transforme, nos haga ser mejores personas, mejores cristianos, mejores trabajadores.

Jesús, también, es “condenado” por los puros de esa sociedad, que se escandalizan porque entra a casa de un pecador. Otra lección que aprender a no juzgar, no condenar, ya que todos somos pecadores y ninguno merecemos que Jesús entre en nuestra casa.

Finalmente Zaqueo retribuye todo el mal que había hecho y sigue a Jesús, se hace su discípulo. El final de nuestro encuentro con Jesús nos toca escribirlo a nosotros. Ojalá que tengamos la capacidad y el valor que tuvo Zaqueo.

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